Ayer hablamos sobre la familia que había subido al monasterio de Dubdi y que hacía eso una vez al año. Nos sorprendió que fuesen a comer y a rezar y que se tirasen allí todo el día. De repente Marisa dijo: «como en Pueyos». Y es que en nuestro pueblo, como en muchos otros de España, un día al año sube el personal a comer y a rezar (poco) a la ermita de la Virgen. La diferencia es que aquí suben de familia en familia y sí creen que haciendo la ofrenda a Buda darán las gracias por lo que han recibido y les irá mejor en el porvenir, pero en mi pueblo suben todos juntos y no dan gracias por nada ni creen que con ese acto se aseguren un futuro mejor. Son esas fiestas agrícolas que tanto gustaban a los romanos y que los cristianos cambiaron a Ceres por la virgen local y que ahora que se ha cambiado la hoz y la guadaña por la cosechadora todo el mundo ha olvidado el porqué.
Pero siguen subiendo a la ermita. Debe ser que lo ancestral tira mucho.
Coda poética.
Para acabar os transcribo un «poema» de tema religioso de uno de los alumnos de Marisa.
«¡Barrabás, Barrabás,!
¡ Al infierno irás!