14. Gangtok, el regreso.

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Enchey Gompa.Día de reposo  y de no hacer ni ver nada. Eso es  lo que teníamos previsto dado que se han juntado  Dussehra, con Dasain y encima es domingo, que en que sea fiesta ese día de la semana se han puesto de acuerdo muchos dioses y religiones.  Y además amanece muy nublado y con algo de lluvia.  A cambio parece que no hay bengalíes cerca de nuestra habitación o es  que solo gritan cuando van al valle de Yumthang, pero nos han dejado dormir. De todas las maneras la ciudad está llena de ellos. La guía advierte que aunque es una ciudad  muy tranquila   cuando la presión de la gente es mayor es en “Durga Puja”. O sea hoy.  Pero la falta de transporte nos ha dejado aquí. Varados.

En la recepción del hotel nos hacen un mapa a mano para ir a pie al cercano monasterio de Enchey. El recepcionista lo hace de memoria pero con una gran precisión,  lo que me ha evitado preguntar a pesar de que hemos ido por atajos.

Este monasterio tiene  una  entrada llena de molinos de oración. Hay un letrero que advierte en inglés del sentido en el que tienes que hacerlos girar,  pero los bengalíes, hindúes en su mayoría, que no leen inglés, ni conocen las normas básicas del buen comportamiento budista, les hacen dar vueltas como les viene, que generalmente es al revés de lo prescrito.

En la entrada un letrero te  advierte que Enchey   también se escribe  “Sang-nga-rab-ten-ling”.  Aunque no dice en qué idioma no me extraña que ese nombre no haya prosperado.

También que fue fundado en 1840 por Drub Thob Karpo, un monje volador. No me sorprende esta circunstancia porque en Birmania ya me encontré con otros monjes budistas voladores. Realmente no lo dice así, si no  que tenía “flying powewrs”.  Por eso imagino que volaba porque si tienes los poderes y no los muestras…Porque tú tienes ese poder y lo dices a tus amistades pero no lo demuestras pues no llegas muy lejos. Así que volaba aunque fuesen vuelos cortitos.

Aunque pienso que el Sr. Rajoy también dice que tiene soluciones para todo, pero nunca las  dice. Claro que sus partidarios creen que es que se las guarda para que no se las copien.  Nunca ha llegado a decir que puede volar pero creo que si se lo preguntan no dirá ni que sí ni que no.

Llegamos a la plaza donde está el templo y oímos cánticos en uno de los edificios. Un letrero explica que hoy es día de ofrendas y que se admiten donativos.  Pero no visitas. Eso no lo dice el letrero pero sí un monje que no nos ha permitido entrar. Y  eso que no sabía que éramos librepensadores y que no pensábamos darles una caja de galletas,  algo que suele ofrendar el personal.

Los montones de cajas de las ofrendas me recordaron a un monasterio de Birmania donde también los fieles hacían donativos semejantes pero  allí no solo nos dejaron entrar si no que me hicieron hablar a la congregación. Un trago.

Pero eso ha acabado pronto y han salido 30 ó 40 monjes.  Unos novicios han sacado unas figuras sobre una especie de peanas de madera de unos 50 cm de lado.  Un señor con una pequeña hacha ha ido  rompiendo las figuras  y echándolas en una hoguera que había en medio de la plaza. He pegado la hebra con él  y le he preguntado si eran de cera como las que vimos en Lingdum aunque aquellas eran  más delicadas: eran de mantequilla. “¿De mantequilla?”. “Yes. Pure butter”.

Cuando pensaba que eran de cera me parecía una insensatez perder tanto tiempo  para luego quemarlas. Vaya, como en las fallas (por las que afortunadamente nadie me pregunta en la India).  Pero aquí además de la insensatez  me pareció un derroche vergonzoso.  Porque allí habrán echado 30 ó 40 kilos de “pure butter”.  Claro que a mí se me hacía muy raro que no se deshiciese en un momento encima del fuego.  Tanto que he vuelto a la carga con el del hacha y me ha vuelto a contestar lo mismo. Seguro que en bhutia habrá dicho además: “pero mira que es pesado este tío”.

