16. Tashiding, día 1.

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Ramón LepchaSigo con los sueños extraños.  Esta vez estaba en un hotel con un amigo y en la habitación contigua había algún acto religioso budista. En un momento determinado un joven monje que estaba en la presidencia del acto se levanta y coge a una niña pequeña de la mano. Por lo visto era su hija y él quería estar con ella y dejar el servicio religioso. Se organiza un buen follón y mi amigo, que no recuerdo quien era, y yo decidimos ayudar al chico. Lo cogimos a él y a la niña y los escondimos en nuestra habitación. Lo curioso es que tanto mi amigo como yo íbamos desnudos  y al meternos así entre los fieles se organizó un buen sarao. Al final tuvo que intervenir un agregado de la embajada española y el mismo embajador. El primero me enseña vídeos  donde aparezco yo en la India hace un montón de años. Por lo visto la policía me grababa  desde hacía tiempo, lo que me dejó muy preocupado, pero no sé porqué. Fin del sueño.

Hoy por fin ha amanecido con un cielo azul precioso y algunas pocas nubes. Dejamos el hotelito donde estábamos y que nos encantaba pero es que lo del baño en el jardín y el lavabo casi en la calle…

Llegamos al hotel estupendo y desayunamos como señores.

Salimos para hacer la excursión del día  y nos encontramos al niño calcutano de ayer. Como nos ve que empezamos a andar con la mochila encima y sin ningún coche en la puerta nos pregunta sorprendido: “Are you pedestrian?”. Le debe parecer imposible que alguien que esté en su mismo hotel vaya andando a ningún sitio. Y rápidamente añade: “Yo voy en coche”. 

Hoy vamos a visitar  el monasterio de Sinon. La guía solo habla del del pueblo, pero no de éste, que tampoco sé a qué población pertenece. Yo lo descubrí en mi anterior viaje y fue una sorpresa muy agradable.  Recuerdo que además del encanto del sitio escribí sobre que si llovía sería un problema el regreso por el camino que era muy, muy empinado y resbaladizo. Porque aunque se puede ir por una carretera ésta da tantas vueltas que  es preferible hacerlo por un atajo que la corta. Así que hemos comenzado la subida llenos de energía.

Me vuelvo a encontrar las famosas arañas de Tashiding. Es algo que me sorprendió mucho la otra vez: son grandes telas de araña  ocupadas por varios ejemplares. No sé cómo se repartirán el territorio pero seguro que es algo muy apasionante.  En algunas de ellas se ven unos trabajos perfectos. Creo que cuando la biónica –palabra desaparecida- estaba de moda se estudiaban esas estructuras y el material que utilizaban.

En el camino de subida nos vamos encontrando a gente que va a Tashiding y que viven en aldeas cercanas.  El “namasté” es saludo obligado aunque un nepalí muy decidido nos saluda con un sonoro “good night”. Debe ser de la escuela del Sr. Aznar. Por la falta de complejos con los idiomas, que ya sé que nuestro presidente no confunde el día con la noche.

Durante el recorrido nos encontramos con bastantes bolsitas  de plástico de galletas, de “pan” (lo que mascan algunos), de golosinas…aunque el partido gobernante,  Sikkim Democratic Front (SDF), ha prohibido las bolsas de plástico en todo el estado y tiene fama de ser un gobierno “pro-entorno”.  Eso está muy bien aunque cuando compras un kilo de naranjas te lo dan en un cucurucho de papel   de periódico bastante mal hecho y que es difícil de llevar, vaya, que vas perdiendo todas, pero si luego el personal va tirando el envoltorio de las pequeñas cosas que comen, que sí van envueltas en bolsas de plástico, no se consigue casi nada.  Y este camino es una buena prueba de ello. Incluso cuando cerca del monasterio casi perdemos la senda la encuentro por el rastro de bolsitas. Como Pulgarcito.

En el camino pasamos al lado de  pequeñas casitas que generalmente son una estructura de madera con paredes de barro, muy bien pintadas y con muy buen aspecto. A veces los niños salen a decirte “namasté” y alguna frase en inglés.  Encontramos a dos niñas muy guapas y sonrientes. Les hago la pregunta de rigor: “¿sois bhutias?”. Pues una sí pero la otra era “subba”, otro grupo que desconocía.  Luego nos encontramos a un gran grupo del mismo pueblo: son lepchas. Viendo a aquella gente pensé en el bhutia de ayer que se quejaba de la “invasión” nepalí y tibetana en los resortes administrativos y religiosos. Pues bien, estos lepchas podrían decir que ellos sí que llegaron antes que los bhutias y también se podrían quejar de estos últimos.  Lo mismo se podría decir de algunas nacionalidades y de todas las religiones. Solo se quejan los últimos pero ¿y lo que pasó antes? ¿Sobre qué templo se edificó ese nuevo?  ¿Sobre qué lengua y costumbres se impusieron estas otras?

