42. La nostalgia del arenque.

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Tabal de arenques. Clupea harengus, el pez más numeroso.Cuando estuve en Otaru escribí que el arenque tenía para mí el aroma de la nostalgia del tiempo pasado (que no siempre fue mejor). Y cuando digo “aroma” no lo digo en sentido figurado sino real. Los vendían en unas cajas circulares de madera de unos 50 ó 60 centímetros de diámetro llamadas tabales y de vez en cuando era mi merienda infantil: una sardina de cubo, que así también se llamaban, con un trozo de pan.

Para quitar las escamas se sacaban antes las tripas, se quitaba la cabeza y se envolvía la sardina en el mismo papel de estraza en la que te la habían vendido. Se colocaba ese envoltorio-sudario en el quicio de la puerta y se apretaba fuerte aunque también se podía hacer pisándolo. De esta manera se quedaban todas las escamas en el papel y la sardina limpia.

Su olor es de esos aromas que se me han quedado en el cerebro reptiliano. En cuanto entrabas en las tiendas de ultramarinos donde las vendían ya olías el tabal.

Como las transportaban por ferrocarril y su construcción no era muy robusta a veces se rompía algún tabal en el transporte y entonces el dueño de la mercancía se las ofrecía a bajo precio a los ferroviarios si compraban el tabal entero y luego se lo repartían entre todos.  Ese día mi padre aparecía con varios ejemplares en casa y no voy a decir que era una fiesta como en las descripciones de la Inglaterra victoriana cuando el padre de familia aparecía con un huevo y había gran alegría. Era simplemente que se apartaba de lo habitual y eso siempre le daba un aire especial.

A mí me gustaba comerme los ojos, pero no sé si realmente me gustaban o lo hacía porque a mi madre le disgustaba. Y eso de los ojos debe ser genético porque luego supe de una historia de mi padre al respecto: siendo un niño le envió su madre, mi abuela, a comprar una sardina de cubo. Mi padre en el trayecto de la tienda a casa se comió los ojos. Al llegar a casa, su madre, no recuerdo porqué motivo, quizás porque estaba muy amarilla lo que indicaba que no era buena, le obligó a devolver la sardina a la tienda y mi padre sabiendo que en ese estado no se la admitirían   se negó lo que originó una buena trifulca.

¿Alguno de mis descendientes habrá heredado el gusto por los ojos de las sardinas de cubo?

NB 1. A esas sardinas se les llamaba también “civiles” pero creo que no eran como opuestas a “militar” sino por algo, que desconozco, de la guardia civil.

NB 2. El distribuidor y representante de los tabales  de arenques en mi pueblo tenía por mote “ababol” y su hijo era íntimo amigo mío. Falleció siendo muy joven en un accidente de circulación.

PD “Tabal” es una bonita palabra perdida ya para siempre.