52. De Bangkok a Madrid.

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En el aeropuerto de Suvarnabhumi mientras esperamos que abra la facturación de nuestra compañía charlamos con un italiano. Dice que es un hombre de negocios que está buscando terrenos en la costa tailandesa para construir. Decía que va mucho a España a las costas por negocios inmobiliarios. Y también a Florida. Sonaba todo como a película de la mafia.  Hablaba muy bien español pero se me descuelga preguntándome si en España hay muchos “marranos”. Me dejó de piedra. Porque habitualmente esta palabra se utiliza en sus acepciones de “persona sucia y desaseada” o “persona grosera, sin modales” o “persona que procede o se porta mal o bajamente” o si se trata de animales como sinónimo de cerdo. Claro que en su primera acepción del DRAE dice “se decía del converso que judaizaba ocultamente”. Indago cuidadosamente y primero pienso que me pregunta por las granjas porque preguntarme por los sucios y desaseados me parecía una grosería por su parte y él aparentaba ser un señor educado.  Y no te lo creerás pero se refería a los “conversos que judaizaban ocultamente”.  Creo que es la cosa más rara que me han preguntado en mucho tiempo. Y eso que era un tipo que iba mucho a España. Todavía hoy le doy vueltas y no sé de donde se sacó la pregunta. Le pregunte si es que era judío. De la forma que respondió no solo no lo era sino que no era muy ferviente partidario. Le expliqué como pude cosas de la expulsión de los judíos pero me dejó perplejo.

De  Amman a Madrid

Tenemos por delante una larga travesía. Surge la primera duda a la hora de facturar: Marisa va en clase “Crown”, que así se llama a la clase superior en las líneas jordanas, y yo en la “economy“ que así se llama a la clase turista. Y hay una cola especial para los de la “crown”. Así que nos ponemos uno en cada cola pero en la de “crown” hay un cura que retrasa toda la facturación. Este hombre tiene una figura sorprendente. Es pequeñito, tirando a rechoncho y con un tic muy marcado en la boca. Va de negro pero de “clergyman” (ni idea de cómo se dice en castellano) y ostenta una gran cruz plateada cabalgando sobre su pecho. No me gustan los símbolos de declaraciones de principios religiosos pero quizás si vas de un país budista a uno musulmán debas proclamar tu cristianismo de esa manera. Pero como en el caso del monje budista que viajaba de Rangún a Bangkok en clase preferente, me parece una ostentación poco budista o poco cristiana viajar en esa clase. Claro que a lo mejor ese hombrecito es el jefe de algún grupo cristiano que vive en tierras de infieles y es alguien muy importante. Pero me sigue pareciendo inmoral.

Y este hombre llevaba un equipaje impresionante y tanto se demoró su facturación que llegué yo antes a la cola de la clase turista. Se hacen un lío porque cada uno tiene un billete de cada clase pero se arregla todo.

El italiano se mosqueó bastante al vernos en las dos colas.

Pasamos el control de inmigración con sus cámaras que te fotografían de nuevo.  Yo creía que preferirían que los delincuentes se fuesen a otros países y no los controlarían pero he leído que gracias a esas cámaras han arrestado a 101 personas por usar documentos falsificados y que han cogido a 143 que tenían orden de búsqueda. Estadísticas del 1 de enero al 20 de julio de este año y solo en ese aeropuerto. O sea que si eres un delincuente mejor vete por las fronteras terrestres que parece que no las tienen.

En el aeropuerto Suvarnabhumi de Bangkok hay un lugar para el rezo de los musulmanes. Se sabe antes de llegar porque hay un montón de mujeres sentadas o medio largas en la puerta; no sé si es que no les dejan entrar o es que están más tranquilas allí sin sus maridos. En su interior alguien aprovecha el suelo alfombrado para echar una cabezadita. Que me parece muy bien que el personal descanse y se relaje pero reclamo que haya también un lugar así para los “no-religión”. Porque lo más parecido que he visto es la “lounge”  de Thai Airways donde Marisa puede entrar con su billete pero yo no. Pues reclamo una “lounge” sin bebidas ni canapés pero como la de los musulmanes.