Seguimos subiendo y subiendo y ya cerca del monasterio nos encontramos con el crematorio. Una leyenda dice que ha sido construido  en el 2008. Es algo muy sencillo: una superficie de suelo de unos 10 m² y una caseta abierta de techo de hojalata ondulada. Imagino que al difunto lo queman en ese trozo de tierra  y que la caseta solo es para que el personal esté allí durante el acto.  Debe dar servicio a todo el contorno.

Creo que al muerto lo traen en coche hasta el monasterio y desde allí habrá unos 300 m hasta aquí por  un camino llano porque no me imagino trayéndolo por las cuestas que hemos subido.

Y al final con más pena que gloria llegamos al monasterio. Está en un lugar idílico y además somos los únicos visitantes.  Nadie de nadie. Ni monjes. Está cerrado y sin saber donde preguntar. Me acerco a una casita  y me señalan con el dedo que vaya a preguntar a otra que está a unos 100 metros. Voy por allí diciendo “namasté” como  en los 50 decían en España “Ave María Purísima”  al entrar en el patio de una casa como diciendo que “estoy aquí, ¿hay alguien en casa?”. Y los de la casa contestaban: “Sin pecado concebida”. Que era la otra mitad de la jaculatoria.  Así el personal no era solamente educado sino que de paso se ganaban el cielo.  Por lo menos eso ocurría en mi pueblo.

Ramón y su madre.

Y es que a mí me da corte meterme en una pequeña propiedad sin ver  a nadie. Al final encuentro a un niño pequeño que me lleva hasta su madre.  Por si vienes por aquí y te pasa lo mismo: se llama Dowmit Lepcha y su hijo, al que llama “Raimon” se llama “Ramon  Lepcha”, que me lo ha escrito. Ya te puedes imaginar de qué grupo son: ¡pues lepchas! Viendo los apellidos que se repiten continuamente pienso en lo práctico que es: Antonio Español y María Español y…todos españoles. El problema lo tendría el Sr.  Rovira que se llamaría José Luis Español y a lo peor  le daba un pasmo.

Pues Ramon tiene 6 años y su madre 24. Ella le da la llave del convento para que nos abra.  La verdad es que al rato ha parecido ella también y  ha sido encantadora. Les hemos sometido a una sesión fotográfica.

No he logrado saber si es que no había monjes dada la austeridad del interior o es que son temporeros.

Allí en aquel entorno tan bonito y tranquilo nos hubiésemos quedado a gozar del momento y del lugar pero ha empezado a  nublarse y a retumbar el cielo. Veía a lo lejos la lluvia acercándose y como había escrito en mi viaje anterior aquel descenso con lluvia podía ser una gran putada.  Así que nada de tranquilidad y a salir pitando.

En el regreso nos hemos encontrado con el personal que subía hacia sus aldeas desde Tashiding donde los habían dejado los “shared jeeps”.  Sus casas estaban a una hora o dos desde Tashiding por aquella cuesta. Hay gente que no tiene la vida nada fácil. Algunos nos saludan efusivamente e incluso nos hemos cruzado con un par borrachos. También efusivos.  

Como sigue siendo Dussehra algunos hindúes subían con la frente llena de granos de arroz rojo. Y desde luego no hay colegio pues nos hemos cruzado con bastantes escolares.

No hacemos más que llegar a Tashiding y las gotas sueltas se transforman en una fuerte lluvia.

Tomamos un refrigerio en el restaurante de la cena de ayer y nos vamos a gozar de nuestro magnífico hotel. O sea que te puedes duchar y tienes una taza de váter para ti solo.

Y prontito a cenar y a hacerlo con velas pues de nuevo no hay  corriente eléctrica. Y vuelve a ser de lo más romántico. Sobre todo porque no dura demasiado.

Durante la cena se nos acerca el niño bengalí. Nos explica lo que ha visitado y lo bonito que  era todo.  Y que mañana van a visitar el monasterio de Tashiding: “¡a pie!”.  Le debe parecer una excentricidad de sus padres.  Realmente no sé si harán todo el camino a pie o solo la parte final que es obligatorio hacerla así.

A pesar de lo nuevo y de lo bien puesto que está este hotel  compruebo que en la India o por lo menos en Sikkim no conocen la técnica del “conmutado” para los interruptores de las luces eléctricas.  Si hay tres luces tiene tres interruptores cada uno cerca de su lámpara. Así cuando abandonas la habitación debes recorrerla apagando cada una de ellas.

Pero se está tan bien cuando se está bien…

2 respuestas to “16. Tashiding, día 1.”

  1. Avatar de otra Marisa otra Marisa Says:

    Respecto a tus sueños, Ángel ¿tan mala conciencia tienes por tu conducta en la India que imaginas que la policía te grababa? Me preocupa…

  2. Avatar de Angel de la India Angel de la India Says:

    Querida Marisa (otra): pues no tengo mala conciencia, vaya que no recuerdo haber hecho ninguna cosa reprobable y menos «grabable» pero los sueños te muestran cosas tan ocultas que quizás sí sea culpable de algo.

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