29. De Hsipaw a Mandalay. Primera parte.

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En la estación.No sé si por lo de la luna llena o porqué, pero han estado toda la noche cantando, imagino que desde algún templo budista. Ayer pasamos por uno que no tenía clientela pero sí una megafonía potentísima. Y además estaba en una zona de muchos musulmanes. No sé como llevarán aquí lo del conflicto religioso. Pero en el caso del sonido me recuerdan a un dicho de mi pueblo: “el que más chifla, capador”.

Al levantarme compruebo que una envoltura de las galletas de chocolate que nos regaló ayer el jefe de un monasterio está llena de hormigas. Ya nos ha pasado otras veces: si te dejas algo abierto en que haya algo dulce aparece lleno de hormigas. Son muy pequeñitas y ni pican –o no te enteras-, pero son muy lamineras. Por eso aunque no te gusten las cucarachas lo peor que puedes hacer es matar a una en la habitación porque al poco rato cientos de hormiguitas estarán dando cuenta de ella.

Desayunamos en el hotel. En el porche donde lo hacemos hay una nota con una chincheta y que por el aspecto debe llevar varios días que dice:

“Hello Pat!,

If you ask me how to go to Namsan it is difficult to answer your question”.

No he visto en mi vida una forma más ceremoniosa para comenzar una nota  sobre todo después del informal “Hello Pat!”. Y también más inútil. Yo podría empezar todas las notas así para responder a cualquier pregunta.

“¡Hola Luis!,

si me preguntas cómo conseguir que los partidos nacionalistas tengan el poder que corresponde al número de sus votos, te diría que es difícil responder a tu pregunta”.

“¡Hola Ale!,

si me preguntas cómo obtener mayor rendimiento en la puesta de los acebuches migratorios , te diría que es difícil responder a tu pregunta”.

Y lo más gracioso es que la nota se acababa ahí.

También es curioso que tienen una pizarra donde además de ofrecer paseos –los famosos trekkings- y otros servicios, algún huésped ha dejado algún que otro mensaje. Hay uno muy divertido: “Bonjour, l’arnaque!”. Que sigue allí porque los propietarios no saben francés y ningún huésped francófono se los ha explicado porque quiere decir algo así como “¡Bienvenido al choriceo”. O por lo menos a la estafa. Me recordó lo que ya he escrito en alguna ocasión sobre la traducción de los tatuajes cuando están escritos en algún alfabeto desconocido. Yo estuve haciendo la “mili”, “sirviendo” se decía entonces”, en Melilla. Era frecuente que tras una juerga y borrachera, sobre todo si era en un grupo donde hubiese legionarios, que apareciera algún soldado con “AMOR DE MADRE” tatuado.  Normalmente con una caligrafía horrorosa pero que todos entendíamos y que además tenía la ventaja de que ese mensaje era para toda la vida. El porqué de ese lema y el porqué de que solo los legionarios y los reclusos se tatuasen no lo sé. Como en el mensaje de Pat. Pero ahora el personal se tatúa y lo hace con caligrafías preciosas de alfabetos generalmente orientales. Y así ves esos rotundos brazos masculinos o esas maravillosas espaldas femeninas con un tatuaje que puede que diga “Amor de madre” o “tu madre está haciendo horas extras en un prostíbulo de Poipet”, famosa y horrorosa ciudad camboyana de la que escribí cuando estuve de paso por allí.

Porque ya se sabe que los orientales con cuatro signos escriben un cuento.

Pues lo mismo le han hecho a los del hotel: “Bonjour  la naïveté!”. Y también el choriceo.

Después del desayuno el hijo de Mr Charles nos lleva con su coche a la estación.  Es una especie de coche enano japonés de marca o modelo “Familia”. Otro nombre castellano que añadir a los que descubrí cuando estuve en Japón.

Nos acompaña hasta un despacho donde un empleado nos dice que ya nos avisará cuando podamos sacar el billete. Los birmanos siguen siendo siempre muy amables. Bien es verdad que somos los únicos clientes del hotel, pero ya nos vamos así que les podría dar lo mismo.El tren sale a las nueve y media pero según las normas del país tenemos que estar en la estación a las ocho. ¿Qué pasaría si llegas solo con cinco minutos de tiempo?

La estación está llena de vendedores de piñas esperando que llegue el tren. Los viajeros que esperan también suelen llevar una buena provisión de ellas. Se entiende: yo no las he comido mejores en mi vida.

Estación de ferrocarril de Hsipaw
Nos sentamos al lado de una señora con un bebé que es graciosísimo y al que le somete Marisa a una sesión fotográfica con gran contento de la madre. Aprovechamos para ofrecerles galletas de chocolate de las que nos regalaron ayer.

Bebé en la estación de ferrocarril.

El tiempo de espera lo dedico a las observaciones antropológicas y a las dudas existenciales. Como ésta: el 99,999% de los birmanos calzados llevan chanclas. Este es un “complemento” que apareció en España en el año 60. En el mundo quizás un poco antes.  ¿Qué calzaban antes los birmanos? Pues a lo mejor nada. Así que parece mentira, pero la chancla ha supuesto un gran paso en el bienestar y en la salud de este país. ¡Quién lo diría!

O esta otra: no he visto billetes de banco más pringosos en mi vida que los birmanos. Uno me explicó que el gobierno solo ha hecho billetes nuevos de 1000 kyats, los de mayor valor, pero que no hace de cantidades más pequeñas. Y os recuerdo que no hay monedas. No sé que pasará dentro de un par de años porque no creo que puedan aguantar con esos billetes.

2 respuestas to “29. De Hsipaw a Mandalay. Primera parte.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Supongo que para tatuarse AMOR DE MADRE, hay que estar fatal, tan mal que sólo tu madre te aguanta, y porque es tu madre. En una muestra de agradecimiento por ello, el individuo se tatúa eso, además de porque la quiere mucho.

  2. Avatar de Luigi Luigi Says:

    Ozéluí! no le des mas vueltas:-que son unos jintxos!

    que cosa mas bonita de nene!

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