El interior del templo es interesante pero menos que Phodong. Además allí estábamos solos y aquí era un continuo ir y venir  de bengalíes.  Incluso un calcutano ha aprovechado para preguntarme además de lo típico  si me gustaba más Darjiling o esto. Vaya, que le ha salido la vena nacionalista.

Le pregunto al de la mantequilla cuántos monjes hay aquí. Pues aunque dado el protagonismo que tenía con lo del hacha, lo que hace suponer que era un fiel habitual, no lo sabía.  Yo le pregunto a cualquier católico practicante de mi pueblo por el número de curas de la población y no dudarían ni un momento.  Entonces el del hacha se lo ha preguntado  a uno de los monjes: 200 monjes y 60 estudiantes. Y ese número, 200,  me hace dudar si es que a los monjes del budismo indio no les enseñan  en inglés más que ese número: “Two hundred”. O  es un “númerus clausus” y no dejan entrar  más, pero me suena que me han dicho 200 en otras ocasiones, incluso en mi anterior viaje a Sikkim.

Más tarde le pegunto a otro monje que habla algo de inglés y me vuelve a decir que 200. Le pregunto si son entre monjes y novicios o solo monjes. No conoce ni la palabra ni el concepto de novicio. Se lo explico y me contesta que allí son todos monjes. “¿Y un chico de 14 años?”. “También monje”.     Le explico que en el resto de los monasterios se llega a monje después de un aprendizaje y cuando se llega a una determinada edad. Pero él me insiste que allí se es monje en cuanto se entra.  La verdad es que se ha quedado un tanto sorprendido de que le llevase la contraria.

Aprovecho para preguntarle por la composición de las figuras: no era mantequilla, era “calomato”. No he logrado saber qué diablos era aquello excepto que lo traían de Bután.

A todo esto los monjes que salían del edificio donde cantaban se iban  delante de un altarcito donde había una figura con una barba negra, lo que es bastante sorprendente. A pesar de todas mis investigaciones solo he logrado enterarme que era  Tuktuk Karpa. A lo mejor era “Thukthuk”  y como expliqué en otra crónica anterior sería “Doble Sopa Karpa”. 

Pues allí se han sentado en sillas los 5 principales y los demás de pie, algunos con instrumentos musicales, ya han estado rezando y cantando un buen rato. Lo curioso es que los que estaban sentados que debían ser los jefes y por tanto los más sabios  eran los únicos que leían lo que rezaban  y el resto lo hacía de memoria.

 Enchey Gompa

Total que pensábamos que no iba a ser una visita especial  y ha sido muy interesante. Y es que esto es la India.

Cuando regresábamos un señor de Calcuta que lleva seis años casado con su mujer me ha pedido que me hiciese una foto con su niña. No solamente me ha hecho la foto sino que nos ha filmado a Marisa y a mí con su teléfono celular. Más tarde en un invernadero pequeñito donde había una exhibición de flores otro señor, también de Calcuta, nos ha pedido que nos pusiésemos con su familia para otra foto.

Comemos en un restaurante con toda la clase media bengalí –bueno eso es una figura retórica: solo había 60 u 80- y cenamos en otro parecido.  Y en ambos sitios nuestros intentos de conseguir comer platos sin picantes no tienen éxito a pesar de insistir y pedirlos “plain”. ¿Cómo será si los pides que piquen?

Veo en internet que el mal tiempo se acaba. A ver si es verdad porque hoy ha llovido de forma intermitente todo el día.

Ni un día sin un poema.

Este es del  1 de marzo de 1988.

“Sus ojos eran como el profundo mar”.

Y se quedó tan tranquilo el vate,  pues aunque luego otro “poeta”  con otra letra y distinto color de boli intentó seguir con  un “Más vale prevenir” se quedó así. Seguramente pensó que la línea primera no se podía mejorar.

Una respuesta to “14. Gangtok, el regreso.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Está claro que Rajoy no sabe volar, especialmente en helicóptero.

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