15. De Gangtok a Tashiding.

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Celebrando DussehraEl viaje por la India podría tener este lema: “Ni un día sin una preocupación”.

Hoy sigue estando nublado en Gangtok  y queremos seguir el viaje después de que ayer  Santa Durga, Dussehra y Dasain nos lo impidieran. Así que sin desayunar me voy a la estación de “shared jeeps” a comprar un billete para el coche de Tashiding, que sale a la una de la tarde.

No hay billetes ni para ese destino, ni para otras dos alternativas que tengo. Parece que la gente que no ha podido viajar este fin de semana  ya ha comprado los billetes a pesar de que son las 7 de la mañana.  Así que para asegurarme la jugada compro los billetes para mañana. Después veo a una joven extranjera con la que coincidimos en un restaurante cuando fuimos al valle de Yumthang. “¿Has encontrado billete?”.   Pues resulta que son un grupo de  siete que al no tener billetes han buscado un coche para ellos solos. Les cobran exactamente el doble de lo que costaría un taxi compartido que fuese completo con 10 pasajeros. Les pregunto si aceptan dos viajeros más  y ellos encantados.  Así que regreso corriendo al hotel y nos vamos a la estación de jeeps.

Son un grupo de jóvenes israelitas  que se han encontrado en un hotel y van a hacer un trekking desde Yuksom. He hablado sobre todo con una joven  encantadora que en un momento determinado me ha dicho: “Ya sé que los españoles sois propalestinos”, para explicarme luego que a ella no le gustaba nada la influencia que tenían los partidos religiosos en la vida civil de su país. Ha sido un encuentro y conversación muy interesantes.

Dada nuestra edad han tenido la gentileza  de dejarnos sentar en la parte delantera al lado del chófer.  Este se santigua al salir de la ciudad y me percato que encima del salpicadero lleva una pequeña figura de Cristo: es cristiano pentecostalista y se llama  Vikash, que en “cristiano” es Tomás.  A lo largo del camino se ha santiguado más veces aunque también lleva otra figura de Buda  y una de Ganesh.  No le he preguntado por su sincretismo porque a lo mejor solo eran deseos de agradar a la clientela. Me he quedado con las ganas de decirle que los otros siete pasajeros eran del pueblo de Jesús.

El camino es muy bonito y además sin los peligros de estos días pasados pero no he visto más curvas en mi vida. Tengo un amigo que dice que solo puede ir en su coche y conduciendo él. Hoy se hubiese muerto.

En una parada se ha sentado a charlar con nosotros uno de los jóvenes del viaje. Estaba un poco sorprendido de ver como viajábamos nosotros  y debía ser su primer viaje importante porque me decía que haciéndolo así se aprende mucho. Yo le hubiese contestado lo que dicen en Madrid con una cierta chulería: “natural”. Pero me temo que en inglés suene raro,  además de que tenía razón: no paras de aprender. Hoy por ejemplo sobre las expectativas de una joven israelí  abogada y que vive con un chico con el que viaja.

Pasamos al lado del río Rangit que,  a diferencia del Testa de estos días, fluía mansamente. La carretera sigue bajando y subiendo por las faldas de los casi verticales valles. Y no para de llover. No quiero ni pensar cómo será esto en los monzones.

Así al final, después de un montón de horas, llegamos a Tashiding, pueblecito sin ningún turismo  ni bengalí ni occidental. Nos despedimos de los jóvenes que tan bien nos han tratado pues ellos siguen a otro pueblo un poco más lejos y nos quedamos en el hotel.

Según la guía solo hay tres hoteles y  los tres con baño compartido así que vamos al que estuve en 2006. El problema de éste no es el baño compartido sino que solo hay uno. Afortunadamente estamos solos pero en la otra ocasión  estaba lleno con un grupo de franceses.Hotel nuevo de Tashiding

 

Nos hacen rellenar el libro de inscripciones y compruebo que los últimos huéspedes –no sé si los indios también se inscriben pero me parece que sí- han sido una pareja de treintañeros franceses hace 12 días.

