No te apenes y recuerda las palabras finales del oráculo de Balaam:
«Benditos serán los que a ti te bendigan, y malditos los que a ti te maldigan». Números 24,9.
Entre los benditos y los malditos puedes incluir a sociedades anónimas.
Y siempre te queda la denuncia por maltrato, aunque seas varón y por ello no seas creíble.