5. Calcuta, día 3.

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Mercado de guirnaldas.Tras el frugal desayuno –no olvides que estamos en un lugar austero y casi monacal- hoy queremos ir a visitar el mercado de las flores y sacar el billete de vuelta a Delhi y también el jardín botánico, que Marisa no conoce.

El mercado de las flores es uno de los espectáculos más fotogénicos de esta ciudad.

Imagino que allí se venden todas las flores que los calcutanos emplean en guirnaldas y ofrendas.  Llegan camiones que parece imposible que puedan pasar por entre los puestos y descargan grandes fardos. Estos se abren y aparecen centenares de largas guirnaldas que compran y se llevan unos hombres que acaban cubiertos de flores.  Es realmente impresionante.  Me recuerdan a los marineros malos del buque “El holandés errante”,  pero aquí en plan floral.

Al lado hay un ghat que no es tan impactante como los de Benarés o Haridwar pero no está mal. Y el puente de Howrah cuya visión de la muchedumbre que lo cruza es también un espectáculo en sí mismo.

Desde allí nos vamos andando hasta el despacho de la Renfe a intentar comprar los billetes de tren de la vuelta. En el camino veo a uno que está durmiendo encima de un montón de ladrillos. Bien es verdad que son ladrillos macizos  y no tienen los bordes cortantes como los nuestros huecos, pero es que es un montón desordenado. Hay que tener mucho sueño y unos huesos de titanio para poder hacerlo allí encima.

Como empezamos a tener claro el viaje que haremos y poco claro lo de los billetes de tren decidimos comprar ya el del tren de regreso a Delhi. La sorpresa es que aunque falta casi un mes ya no hay plazas libres para algunos trenes y algunos días. Al final el ferroviario encuentra uno que no es el mejor pero en un día favorable. Lo malo es que no podremos estar juntos y el viaje dura casi 24 horas. Nos dan dos literas bajas –privilegio de ser “Senior Citizen”- pero uno es en  un departamento normal y el otro en el pasillo. Pero no hay ninguna otra alternativa y así aseguramos la vuelta.

Dada la experiencia de ayer en el precioso restaurante, pero de muy picante comida, nos vamos a un chino. Allí encuentro una taza de váter muy curiosa que ya había visto antes pero que  no son muy frecuentes: es para estar de pie o sentado según tus costumbres culturales. O sea la taza tiene una parte superior muy ancha donde te puedes poner de pie si quieres. Y si  no padeces vértigo.

Después al jardín botánico. Es un sitio muy agradable y con pocos visitantes a pesar del remanso de paz que supone en esta ciudad.  Me percato que los calcutanos lo utilizan sobre todo para “festejar” dado el número de parejas que hay.

Nos vamos a cenar a un “traveller cafe” de la zona de Sudder St y de nuevo  los diferentes transportistas no quieren llevar todos a la “mother house”. Me hubiese encantado decirles que ya tengo una madre y que me está esperando en Alcañiz, pero aquí debe ser un clásico. Como ya he escrito éste es un lugar con muchos occidentales jóvenes y con mucha gente de ONG y similares. En mi viaje último incluso había una tienda de internet  gestionado por una española que vino aquí por algo caritativo y luego montó ese pequeño negocio.   Vuelvo allí aunque la española parece que ya no está. Si hay muchas chicas españolas  y un chico en las pantallas de los ordenadores  contándose los problemas digestivos. 

Y al final al tren. Un consejo: si puedes intenta que el tuyo salga de la estación de Sealdah, la más cercana al centro donde seguramente tendrás el hotel, pues según las  horas el tráfico de las calles de esta ciudad puede ser un problema.

Tenemos una litera de abajo y una de arriba en un departamento de cuatro y éste va a ser un viaje casi exclusivamente nocturno.

El señor de la otra litera inferior es un tipo bastante estrafalario. Marisa me dice que quizás éste también saque la rueca como nos pasó el año pasado. El de ahora se parece mucho a Dalí y hasta lleva una especie de barretina. Apenas nos dice nada hasta que llegamos a NJP.

A dormir y mañana por la mañana ya estaremos en New Jalpaiguri.

Perla poética.

“El día en que el sol salió por la noche,

había en la calle muchos borrachotes.

Pensamos en ir a la policía,

ah, estaban en la piscina.

Acudimos a la guardia civil,

y pensamos que debían no ir.

Toda la gente aterrorizados

al ver a los borrachos con las tajadas.

Ellos habían hip, hip,

y nosotros nos echábamos a reír.”

 

Y a pesar de todo Marisa no abandonó la enseñanza.

Una respuesta to “5. Calcuta, día 3.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Estampa única la de aquel durmiendo sobre el montón de ladrillos, y yo se que esto debería dar lástima, pero cuando me he encontrado con algo así me ha dado además de lástima, la risa por lo inaudito. En la India he visto gente durmiendo en las barras de madera con las que tiran del rickshaw, manteniendo el equilibrio, y en Marruecos en una calle con el cuerpo dentro y la cabeza en el bordillo a modo de almohada y, por poner algún ejemplo.

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