La habitación es grande, luminosa y limpia y con buena luz eléctrica. No se le puede pedir más al hotel pero lo del baño…Porque además estamos en el primer piso y el baño en la planta baja. Además dentro de ese cuarto de baño  solo está la taza del retrete pues la ducha se ha roto y el lavabo está en el exterior.

Bueno, al hotel  le pedimos eso y también dos sábanas más por cama. Ya sabéis la costumbre asiática de poner solo sábana bajera. La del hotel no entiende mi petición y me dice que las sábanas están limpias. Les debemos parecer tan raros…Además el hotel ha cerrado la parte de comedor –la emplean como almacén de grano-  así que nos recomienda un restaurante cercano. (Aquí todo está cerca).

La dueña o encargada del  hotel lleva en la frente un montón de granos de arroz rojos  que se colocan los hindúes, por lo menos en esta zona, cuando es Santa Durga. Eso les da un aspecto muy extraño porque parece una epidemia de una erupción en la piel.

Damos una vuelta y comprobamos con alegría que ha aparecido un trozo de cielo azul: el primero que vemos desde que estamos en Sikkim.

Para completar nuestra  felicidad encontramos un hotel precioso nuevo. Tan nuevo que lo han inaugurado a mitad del 2009. Por eso  no aparecía en la guía. Nos enseñan una habitación y es increíble de grande y de “puesta”. Pertenece a la organización de turismo estatal pero lo alquilan a los que lo gestionan.  Mañana nos cambiaremos aquí.

Cuando estamos en el nuevo hotel tomando un té aparece una señora que nos saluda efusivamente. Parece que son los únicos clientes que hay.  Es de Calcuta, ¡cómo no!,  y charla un rato con nosotros. Aparece su hijo, de unos 10 años, y nos dice cuatro cosas en inglés con gran contento de su madre. Nos explica que aunque son bengalíes quiere que el niño aprenda el hindi además del inglés. Sabia decisión. 

Nos ha contado que ya había estado en Sikkim cuando se casó en viaje de luna de miel pero que había prometido que volvería si tenía un hijo y así lo ha hecho. Nos sorprende diciéndonos que no ha ido a Gangtok porque es una ciudad con demasiada gente: ¡una de Calcuta!

Volvemos a nuestro humilde hotel y buscamos donde cenar. Se ha ido la corriente eléctrica y aunque sólo son las 5 y media de la tarde es como si fuesen las 12 de la noche.  Solamente hay un pequeño restaurante, vaya, de dos mesas, y somos los únicos clientes.  Cenamos muy bien y además a la luz de dos velas. De lo más romántico.

Cuando nos íbamos vuelve la electricidad y nos quedamos un rato charlando con el joven que nos cobra. Es bhutia y nos explica los problemas de identidad de su grupo  étnico.  Porque en Sikkim todos los puestos importantes del budismo son tibetanos, los altos cargos administrativos nepalíes y además el nepalí es el idioma oficial del estado.

Se añade a nuestra conversación otro joven amigo suyo  y aprovecho para preguntarles porqué en todos los monasterios me dicen que hay 200 monjes. Se ríen mucho pero se deben creer que es un chiste mío pues no me dan ninguna explicación.

Como al final me despido dándole las gracias en nepalí, que es la única palabra que sé, me dice lo mismo pero en bhutia.

Como diría el joven israelí de esta mañana: no paras de aprender.

PS

¿Por qué tengo sueños tan extraños en la India? Hoy lo he hecho  con un  amigo que es actor –aficionado, pero muy bueno- que en el sueño ha resultado ser pianista de prestigio pero que a mí  me ha hecho padecer  bastante pues el piano estaba metido en una cueva y él tenía el cuerpo fuera de ella por lo que debía esforzarse mucho para llegar a las teclas.

¡Qué mal rato me has hecho pasar, Fernando!