7. Gangtok, día 1.

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Rumtek GompaAyer cuando llegamos al hotel el horizonte estaba cubierto de nubes  y así esta mañana la decepción no ha sido muy grande pues además de las nubes había grandes bancos de niebla en los valles. O sea que no se veía  absolutamente nada. A pesar de eso desayunamos en la terraza pero ha acabado con una fina lluvia. Marisa se queda sin ver el Khangchendzonga.

Hoy lo vamos a dedicar  dos actividades: visitar el monasterio de Rumtek y buscar un viaje al valle de Yumthang.

A Rumtek se va en “jeep compartido”. Eso quiere decir que además de “compartir” vas como sardinas en lata.

Rumtek está a unos 25 ó 30 kilómetros (ya sé que ahora no hace falta poner el acento en la “o” pero es que cuando escribí el borrador sí que lo hacía) de los que la mitad  son una interminable y pronunciada cuesta abajo y la otra mitad lo mismo pero cuesta arriba. Vas de unos 1600 metros de altitud a unos 900 y vuelves a subir a 1600.

La mayor parte de la bajada, la primera mitad, la compartes con la carretera que va a Silíguri  y hay unos embotellamientos como si estuvieses en Calcuta. Así que un consejo para que la hora de viaje no se transforme en dos o tres: por la mañana la circulación importante es  de entrada en la ciudad y por la tarde de salida, así que debes ir al monasterio por la mañana y regresar después del mediodía. De todas maneras el último “shared jeep” sale de Runmtek hacia Gangtok a las 4 de la tarde.

¿Qué se ve en Rumtek? Pues el monasterio, que no solo es muy importante,  sino que por problemas dinásticos eclesiásticos y que ya expliqué en mi viaje del 2006, está tomado por la policía, que no solo impide que los rebeldes tomen la sede de la secta “kagyu” por la disputa sobre la sucesión del decimoséptimo “karmapa”, sino que además disuaden a algún torpe extranjero que se sube al tejado sin percatarse de tal acción. O sea a nosotros.

Antes de llegar a la puerta de entrada vemos a dos españoles del grupo de cinco de ayer. Están sentados tomando un refresco. ¿Cuántos habrán estado en Rumtek pero no habrán visto Rumtek? Y eso se puede aplicar a casi todos los lugares que están precedidos por una buena cuesta.

Otro consejo: no olvides tu pasaporte ni tu permiso de entrada en Sikkim. Te lo piden los policías que hay en la puerta  y además escriben cuidadosamente todos tus datos en un gran libro. ¿Para qué lo apuntarán y sobre todo para qué querrán saber informaciones tales  como tu número de visado?

Cuando llegamos arriba nos encontramos  con los otros tres españoles que ya se van. Son una pareja mayor y un joven. El mayor lleva una Nikon estupenda y un zoom de esos “que te cagas”. Es tan grande que no puede llevar un trípode que lo soporte. El personal que lleva esos pesados equipos necesita un porteador –como Marisa- o un viaje organizado que los lleve de puerta a puerta. Me hubiese gustado ver el coche que llevan porque debe ser de la misma categoría que el objetivo.

La señora muy amable nos dice al llegar que es una pena porque ya está todo cerrado. Creo que  no ha sido una maldad suya sino alguna martingala del guía o del chófer que quizás les ha dicho que había que llegar muy pronto porque cerraban a tal hora. Porque todo está abierto.

A pesar de ser un lugar precioso y cerca de Gangtok hoy había muy pocos visitantes. En el patio central unos pocos monjes o novicios sentados indolentemente.

Cuando estamos en la “sesión fotográfica”  nos saluda una joven que nos ha visto en nuestro hotel: Mari Carmen, mejicana que vive en Canadá. Va a hacer un treking y viaja sola. Bueno, no del todo.  La acompaña un señor mayor indio que se mantiene a distancia. No nos ha dicho que fuese su guía pero creo que si hubiese sido su marido nos lo hubiese presentado.  Luego saludo a una pequeñina del grupo que nos encontramos al entrar en Sikkim, en la oficina donde te apuntaban.   Es filipina y se ha quedado sorprendida de que conociésemos a San Miguel, no, no al arcángel salvador sino a la cerveza.  Yo es que para cada país tengo un tema y para éste es ése: filipino que me encuentro saco a relucir la cerveza. A los de Irán les hablo de Soraya, la triste y repudiada princesa. (Por cierto, ¿vivirá todavía?).

Luego vemos la estupa dorada y me acerco hasta el Instituto “Karma Shri Naland” para preguntarles si han publicado mis fotografías: la otra vez que estuve aquí hice unas fotos a unos monjes en el jardín de ese centro  y me pidieron la tarjeta de la máquina  para utilizar mis fotografías en la “próxima revista del instituto”.

Pues entro allí  y voy preguntando a cada novicio y monje que me encuentro si habla inglés. Y yo que pensaba que todos los budistas tibetanos eran como el Dalai Lama…pero por lo visto no es así. Al final encuentro a uno y le explico el tema:   resulta que en esa época la revista solo llevaba artículos escritos  pero nada de fotos. Yo creyendo que era famoso y mi gozo en un pozo.

Regresamos en otro “shared jeep” a Gangtok. La carretera es mala, mala, pero de repente aparece un letrero que dice: “cuidado que la carretera está en mal estado”.  No te lo puedes imaginar.

En Gangtok tenemos un “restaurante de referencia” y además tibetano así que nos vamos allí a comer.  ¡Mira que les gusta a esta gente la sopa! Deduzco que “sopa” en tibetano se escribe “thuk” pues todo lo que acaba en ese sufijo es sopa.  Como aquí comen de todo ya tienes en la carta platos con ternera, cerdo y pollo. Y aunque también hay huevo, y aparece en la carta,  no tienen ningún plato en los que entra ese componente. Cada vez que pido un plato me responden “no egg”. Y si les pregunto “¿por qué?”, me responden también: “no egg”.  Quizás octubre sea el “mes sin huevo”. Es que estas religiones orientales son tan extrañas…

Con la ayuda de la agencia de turismo de Sikkim en Gangtok logro conectar con el de la agencia con el que hice en 2006 el viaje al valle de Yumthang. Es un joven encantador  y me dice que se acuerda de    mí, pero es un simple cumplido pues también se acuerda de Marisa y es la primera vez que la ve. Pero es tan simpático que nos hubiese vendido piedras del río para llevarlas en la mochila si hubiese querido. Y por supuesto contratamos el viaje con él. Iremos pasado mañana pues no le da tiempo a organizarlo antes.  Nos advierte que dentro de unos días es la festividad del “Dasain” que es como  Dussehra pero en Sikkim y Nepal. Esto de las fiestas siempre es un enigma como te puede influir en el viaje.

Cena ligera y regreso al hotel a tomarnos el último té mientras Marisa repasa sus cientos de fotos y yo escribo este borrador.