2.1. De Madrid a Calcuta. Primera parte.

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Aeropuerto de Doha, QuatarComo siempre, nos lleva nuestro hijo al aeropuerto. Afortunadamente se conoce todos los caminos que rodean Barajas porque si no no sé si hubiésemos llegado a tiempo. ¿Qué locura conducir por las carreteras que rodean Madrid a las 8 de la mañana! No me extraña que el personal ande tan alterado.

La Terminal 1 no tiene el glamour de la T4 pero todo es más rápido y cercano.

Tras los consejos filiales de rigor (siempre digo que soy el único hombre blanco sin teléfono celular y al que le echan la charla los padres y los hijos antes de un viaje) embarcamos en un vuelo de Madrid a Doha y en el avión ya tengo el primer contacto (en este caso físico) con la India: la señora que se sienta al otro lado del pasillo me da un “viaje” con su bolso, pero como es india le debe parecer lo más natural hacerlo. O sea que ni “sorry”, ni “perdón”, ni “lo siento”. Yo creo que esas palabras no deben existir ni en hindi ni en ninguna de las 22 lenguas oficiales de este país o de las 100 “oficiales pero menos”. Como tampoco deben existir “gracias”, “me permite”, o cualquiera de las fórmulas de “politesse” habituales en los idiomas occidentales. No sé si en chino ocurrirá lo mismo. Dejo la puerta abierta para un “post” del editor, muy versado en lingüística mandarín.

El vuelo de Madrid a Doha dura 6 horas y media y me sorprende que solo haya una hora de diferencia horaria.

El avión, al ser de una compañía de bandera de un país musulmán, marca la dirección de La Meca en las pantallas de información. Ahora es muy fácil porque volamos hacia allí y la flecha indica siempre al frente pero no debe ser hora del rezo porque no veo a ninguno arrodillado en el pasillo y para hacerlo en el asiento además de ser creyente debes ser contorsionista.
También proporcionan la distancia al lugar sagrado. Ese es un tema que me desconcierta: ¿la gracia santificante islámica es diferente de la cristiana? Yo creo que en el catolicismo da lo mismo a la distancia que te encuentres de Roma para, por ejemplo, ganar una indulgencia plenaria. Y se me ocurre que una compañía ecuménica de aviación sería un lío de información: “Roma detrás de ti a tantos kilómetros; Benarés enfrente a otros kilómetros; La Meca muy cerca ligeramente a la derecha; Bodhgaya hacia allí más lejos; Amritsar al noroeste a tantos; Torreciudad al oeste a tantos, y todas las demás sectas cristianas…” Además ni idea de hacia donde deben rezar los sintoístas: ¿al monte Fuji? Lo dicho: un lío colosal.
En este primer vuelo hay una azafata nerviosa y excesivamente sonriente. Y un poco despistada. Me confiesa que es su primer viaje. Le busco el nombre en la etiqueta del uniforme y solo dice “aprendiz”. (¿Te imaginas que cuando te van a operar de fimosis el cirujano en lugar de llevar el típico “Dr. González” llevase el de “aprendiz”? Un acojone). Volviendo a la azafata: no sé si es italiana de nacimiento o de familia pero se llama Reggiani Salvatore. Por si te la encuentras en otro viaje. Luego nos toca una que es guapísima. Le pregunto por su procedencia: es china y se llama Dandan. No sé de donde viene esa costumbre de monosílabos repetidos para los nombres de las chicas. En Rangún conocí a una Miumiu y en Bagán a otra que se llamaba Chocho. Esta nos preguntó qué significaba en español su nombre porque un joven turista se había reído mucho al conocerlo.
Un aperitivo, una buena comida, lectura, escritura, siesta y atravesando todo el Mediterráneo, sin enterarnos, llegamos a Doha.
P.D.
En este viaje como voy a repetir casi todos los sitios del 2006 no tendré mucho para escribir así que os deleitaré con unos pensamientos poéticos.
Hace bastantes años Marisa hizo un experimento educativo de creación literaria: les pidió a sus alumnos que escribieran cada uno un poema sobre un tema determinado. Me los he traído conmigo y os los iré transcribiendo. Es una pena que no estén firmados porque quizás dentro de unos años alguno de sus autores puede llegar a ser un personaje público y entonces podríamos vender la exclusiva de lo listo o de lo merluzo que era en su adolescencia. Imagínate, por ejemplo, los versos escritos por el Sr. Aznar o el Sr. Montilla a los 12 años.

Otra P.D.
En el vuelo de Madrid a Doha hay delante de nosotros una pareja española con un niño pequeño. Él con el aspecto de joven fortachón con un punto macarra; ella va normal excepto que lleva un pañuelo que le cubre la cabeza. Sería una situación normal si no fuese porque durante el viaje les “visita” otra pareja, sin niño, en el que ella también lleva un pañuelo parecido. Al principio pensé que serían de alguna secta europea de creencias hindúes pues en los viajes a la India te sueles encontrar con jóvenes occidentales, sobre todo españoles, que viajan allí con la ropa que dice: “voy a la India y soy un “enterao”. Pero aunque había algunos de éstos, aquellas parejas eran diferentes. Mi sorpresa fue que a punto de aterrizar en Doha se colocan el pañuelo de manera que no se les ve un mechón de pelo. O sea por motivos religiosos pero no hindúes.
Y es que a mí la gente que va tocada me inspira un poco de miedo, excepto, claro está las boinas civiles y los sombreros que protegen del sol e inclemencias atmosféricas. O por lo menos precaución. Pero tirando a miedo. Así por ejemplo los curas y especialmente los escolapios en los años 50. Y las monjas antes. Y los policías y los guardias civiles en los 60. Y los militares en los 70. Y los obispos siempre.
Pero el personal que se toca porque la religión se lo manda también me impone. Porque si uno es capaz de ponerse cualquiera de esos ridículos gorritos porque la creencia se lo ordena ¿qué no será capaz de hacer?