Salimos de la estación de ferrocarril de NJP y nos encontramos con una esplanada llena de todoterrenos indios que aquí llaman genéricamente “jeeps”. Están los que se alquilan enteros, que generalmente utilizan las familias indias y los “compartidos” que usamos el resto, o sea los extranjeros que viajan como nosotros o los indios solos o en grupos pequeños.
En los “compartidos” suelen viajar tres al lado del conductor y, a veces, son más caros los asientos, e incluso dos –generalmente parejas de recién casados que tiran la casa por la ventana – y entonces pagan los tres asientos. Luego la fila de en medio donde meten a cuatro y la trasera con otros cuatro. Esta última es la peor opción.
Como el horario es de “sale cuando se llena” no suele haber problemas a la llegada de un tren. O eso imaginaba. Preguntamos y damos con uno que va a salir. Concertamos el precio, nos suben las mochilas a la baca y cuando vamos a ocupar los dos asientos traseros, únicos libres, nos dicen que nos vayamos a otro que tiene dos en la fila intermedia. Se nota que es una deferencia con el turista extranjero. Error cándido. Era una martingala pues nos piden más dinero por el mismo recorrido. Volvemos a buscar y cada uno te pide lo que le parece. Vaya, lo que le parece que te puede sacar. Y estas situaciones me cabrean bastante. Casi tanto como el pagar 10 veces más que un indio por el mismo billete de entrada a un monumento nacional. Al final encontramos acomodo en un jeep en la fila trasera que compartimos con una joven pareja india. Aprovecho que él habla inglés –ella también pues a veces lo hacen así entre ellos pero debe ser de mala educación hablar con un extranjero- para lanzarle mi filípica de qué pensaría si llegase a mi país y le cobrasen 10 veces más por ser indio. El joven habla un buen inglés pero cuando lo hace no me mira a la cara y además habla bajito y con la boca medio cerrada. Así que no hay mucha comunicación entre nosotros aunque les he dado un caramelo a cada uno. De todas maneras mejor que no me mirase a la cara cuando hablaba porque si yo hiciese lo mismo correríamos el peligro de besarnos de lo cerca y apretados que vamos.
Paramos a comer en un pueblecito y solo lo hacemos nosotros y el chófer. Los jóvenes vecinos se alimentan de galletas, la familia de cuatro que va en la fila intermedia se ha comprado comida en la estación de NJP y no han parado de comer durante todo el viaje y la pareja que va en primera fila debe ser de esos de luna de miel que solo se alimentan de su mutuo amor. O han tenido que ahorrarse la comida para compensar la clavada del precio de los dos asientos delanteros.
Llegamos a Gangtok y nos vamos directamente al hotel donde estuve la vez anterior. Es una pena porque el gerente que había entonces y con el que congenié bastante no está: además de charlar bastante con él, me hizo un descuento del 30%.
A Marisa le había explicado las maravillosas vistas desde la terraza del hotel pero los valles y montañas que rodean Gangtok están llenos de nubes bajas y no se ve nada. Nos tenemos que conformar con tomar un té con una temperatura ambiente muy agradable olvidando el agobio de Calcuta.
Además hoy es el 10 del 10 del 2010. España entera estará esperando el puente y yo solo pienso en los números. Quizás los indios me han pegado su amor y preocupación por la numerología. Hasta dentro de un año no habrá otra fecha notable: el 11 del 11 del 2011. Vamos a cenar a un restaurante tibetano al que acudía con frecuencia en el viaje anterior. Allí celebramos la efeméride del 10-10-10 con una cerveza. Aquí la fabrican y es buena y barata pero me da un cierto problema de conciencia pagar lo mismo por la cerveza que por el resto de la cena. Luego para seguir con la celebración vamos a una cafetería pija. Al poco entran cinco españoles con aspecto de burgueses en viaje por Asia. Vienen a Sikkim de paso para Bután. Todo organizado, por supuesto. Lo curioso es la composición del conjunto. A mí estos grupos pequeños siempre me darían un poco de miedo, y tengo una muy mala experiencia, porque en un grupo grande si hay alguien con quien no congenias pues no lo tratas o le huyes, pero siendo solo cinco…
El centro de Gangtok, o sea el Lal Bazaar y la calle Gandhi, MG Marg, están muy animados, quizás porque es domingo o porque es temporada alta de turismo y vienen muchos bengalíes huyendo de la polución y el calor de Calcuta. Además la calle MG se ha hecho peatonal y es que no te lo puedes creer: el centro de una ciudad india donde no pasan motos y donde no oyes el claxon de los coches. Una delicia.
