11. Yumthang Valley, día 2, de Lachen a Lachung.

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El valle de Tsopta.El título completo de la crónica de hoy debería ser “De Lachen a Lachung, pasando por el valle de Tsopta”.

Ayer acababa la crónica diciendo  “que mañana hay que madrugar” pero no me imaginaba que tanto.

El guía me dijo que el plan del día era: salíamos a las 6 de la mañana habiendo tomado solo un té pues desayunaríamos en Thanggu. Desde allí iríamos al valle de Tsopta (se pronuncia “Chopta”). Volveríamos a comer al mismo hotel de Lachen  y acabaríamos el día en Lachung. Entonces le digo: “¿nos llamas a las 5:30?”.  Y tras unas vacilaciones, pues debía creer que todos los turistas nos despertamos solos, queda en que nos iba a llamar.

Y lo hacen. No una sino varias veces. Y esas horas te despiertas idiota. Así que a las 6 estábamos en la calle. Que no eran las 6,  que eran las 5.  Resulta que el resto de las habitaciones estaban ocupadas por familiares del calcutano con el que hablé ayer y esos salían a las 5.  ¿Y qué haces en Lachen a esas horas?  Primero  maldecir y luego esperar a que se hagan las 6.  Y encima nuestro guía se quedó dormido y tampoco nos hubiese llamado.

A esas  horas los habitantes de Lachen empiezan a despertarse. ¿Y qué es lo primero que hacen? Pues encienden un fuego con unas hierbas, que algunos llaman “incienso”, delante de las casas. Las colocan en un plato metálico encima de un palo de un metro y medio. Como están verdes  desprenden mucho humo, que no sé si es para espantar a los mosquitos que a esas horas tan tempraneras y dado que son nocturnos deben irse a dormir, o por los espíritus pues muchas de estas etnias,  aunque son budistas, flirtean con el animismo. Luego el guía me dice que es por “dios”. Bueno, no sé exactamente si me ha dicho por “dios” o por “dioses”. Es que esto de la divinidad en el budismo no lo tengo claro. Y tampoco si es para espantarlos o para calmarlos.

Pero no ha sido lo peor el madrugón, es que además el día estaba totalmente nublado.  A esas horas aún tenía la esperanza de que se despejase pero ha sido una esperanza vana pues aunque  en algún momento hemos tenido sol también hemos tenido lluvia.

El recorrido entre Lachen y Tsopta es precioso. Y más ahora que algunos arbustos se van poniendo de otoño.  En alguna ocasión el chófer, que llevaba la iniciativa, nos ha parado para que contemplásemos el paisaje y en otras éramos nosotros quien se lo pedíamos, como cuando hemos visto las grandes montañas que apenas se dejaban ver entre las nubes.  Y todas  las veces cerraba personalmente la puerta cuando estábamos aposentados. Pero en una me ha cogido el dedo pulgar de la mano con la puerta del coche. El pobre lo ha pasado peor que yo.  Al llegar a Thanggu lo primero que ha hecho al entrar en la casa particular donde hemos ido a desayunar ha sido poner agua caliente con sal en una cacerola para que metiese el dedo dentro: “remedio local”, me ha dicho. Y mucho “sorry”. Y un desayuno estupendo en aquella habitación donde había colgados del techo trozos de carne de yak secándose.

Allí estábamos a 18.000 pies según un letrero de un cuartel pero no sé en qué pies los miden pues para mí un metro son 3,3 pies y eso son 5.454 metros pero en la guía me dice que este pueblo está a 4.267, que tampoco está mal.

En la entrada de Thanggu, como en otros sitios del recorrido,  hay molinos rezadores pero hidráulicos.  Ya hablé de ellos en el otro viaje, pero  me siguen pareciendo  una fórmula de lo más ingeniosa para aplacar a los dioses.  Nada de pegarse latigazos como los chiitas o los ascetas cristianos con las disciplinas o mortificarse con los cilicios o rajarse la cabeza como mostraban las terribles fotos de Isabel Muñoz que practican algunos grupos de musulmanes en Turquía, o… Aquí pones a trabajar al agua para ganarte el cielo.  O con el viento y esas banderolas que no paran de rezar. ¿Por qué la iglesia católica,  tan avanzada en otras cosas, no ha evolucionado en ese sentido? Quizás porque es gratis.

Otra particularidad de este viaje es la cantidad de controles de policía que debes pasar.  O que pasa el guía por ti. Pero creo que hay menos que hace 4 años.

Y también la cantidad de cuarteles del ejército que te encuentras. Así en Thanggu está el “más alto” para las tropas en tránsito. Y, relacionado con esta situación, la cantidad de camiones militares que te cruzas: he visto más camiones del ejército en un solo día  que en toda mi vida junta. A lo mejor hemos cogido  un cambio de vacaciones o algo así como cambio de turno –aquí  no hay cambio de “reemplazo, que son todos profesionales-  porque  si no, no te lo explicas.

Y como siempre que te acercas a un cuartel, que son enormes y pegados a la carretera,  un letrero te advierte que está prohibido hacer fotografías. Y es que el ejército es igual en todas las partes del mundo y cuanto más poder ostentan mayores son las tonterías que imponen al resto de los ciudadanos. ¿Qué armas secretas esconderán esos barracones?  ¿Es que los enemigos de este país no saben donde están acuarteladas  las tropas?

Pero  estas instalaciones no tienen ningún interés ni fotográfico ni para los espías paquistaníes.

