3. Calcuta, día 1.

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Para nosotros, y en este viaje, Calcuta es una ciudad de paso hacia el norte así que lo primero es ir a buscar un billete de tren que nos lleve a NJP. Y antes de comprar el billete hay que cambiar. Aquí solo conozco dos lugares para hacerlo: en Sudder St, calle que en otra ciudad sería un gueto de mochileros occidentales pero que aquí es de “caritativos occidentales”, y  la zona de BBD. En la primera cambian en todas las agencias de viajes y son muy numerosas. En la segunda lo hacen  gente de la calle que lleva grandes fajos de billetes de rupias pero que solo lo enseñan como un señuelo pues suelen ser  empleados de pequeñas casas de cambio que hay por allí. Mi experiencia es que es mejor en Sudder. El único problema, pero pequeño,   es que en cuanto entras por esa calle dan por supuesto que has ido a Calcuta a ganarte el cielo cristiano (el  único verdadero) y todos los taxistas, rickshaws y demás fauna transportista quieren llevarte a la “Mother  House”. 

Yo siempre me he quejado de que en la India, vaya, en Delhi, solo me ofrecían diversas clases de drogas –lo que me cabrea que no te puedes imaginar-,  hasta que un día, un domingo cerca de India Gate, un taxista me ofreció llevarme a una casa de placer con señoritas.  Pues aquí nada de eso: solo “mother house”. Y no saben que a los librepensadores el único “House”  que nos interesa es el “doctor”.

Del cambio a la oficina de venta de billetes de la RENFE que aquí se llama IR, “Indian Railways”. Lo malo es que no calculo bien la distancia –yo creía que era un corto paseo- y Marisa llega hecha polvo.

Alguna vez he explicado el complicado sistema de hacer cola en la oficina de venta anticipada para extranjeros de Delhi. Aquí tienen otro sistema sencillo pero eficaz: como cuando compras un billete debes rellenar un formulario, cada uno de ellos  tiene un número consecutivo escrito a mano, así el vendedor solo tiene que ir cantando ese número.

Conseguimos billete para NJP. Mi consejo de siempre: intenta planificarte el viaje de ferrocarril con el mayor tiempo posible pues por algún designio extraño la cuota de billetes reservados para los extranjeros es muy exigua o se cubre enseguida. O ambas cosas.

Nuestro plan era ir luego desde NJP a Darjeling en el famoso “toy train”, como hice en el 2006, seguramente el tren más lento del mundo: 7 horas y cuarto, si van sin retraso, para hacer 88 Km. Eso quiere decir que puedes ir viendo el paisaje tranquilamente, e incluso, si sabes hablar bengalí, charlar con la gente con la que te cruzas en la carretera que va paralela en muchos tramos o cuando pasas por los pueblos.

Pero han suprimido este tren. Y es el único para ir a esa ciudad. Le pregunto al ferroviario si ha sido por terrorismo o por problemas en la línea pero o no me entiende o no me lo quiere decir. Y eso que he caído con un tío amable y servicial. Pero a los indios no les gusta reconocer los fallos.

Este año descubro en la guía un nuevo tipo de restaurantes: “traveller cafes”. Pues está claro lo que son: donde van, donde vamos, los mochileros porque sirven comida que, aunque sea india, no está muy picante, los platos son abundantes y encima baratos.  Y además te puedes encontrar a otros como tú, y más en este país donde es habitual compartir la mesa. De esta manera además de la mesa compartes información o incluso parte del viaje.

La guía dice que en esta ciudad ninguno de ellos tiene “especial encanto” pero comemos en uno de ellos y está muy bien.  Lo único que no me gusta de estos lugares es que en algunos casos se convierten en  guetos de occidentales pero en los que he probado aquí había también indios.

Paseamos por la zona del llamado New Market y está impresionante de gente. Más todavía: agobiante. Luego nos desquitaremos con las soledades de Sikkim.

Y como estamos en Calcuta no podemos evitar una fuerte lluvia.

Anécdota del día.

Estoy en un andén del metro y unas jovencitas me preguntan cómo ir a una estación. Tienen que cogerlo en el otro andén y no  saben cómo hacerlo. Se lo explico y se van contentas. Lo encuentro de lo más chocante pero es que me han debido ver “entendido”  en la materia.  Eso en España te parecería raro pero es que en este país hay mucha gente que nunca ha cogido un metro.  

 

Poesía del día.

“Cuando llega el invierno nos alegramos

Cuando llega el invierno bailamos

Nos tapamos con las mantas

Para no perder la marcha”.

(Además en el original para evitarse trabajo pone comillas en la segunda línea. Le parecía demasiado esfuerzo escribir dos veces el poético  “Cuando llega el invierno”).