En el avión me toca al lado de una francesa que resulta llamarse Vázquez (“Vasques” dice ella) pues su padre es español. Ella lo habla pero siempre de “usted” por el famoso “vouvoyemnet” de los franceses. Viene encantada de Tailandia y de lo que ha recorrido en un trekking. Ayer en Bangkok, por la zona de nuestro hotel, vi a una joven occidental con unas botas llenas de barro. Tailandia tiene parajes salvajes, solitarios y preciosos pero me parece que muchas agencias abusan de las ansias de aventura de los turistas metiéndoles por caminos y barrizales donde se puede ir por pistas y carreteras.  De ahí la frase triunfante de la española del otro día: “mamá, mañana nos vamos a la selva”.

El italiano que se sienta detrás de mi sigue más mosqueado cuando ve que cada uno viajamos en clases diferentes.

Llegamos a Ammán de madrugada y nos envían al hotel de la compañía aérea. Creo que en lugar de tener una buena sala de espera en el aeropuerto han decidido amortizar el hotel y aunque sea solo  por cinco o seis horas te envían allí, te dan una habitación y las comidas correspondientes en función de la hora del día. Como no se paga con mis impuestos me parece bien. Además te permite descansar de verdad. Cambiamos la dieta asiática por la mediterránea y ya tenemos pan, tomates, aceite y aceitunas y “baba ganoush”, que nos encanta. Casi todos los desayunantes son árabes. Entra una pareja en la que ella lleva todo el rostro tapado pero se sientan en un rincón y ella de espaldas al personal. En los países musulmanes donde casi todas las mujeres lleven la cara tapada ¿habrá solo mesas en los rincones?

Al regresar al aeropuerto nos encontramos con la francesa. No se había enterado de lo del hotel. Es que si cuando llegas a Ammán en tránsito eres un viajero inexperto o muy experto pues te vas directamente a las salas de espera. Debes preguntar en “Transit” desde donde te envían a la cola de inmigración de tránsitos y de allí a coger el autobús para el hotel.

Incorregibles.

Aunque cerrases los ojos sabrías que estás en el aeropuerto de Ammán porque en la cola de inmigración debajo de un letrero de prohibido fumar el buen jordano fuma. Y para evitar incendios tira la colilla al suelo y la tritura con el pie cuidadosamente.

En la segunda parte del trayecto en el viaje de vuelta a Madrid volvemos a viajar separados Marisa y yo. Son filas de 3+3 asientos y a mi lado no hay nadie pero en la tercera hay una niña de unos 10 años a las que todas las azafatas hubieran querido ver en otro vuelo.  Iba con su hermanito y una madre joven y hermosa que estaban en la misma fila al otro lado del pasillo. Bien raro, porque lo normal es que hubiese estado sentado con ellos.

Vuelo de Amman a Madrid
Nada más sentarse la niña ha empezado a quejarse de que tenía hambre. Mucha hambre. En cuanto se apaga la luz de “abróchense los cinturones” una azafata le ha traído un bandeja de desayuno. Ha abierto todo pero apenas ha probado nada. Ha dejado la bandeja hecha un “escampatall”. Luego ha atacado una gran bolsa de frutos secos que ha estado comiendo durante todo el viaje. Como teníamos pantallas individuales en el respaldo de cada asiento se ha estado quejando a todas las azafatas de que la suya no funcionaba y de la que estaba entre ella y yo no se oía; que también la ha probado.  Cada vez que pasaba una azafata les tenía que pedir o quejarse de algo. Cuando he ido al lavabo después de comer estaban las azafatas sentadas en los asientos del final. Una de ellas hablaba español y estaba con la que ha sido más machacada por la niña.  Como cada vez que le pedía algo o se quejaba la azafata me miraba con gesto de resignación (las otras acabaron por pasar sin contestarle) y en un intento de ser amable le he dicho: “dile a tu compañera que seguro que ha tenido ganas de retorcerle el cuello a esa niña tan impertinente”. Y va y me contesta con ojos como platos: “¿ retorcerle el coño?” Pensando que estábamos en un país musulmán y en los castigos que imponen por faltas a la moral me ha dado un susto de cojones.  He dado un respingo que casi salgo por el techo del aeroplano. A ver que creen que intento decir. Se lo vuelvo a repetir evitando la palabra “cuello” y descubriendo que la que creía que habla español habla pero muy poquito.

En el viaje leo un par de periódicos y tengo la ventanilla abierta a mitad para tener luz suficiente para leer. Es mediodía. La niña me dice que cierre la ventanilla. Le digo que si lo que quiere es que no lea. Se queda sorprendida y me dice rápidamente que no, que no, que siga leyendo.

