Nada más llegar a la estación de autobuses empieza la batalla. El primer taxista nos pide tres veces más de lo que finalmente hemos pagado. No es que te pidan un poco más, es que te piden el triple. A ése le digo si es que me quiere llevar a Bangkok, pero no me entiende. La estación de autobuses de Rangún y la de Mandalay son las dos en las que me he encontrado con los mayores abusos. O por lo menos con los intentos.
Esta vez hemos buscado un hotel cerca de la pagoda de Shwedagon con ánimo de conocer otros barrios diferentes y acercarnos a otros lugares distintos de los que solemos ir.

Es sábado y tenemos el vuelo de regreso a Bangkok el lunes al final de la tarde pero Marisa se dio un golpe en la pierna, en la espinilla, al subir a un pickup el primer día de Bagán y le duele mucho. Incluso parece que se le ha infectado. Y este no es un país para tener problemas de salud así que vamos a las líneas aéreas y conseguimos adelantar el viaje para mañana. Nos trastoca un poco los planes pero para eso están los planes, para cambiarlos.
Damos una vuelta por el mercado de Bogyoke para hacer las últimas compras. El último día de estancia en un país al que quizás no vuelvas y con una moneda como el kyat es un poco complicado. Pues debes tener suficiente dinero para todo lo que quieres hacer pero no demasiado. La verdad es que mi cálculo de cambio cuando lo hicimos en Rangún cuando llegamos fue bastante preciso por lo que hemos llegado aquí casi “secos”.
En el mercado me saluda efusivamente un señor cambista. No debe recodar que la otra vez no cambié con él porque era bajo su cambio pero él piensa que sí. Esta vez cambio tan poco que ni regateo.
A mí solo me queda comprar una bandera del país. Y hacerlo en éste puede ser realmente complicado. En el mercado de Bogyoke he encontrado una tienda donde la vendían pero era la bandera más mal hecha que he visto.
Les he preguntado a unos policías de tráfico donde puedo encontrarla. Lo primero es explicarles qué es una bandera. Fácil con un dibujo, pero es que dibujo tan mal…Al final uno me escribe el nombre de una calle en caracteres latinos y otro en caracteres birmanos. Imagino que debe ser algo así como “donde venden banderas”.

Marisa camina regular y regresamos al hotel. Ella se queda descansando. Pregunto en la recepción por la dirección escrita por los policías y me dicen que coja un taxi. A los de los hoteles les parecemos unos paralíticos. Y cuanto mejor es el hotel, más paralíticos los clientes.
Insisto en que quiero ir andando y me indican el camino. En la calle tengo que preguntar un par de veces, llueve, y de repente aparece frente a mí la tienda de las banderas. Ya sé que es una tontería pero es que me he sentido “superbien”. Como cuando encontré la tienda de las banderas en Tokio.
Me atiende una jovencita con la que mantengo un diálogo de besugos como descubro luego. Yo entendía por el precio lo que eran las medidas. Como quería comprar varias las sumaba y luego regateaba. Así lo que yo creía que sumaba en kyats eran las pulgadas.
Le debí parecer un extraterrestre. Mejor: un extraterrestre imbécil.
El dialogo fue más o menos así:
Yo- ¿Cuánto vale la bandera de Birmania?
Ella- 5000. (Precio ficticio pues era para un regalo).
Yo- ¿Tienes más fuertes?
Ella- Sí tengo más fuertes. (Realmente me decía: “Esta es muy fuerte”).
Yo- ¿Cuánto vale las más fuerte?
Ella- 5300. (Realmente me decía: “La de 5000 kyats mide 5 pies de ancho por 3 de largo”).
Yo- Pues quiero la más fuerte la de 5300.
Y esa bandera budista, ¿cuánto vale?
Ella- 3500. (Precio ficticio pues era para un regalo).
Yo- ¿Tienes más fuertes?
Ella- Sí tengo más fuertes. (Realmente me decía: “Esta es muy fuerte”).
Yo- ¿Cuánto vale las más fuerte?
Ella- 4300. (Realmente me decía: “La de 3500 kyats mide 4 pies de ancho por 3 de largo”).
Y para acabar, yo en el colmo de la insensatez voy y le digo:
“5300 más 4300 son 9600. Por comprar las dos me deberías hacer mejor precio” Y ella me dice que 8500, que es la suma de los precios de que ella me dijo, 5000 y 3500.
Se ha debido dar cuenta que estaba hablando con un merluzo porque al final ha cogido un papel, ha escrito las medidas y los precios, porque solo tenían banderas de un modelo. Tan merluzo me ha visto que ha intentado que me llevase las que tenía colgadas al viento y lluvia de la calle. Que puede que en el mundo de las banderas tengan un valor excepcional, como las hechas jirones de los museos, pero en mi concepto de compra eso se llama “material de exposición”. Así que le digo que no, que quiero unas nuevas. (Cuando escribo este borrador en el hotel me doy cuenta que no las he comprobado e igual me ha metido dos banderas piratas. O del Real Madrid).
Como me he quedado sin pasta después de la compra, les pregunto donde puedo cambiar pues ésta es una zona desconocida para mí. Me ha enviado con uno de sus empleados a una tiendecita enana donde estaba la señora más avinagrada de todo el viaje. Cuando he llegado les estaba cambiando 600$ a dos coreanos o chinos. Le pregunto la tasa de cambio, me la dice, le saco 10$ y casi me pega. ¡Qué carácter de mujer! Si me hubiese entendido en castellano o lo hubiese podido decir en birmano, y sobre todo si no hubiera tenido necesidad de cambiar, le habría dicho lo de “¡que te folle un pez!”. ¡Qué tía tan desagradable!
Regreso al hotel con mis banderas y Marisa está un poco mejor. Descanso hasta la hora de cenar. Damos una pequeña vuelta y descubrimos un restaurante muy animado. Mayoría de hombres jóvenes pero también alguna mesa mixta. Si hay hombres solos suele haber para beber alguna bebida fuerte como ron o whisky. Para una mesa de tres hay una botella de medio litro y una de agua. Vaya, la botella de agua suele ser la indicación de que hay una de alcohol. Se ponen un dedo de la bebida y completan el vaso con agua. Pero nunca hielo.
Regresamos al hotel y en un edificio anexo muy moderno está lleno de gente también muy moderna, con aspecto de jóvenes burgueses de Rangún. Todo este barrio no tiene nada que ver con la zona del centro por donde siempre hemos transitado y vivido.
En el hotel subimos a la terraza para ver la pagoda de Shwedagon iluminada de noche. Es uno de los atractivos del hotel y por lo que lo hemos elegido. La hemos visto al llegar, en la puesta de sol y ahora por la noche.

