30. Ahmedabad, día 3.

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Ejemplo de wav o vav en Gujarat, el Rani Ki.El nuevo hotel, al que intentamos ir el primer día pero que estaba lleno, nos cuesta menos de la mitad que el otro y encima está mejor. Claro que la recepción no tiene sus espejos, ni los recepcionistas son tan soberbios, pero la relación precio-calidad es magnífica.  Quizás por eso está lleno.
La habitación parece diseñada por un discípulo de Gaudí. Aquí la cama tiene una forma tan especial  que el colchón tiene el lado de la cabecera curvo. De la misma manera la sábana bajera tiene esa rara forma.  Además las toallas son las mejores de todo el viaje y seguramente de hace muchos años.  Lo dicho, no me extraña que esté lleno. El único inconveniente para el hotel, no para mí, es que está situado al final de un callejón de una calle importante.
Nos echan el periódico del día por debajo de la puerta de la habitación  y en primera plana  una noticia inquietante: “Fidayeen on prowl, Guj on alert”. “Centre advierte de ataques en Gujarat, Calcuta, Bombay y Delhi”. Se lo digo a Marisa para que luego cuando lo lea no me acuse de que le oculto información. (Solo le oculto lo necesario).
Comienza diciendo que según noticias de Ahmedabad y del “Chief Minister”,  el “Centre” ha emitido una alerta sobre  suicidas con bombas entrenados por los talibanes que se habrían infiltrado en el país el lunes. Y estamos a martes. Explica una serie de posibles dianas de los ataques y también que en este estado están muy sensibilizados después de que una serie de explosiones matasen a  59 personas en Ahmedabad en julio del 2008.
Vistas las medidas de control que suele haber en los sitios que han sufrido ataques, como en Pahar Ganj en Delhi, y las actuaciones de las fuerzas de seguridad indias en Bombay al año pasado no sé qué cara poner. Y además el “Centre” al que se refieren ¿qué será? Porque si es como la CIA americana es para ponerse a temblar todavía más. Pero Ahmedabad nos espera.
Vamos a desayunar al restaurante que utilizamos como base, el que tiene tumbas musulmanas entre las mesas. Entran un par de policías o militares también a desayunar. Llevan un uniforme azul grisáceo y uno de ellos lleva un subfusil que a mí me intranquiliza más que otra cosa. No creo que a ningún terrorista se le ocurra entra en un lugar así, sino es para desayunar, pero en cualquier caso si aquel militar respondiese con esa arma nos liquidaría a todos los clientes antes que a ningún terrorista.
Hoy vamos a visitar el “pozo con escaleras”, “wav” en gujaratí, de Dada Hari. La estación de autobuses de Lal Darwaja desde  donde salen las líneas de cercanías es un hervidero de gente. Preguntando llegamos hasta la parada de nuestro autobús y un amable joven me dice que no me preocupe que él me indicará el autobús y donde debemos bajarnos, porque aquí todo los autobuses y las informaciones de las marquesinas están escritas solo en gujaratí.
El joven nos señala el autobús y luego donde bajamos se baja él también. Como en el autobús iba con un grupo de estudiantes y ellos siguen viaje deduzco que quiere acompañarnos así que le digo que muchas gracias pero que podemos llegar solos porque yo ya había estado. Pero creo que entonces bajé en otro sitio más fácil pues hoy he tenido que preguntar media docena de veces  y pasar por lugares bastante raros, pero al final aparece la maravilla del pozo.
Fue construido en 1499 y está muy bien conservado aunque apenas hay agua. Somos los únicos visitantes y un señor que anda por allí, no sé si el cuidador, el limpiador o un espontáneo que se busca la vida, nos dice que no se puede utilizar el trípode porque el lugar depende del departamento de arqueología –los famosos expoliadores de extranjeros- pero que una vez descendamos al primer piso que hagamos lo que queramos. El hombre anda merodeando alrededor nuestro pero se debe aburrir de lo despacio que vamos y desaparece.