Viaje de Amman a Madrid
Luego me pregunta la hora. Le digo la hora de  Bangkok. Se me queda mirando alucinada. Por la expresión de su cara veo que se cree que soy idiota. Le digo que en el reloj tengo la hora de esa ciudad. Y le pregunto que si lo que quiere saber es la hora de Ammán. Me dice que no, que lo que quiere saber es la hora de “aquí”.  Y te das cuanta con esa ingenua pregunta de una niña de 10 años de la relatividad del tiempo. Porque, ¿cuál es la hora de “aquí” cuando estás en un objeto en movimiento? Y más en este caso que está siguiendo casi un paralelo. Eso no se lo digo pero me deja por imposible y se lo pregunta a una azafata, a la menos “castigada” de todas.  Le contesta que la duración del vuelo son tantas horas. Y la niña insistiendo y la otra sin entender la pregunta.

La niña tendría que haber tenido de compañero de asiento a Heráclito. Por lo menos

Le pregunto y me dice que vive en Chile. ¿Dónde de Chile? En Santiago. Es de origen palestino. Le pregunto si es cristiana o musulmana: “ortodoxa”. Le digo que entonces es “cristiana ortodoxa”. Que no, que solo “ortodoxa”. O sea como los niños católicos españoles que no saben nada de su religión. Y eso que los grupos minoritarios suelen estar más formados. Y en España, encima, la Educación de la Ciudadanía les va a contaminar lo poco que saben. Eso si no lo puede impedir la CEE y las autoridades educativas de Valencia y Madrid.

La niña que me ve escribir el borrador me pregunta si soy escritor. ¿Qué le digo? Porque me imagino que su pregunta no es si escribo o no, porque desde hace un rato no hago otra cosa en el avión sino si me dedico profesionalmente a ello. ¿Cómo decirle que en realidad soy un parado? Así que le sonrío y le digo que sí, que soy escritor.

Detrás de mí un joven y una señora españoles. Cuando nos dan la bandeja de la comida le señora le dice al otro que el pollo no se puede comer. Él le contesta que no va a comer nada que se reserva para la cena en su casa. No lo han dicho ninguno pero en sus conversaciones y en el tono estaba implícito lo de “como en casa en ningún sitio” ¡Qué ignorancia!

Y así llegamos a Madrid donde está esperando nuestro hijo y por el que me he puesto mi “pantalón y camisa de llegadas“. Eso es un sacrificio paterno: llevar todo el viaje esa ropa solamente para que cuando tu hijo te vea no te diga que pareces un bielorruso que es lo que me dice cuando voy con la ropa de viaje normal.

En el tren que nos lleva en la T4 de Barajas a otro sitio me vuelvo a encontrar con la España rancia y casposa que ya había olvidado a pesar de los intentos de la TVE Canal Internacional en que no lo hiciese. Un grupo de 4 ó 5 de unos 50 años gritan obscenidades como ésta: “Este está borracho como mi marido el día que se casó. Vaya boñiga llevaba”. Os ahorro el resto.  Pienso que los jerarcas del PP tienen razón, que en España no hace falta Educación para la Ciudadanía. Porque ese personal no estudió esa asignatura y le va bien en la vida. Si estuviese el italiano le diría que en España sí que hay “marranos”.

Viaje de Amman a Madrid

Al final lo más interesante del viaje de regreso en avión ha sido Pascal, la niña palestina-chilena-ortodoxa: no era miedosa, sus preguntas eran claras y directas, sabía lo que quería y tenía una madre estupenda. Ha sido una suerte conocerla. Cuando nos vamos me dice: “escribirás sobre mí, ¿verdad?”

¡Ojalá le vaya bien en la vida!

El equipaje tarda una eternidad en llegar. Pregunto en el mostrador de equipajes y me dicen que el tiempo límite de espera es una hora. ¡Una hora! La famosa T4, la terminal más moderna del mundo y los equipajes pueden tardar una hora en llegar. Efectivamente el nuestro llega en 55 minutos.

Imagino a los ingenieros aeronáuticos trabajando en diseños que acorten 10 minutos una ruta de 4 horas y luego tienes que esperar 55 minutos en que te llegue el equipaje.

Salimos, nos espera nuestro hijo y el tórrido Madrid.

Se acabó el viaje.

Mañana última entrega.

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