Desde Thanggu salen dos carreteras,  o mejor dos pistas. Una que luego se divide lleva hacia el lago Gurudongmar , muy cerca del Pauhunri, un siete mil, hasta donde solo pueden llegar los indios o bien la otra ruta lleva hasta el paso de Kangra-La, donde no sé si pueden ir ni los indios pues es el paso hacia Tibet.

Los extranjeros no tenemos con conformar con seguir un par de kilómetros hasta el valle de Tsopta. Un lugar precioso con un final espectacular de grandes montañas nevadas que hoy solo hemos vislumbrado y al que en la otra ocasión no pudimos llegar por la nieve. He pensado, para conformarme, en los que organizan expediciones al Himalaya y después de todos los preparativos y de esperar dos o tres meses se tienen que volver a casa por el mal tiempo.  Le he preguntado al guía que qué pasa cuando hacen un trekking  y llueve todos los días. Pues él ha tenido suerte y nunca le ha pasado, pero debe ser una gran putada.  

El coche nos deja en un punto alto y descendemos por un camino bien hecho que me dicen que está construido para los turistas.  Si es así es  un proyecto fallido (una cagada)  porque estamos solos.

En el camino nos encontramos con un paisano que lleva unos prismáticos. He pensado que era como un guarda forestal  para impedir los desmanes en la naturaleza. Pues no, era el dueño de un rebaño de yaks y se le había escapado uno. Parece mentira con los grandes y tranquilos que son pero con lo grande que es el Himalaya…Así me he enterado que hay cruces de yak y vaca y que el resultado son animales grandes y fuertes. Imagino que no habrá de toro y yaka a no ser que ésta sea muy complaciente.

El guía también me ha contado que para los trekking suelen llevar yaks como animales de carga. Así para un recorrido  de 5 días y para una pareja de paseantes llevan 5 yaks, un “yakman”  (que si dices un pastor de yaks” parece algo pobretón, pero así “yakman” parece que tenga que ir con “blazer” y un “foulard”), dos porteadores y un cocinero. Además del guía. Y es que el hombre blanco no se priva de nada.

Subimos al coche y volvemos de Thanggu a Lachen  para comer en el mismo hotel donde hemos dormido.  Nos sirven un huevo duro rebozado y Marisa me dice que es la primera vez que lo come. ¡Siempre hay una primera vez! Incluso para el huevo duro rebozado.

De Lachen regresamos hasta Chungthang  por la misma carretera que ayer pero que como era de noche no pudimos ver.  Desde allí a Lachung. El chófer, que está casado y tiene dos hijos,  es de este pueblo y parece que se alegra de volver a casa pues en el último tramo no para de hablar con el guía y el aprendiz. Y pienso en la diversidad de toda esta gente cuyo  lenguaje de comunicación es el nepalí.

Paramos en un lugar precioso con una cascada y un templete donde la otra vez encontré a unos novios.  El chófer sigue locuaz y me pregunta si en España hay coches como el suyo, un Mahindra.  Le contesto que no, pero que sí que hay muchos todoterrenos  4×4, porque yo estaba convencido que siendo un todoterreno y llevando un gran letrero lateral que dice “4×4” este coche lo era.  Pues resulta que no, que ni éste ni ninguno de los que circulan por aquí tienen tracción a las 4 ruedas. Todos son de tracción delantera.  Y me ha dejado muy preocupado, porque hasta ahora yo confiaba en la destreza del conductor pero también en la capacidad 4×4 del vehículo para pasar por esos terrenos embarrados y estrechos  que dan sobre un precipicio que no te lo puedes creer. Y pensaba que “bueno, siendo 4×4, no patinará, que la tracción total impedirá que nos quedemos en medio del torrente que baja con fuerza por el barranco…». Pues nasty de plasty. ¡Ojala no se lo hubiese preguntado!

Para compensar, casi nada, tanta desazón me entero que “chhu”, la única palabra que conozco en tibetano   se escribe “chu” y que significa agua o río.  Pero en nepalí es “pani”.Cortina con

 Hoy donde hemos desayunado era una casa bhutia, como el chófer, y en una puerta tenía una tela cubriéndola bordada con una inscripción en ese idioma. Le pregunté al chófer qué significaba y me escribió “om, manipema hung”. Y le digo: “¿y en inglés?”. Que eso era inglés. Tendré que estudiar más el inglés, el tibetano y el bhutia.

Llegamos a Lachung  y nos llevan al hotel. Es austero como el de ayer pero no está mal. Da la impresión de que lo están haciendo ahora.     El chófer imagino que se va a su casa  y los guías se van a otro hotel que está más lejos pero que volverán a la hora de la cena.  Les decimos que no se preocupen, que nos podemos quedar solos y que hasta mañana.

En este hotel, como en el de ayer,  tenemos que pedir   una sábana  más, pues como en casi todos los sitios de  la India solo suelen poner la bajera. Y una manta adicional pues aunque no hace mucho frío, estamos a 3000 metros de altitud y no hay calefacción.

Intentamos dar una vuelta pero a las 6 de la tarde ya está cerrada la cancela del hotel y no hay luces por las calles así que cena saludable y a dormir prontito.

Cuando estamos a punto de dormirnos oímos voces por el pasillo. Son un grupo de turistas indios que acaban de llegar. Espero que mañana no nos hagan lo mismo que hoy y se empeñen en que nos levantemos cuando ellos.

¡Miedo me dan estos bengalíes!

PS

Por si has llegado tarde al catolicismo.

Disciplina. (Del DRAE).

4. f. Instrumento, hecho ordinariamente de cáñamo, con varios ramales, cuyos extremos o canelones son más gruesos, y que sirve para azotar.