Después vamos a visitar la mezquita que está al lado del pozo. No es tan espectacular como las de Ahmedabad pero su situación la hace especial y es una preciosidad. Al lado hay un mausoleo cerrado con llave. Aparece un viejecito y abre la puerta. El recinto es otra maravilla pero, además de la tumba  para la que está hecho el monumento, se utiliza como almacén de sacos de material de construcción. Si yo fuese el jefe de la India echaría a la calle al jefe del Servicio Arqueológico: tiene alergia al trípode pero permite que un lugar así se convierta en un sucio almacén.
El abuelito que ha abierto la puerta se me acerca tímidamente y me dice que le dé una propina a él y otra al que andaba por el pozo que ha vuelto a aparecer. He estado a punto de imponerle las manos y pedirle que nos invitase a desayunar. Pero no me hubiese entendido.
De allí vamos al cercano pozo de Mata Bhavani. Este en sí no vale la pena  pues lo han transformado en un templo hindú y además está cerrado pero sí la merece pasar por una callecita o mejor un callejón de casitas donde la gente te saluda, los niños te piden que les fotografíes, las señoras también y que a mí tanto me impresionó cuando estuve la otra vez.
Delante del templo hay una señora mayor, 52 años, limpiando ajos tiernos y que habla un poquito de inglés. Y que es muy guapa. Le preguntamos para volver pero por sus respuestas deduzco que va a ser un poco difícil.
Buscando un autobús para regresar pasamos por el “mercado del carbón”,  una serie de almacenes donde el personal se afana clasificando el carbón por el tamaño, apilando grandes sacos  y moviendo todo de un sitio a otro. El dueño de uno de estos almacenes nos invita a entrar y a que hagamos fotografías. Los empleados trabajan en unas condiciones bastante malas pero les encanta que Marisa les fotografíe.
Ha sido una mañana muy interesante en un ambiente que te descongestiona de lo que supone el centro de Ahmedabad. Preguntando, preguntando y andando más de la cuenta y tras tomar dos autobuses llegamos al centro de la ciudad. Vemos un negocio de venta de hilo de algodón para cometas donde, como en Amritsar, lo están tiñendo pero allí el hilo se estaba quieto y el operario se movía y aquí es al revés, el hilo se mueve con un motor eléctrico y el tintorero está sentado sujetando el hilo que pasa por sus manos que están dentro de un recipiente con el tinte. El dueño del negocio está encantado con nuestro interés y nos pide que nos acerquemos al mostrador donde un joven –“¿Su hijo?”. “No, soy su yerno”- me traduce al inglés lo que él quiere contarme. Pues además de que él es el propietario de todo aquello, me explica que el 14 de enero hay un festival de cometas y no sé si el slogan o el título es “Bush o Laden”. O eso imagino pues he tardado un buen rato en entenderlo. Porque a  ti te dice uno en gujaratí “ladenorbush”, todo seguido y no creas que es fácil. Para que lo entienda mejor me da una tarjeta que está todo escrita en gujaratí menos una frase sobre una cometa: “I love India” y una figura de uno que podría ser un islamista o uno de la ETA.
Y allí entre aquel follón me acuerdo de Bhopal pero es que esta ciudad, o por lo menos esta zona  es como aquella pero multiplicada por 10. O por 100.
Vamos a comer a un restaurante típico de la clase media india: al entrar es como si lo hicieses en una “boîte” española de los años 60. (Ahora no sé como son, ni siquiera si las hay, pues desde entonces no he vuelto a entrar en una). La principal característica es que viniendo de la calle no se ve absolutamente nada. Crees que ni siquiera serás capaz de leer la carta. Otra es que si vinieses en verano no habrías pasado tanto frío  desde aquella vez que te perdiste
en el mes de enero en el Pirineo. Ahora en “pleno invierno” como no debe funcionar el aire acondicionado se está bien. La comida estupenda pero con muchos grados de picante por encima de lo que un paladar europeo está acostumbrado.
Al final de la tarde nos vamos a los alrededores de la gran mezquita y vemos a un grupo grande de musulmanes de lo que parece una manifestación. Resulta ser un entierro: al (pobre) muerto lo llevan en volandas  y se lo van pasando de unos a otros.  Y como siempre ni rastro de mujeres.
Un rato de internet, cena y a dormir.

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