Se acaba Rangún. Inesperadamente.
Vecino insospechado.
Esta tarde cuando estaba escribiendo el borrador recostado en la cama me ha parecido ver pasar un animalejo. Podría haber sido una ratita. Como a veces tengo la falsa sensación de creer ver algo por el rabillo del ojo pero que realmente es producido por el movimiento de mis gafas, he pensado que sería eso. Por si acaso he mirado por debajo de la cama aprovechando que Marisa ha ido al lavabo. Y por supuesto no le he dicho nada. Solo estoy “vigilante pero silencioso”.
Cuando ella se va a acostar me enseña una cosa negra pequeñita. Sorprendida me dice que parece una cagada de ratón. Yo le hago una broma y le digo que sería alguna cosa que se le habrá quedado en el pelo del viento y que luego se le ha caído en la habitación. Ahora estoy casi seguro de que tenemos un vecino en la habitación. Y por supuesto sigo sin decirle nada porque solo conseguiría que estuviese intranquila. Y ya tiene bastante con su pierna. Bueno, aunque no tuviese nada en la pierna tampoco le diría nada. Porque a un niño le puedes contar lo del ratoncito Pérez, pero a un adulto no.
Cuando veo algo que pueda intranquilizarla nunca se lo digo porque ¿qué se consigue con que haya dos intranquilos en lugar de uno? Claro que eso a veces me lleva a conductas estrambóticas que no le puedo explicar, como una vez que anduve haciendo mucho ruido en un campo de mucha hierba en Santander porque vi una serpiente de buen tamaño y así pensé espantarla, a la serpiente, no a Marisa, aunque a ella no recuerdo la explicación que le di para mi comportamiento pero debió pensar que era un excéntrico por andar de aquella manera .
Infección.
El primer día de Bagán al subir al pickup Marisa se dio un buen golpe en la espinilla. Como no hay carne en ese lugar puede ser muy doloroso pero no salió sangre. De todas las maneras desinfectamos la herida. En el viaje de regreso en autobús de Bagán a Rangún ya tenía la zona del golpe muy hinchado. Hoy en Rangún ya tenía fiebre y se encontraba mal. Entre otras cosas se le notaba por que no ha hecho apenas fotografías. Afortunadamente llevábamos el antibiótico adecuado para el caso. Así ya le ha bajado la fiebre y se ha recuperado algo aunque la infección siga. En cuanto lleguemos a Bangkok iremos a un médico.
Coda a las banderas.
1. Si la jovencita vendedora hubiese hecho la mili, la mili birmana, cuando le pregunté que cuánto valía la bandera me hubiese contestado que la bandera no tiene precio y que se defiende con la vida. ¡Qué cosas nos enseñaban! ¿Realmente se lo creían? Y lo de defenderla con la vida, ¿con qué vida se la defiende? ¿Con la vida del que lanza la proclama o con la de los que la reciben?
2. Lo de la bandera budista no es una broma y lo sabéis los que habéis viajado por países budistas. Pero no tengo ni idea de si es algo moderno, como un signo de distinción inventado y diseñado hace poco y si es así quien lo ha hecho. Vaya, la historia de esa bandera que imagino trasnacional.