Una vez más se me ha roto la mochila que llevo siempre encima. Este año lo hizo en Ammán y luego en Calcuta pero lo que me arreglaron allí se me ha vuelto a romper. Encuentro un sastre que me la arregla. Ya me ha debido costar más las reparaciones que de nueva pues es una falsificación que compré en Bangkok. Como dicen, o decís, los que compran marcas caras para justificar el dispendio: “Lo barato sale caro”. Yo diría que “lo caro sale caro” y que a mí lo barato me sigue saliendo barato.
Vuelta al hotel y a esperar que mañana desaparezcan las nubes y Marisa pueda ver el Khangchendzonga.
Precisión.
He escrito que a veces nos cuesta 10 veces más que a un indio el precio de la entrada a un monumento nacional. Pues alguna vez es bastante más: la entrada al templo del sol de Konark es de 10 rupias para un indio y de 250 para ti. O sea 25 veces más. Y en tanto por ciento: pagas un 2.500% más que un indio. Sí, en letras: un dos mil quinientos por ciento más que un indio.
Sikkim recobrado.
Una vez leí un artículo de Muñoz Molina que se titulaba “Alejandría recobrada”. En él escribía sobre el temor de que la emoción que le produjo la lectura de un libro, “Cuarteto de Alejandría”, no se repitiera si lo volvía a leer. También decía que había leído que esa ciudad descrita por Durrell ya no existía. Aún más, que Terenci Moix contaba que ni siquiera había existido cuando Durrell vivía allí.
Una vez visité Kosovo y me pareció una maravilla de gente paisajes y monumentos. Volví al cabo de un año o dos y resultó bastante mal. Y era la época en que todos eran yugoeslavos, una nacionalidad que ya no existe.
Ahora vuelvo a Sikkim y temo que no sea tan maravilloso como la primera vez. Peor aún, que pueda resultar una decepción para Marisa después de lo mucho que le alabé aquel viaje. Así el no poder ver la gran montaña nevada desde la terraza del hotel ha sido una pequeña decepción, pero es lo que tienen las grandes montañas. Pero, a diferencia de Durrell, mi Sikkim sí es el país que veo, el que puedo captar en mis viajes, en mis comidas y en mis visitas. Nada de fabulación. Espero que salga bien.
22/12/2010 a las 20:41
Ángel, más allá del «caro o barato», lo que está claro es que a tí lo barato te sale de maravilla, lo compras en Bangkok, lo reparas en Amman, Calcuta…, y quién sabe dónde más, y encima imagino las experiencias que te debe reportar el buscar los sitios y las gentes dónde poder arreglarla. Éso transforma al viaje en algo más.
Mis botas de montaña se desintegraron (sufriendo el mismo mal que las de Luis, además la misma marca) en medio del macizo del Vignemale, con dos días enteros por delante de mucho andar y con mucho peso. Como me salió bien, lo recuerdo como algo curioso y valeroso, pues llegué al puente de los Navarros apoyando con los talones practicamente al aire. En el camino encontré gente que me puso clavos, tornillos, pegamento, hilo de pescar, cordones, cinta adhesiva… Todavía guardo esas botas.
Y volviendo al caro o barato, «Chueca» digo Quechua, es una media muy recomendable, sin embargo amigo, si te vas a meter en algún berenjenal creo que te quedarás corto y podría ser malo para tí.
Por cierto, mientras escribo oigo a Bob Esponja que ha llegado al buque del Holandés Errante, qué bueno este Bob, seguro que tus nietos se parten de risa.
23/12/2010 a las 18:52
Joséluis, me sorprendes con eso de andar si apoyar los talones («con los talones practicamente al aire») yo creía que eso era una mariconada de bailar ballet clásico, las famosas «puntas», pero se ve que tienes muchas habilidades.
Un abrazo
25/12/2010 a las 20:02
Me refería a que ya no quedaba nada de suela debajo y me tocó pisar prácticamente descalzo. Me expresé un poco mal no?