28. Hsipaw. Día 2. Segunda parte.

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Después de comprar el té nos vamos al monasterio Gyho donde hay cinco monjes y 47 novicios. Hay unos hombres vestidos de blanco como los que vimos leyendo el pali en Sittwe y me dicen que son “fotoodo”. Todas estas palabras son transcripciones fonéticas de palabras birmanas así que quizás todas están escritas mal. Hay gente larga por el suelo en el templo. Para mí que están durmiendo pero me dicen que están meditando. Una vez en el trabajo nos dieron cursos de relajación y algo de meditación. Se ve que nos veían muy estresados.  Yo nunca acababa despierto la clase. Siempre me dormía a mitad. Quizás con estos yacentes de los templos pase lo mismo y la frontera entre la meditación y el sueño sea tan tenue que enseguida te pasas.

Finalmente visitamos un monasterio donde el altar esta repleto de donativos. Pero muchísimos.

Donativos en el monasterio de Bhotaw

Nos dicen que se llama Bhotaw. Quizás lo haya escrito mal.  Aquí hay un monje joven que habla inglés y lo deben tener de relaciones públicas porque en cuanto nos localiza ya no nos abandona. Me dice que hay 150 monjes y 124 novicios. Muchos me parecen.  Me explica que la mayoría de los donativos son telas que regalan para los monjes. Cuando digo “telas” quiero decir la prenda que les sirve de hábito y vestido. También me dice que la luna llena de julio es especial y este donativo se hace dos veces al año.  No sé si en este monasterio, en toda Birmania o en todo el mundo budista. Me explica más cosas de la vida monacal, como que eres novicio de los 12 a los 20 años y a partir de entonces monje. Él tiene 28. La vida se desarrolla de la siguiente manera: de 5 a 5:30 de la mañana van a pedir (yo pensaba que en mi pueblo, que son poco madrugadores se morirían de hambre; a esa hora solo encontrarían los fines de semana a algún noctámbulo algo perjudicado); de 7 a 7:30 desayunan de lo que han recogido.   De 8 a 9:30 tienen clase y al acabar salen de nuevo a pedir la comida. Cuando regresan comen, creo que a las 10, y ya no vuelven a hacerlo hasta la mañana siguiente.

En ésas estamos el monje y yo charlando cerca del altar, él sentado perfectamente y yo padeciendo como nunca por la postura e intentado no hacer algo que sea incorrecto a los ojos de los fieles y sobre todo del jefe del monasterio que está cerca. A Buda no creo que le importe como pongo mis pies. Entonces el jefe lo llama y le dice que utilicemos un micrófono inalámbrico de esos de pinza.

Conversación amplificada en el monasterio de Bhotaw

Realmente no entiendo para qué quiere que el resto de los fieles que están por allí y que no entienden el inglés oigan mis preguntas y sus respuestas. Además son temas que a todos les parecerían tontos pues son cosas que para mí están bien pero para ellos deben ser muy elementales.  Pero debe ser una cosa de prestigio y el buen jefe estaba encantado. Encima yo ya había acabado mis preguntas y tuve que volver a hacerlo otra vez. Me sentí bastante estúpido. Y el jefe estaba radiante de oírme por la megafonía de aquel templo. Así que le dijo al monje que nos diese una caja de galletas de chocolate, pero de esas estupendas en que cada galleta tiene su propio envoltorio y también una especie de bizcocho que rechazamos porque nos daba vergüenza.  Mientras ocurría todo esto no paraban de acercarse fieles a entregarle ofrendas al jefe. Eso hace que me dé todavía más vergüenza salir con mi caja de galletas que se la habría regalado alguno de los que estaba por allí rezando. Y antes de marcharnos cuando nos despedimos del jefe nos da unas fotografías, como estampas, de Bhaddanda Labhawansa, que fue el jefe anterior de este monasterio y que murió con más de cien años y por lo visto era muy respetado y venerado. El se llama Bhaddanda Milinda.

Después de comer volvemos al “Sunset Point Hill” donde estuvimos ayer pues además de la pagoda de los Nueve Budas que vimos había otra que no visitamos y de cualquier manera la vista y el paseo merecen la pena, aunque tengamos que volver a pasar por el maldito puente sobre el río Dokhtawady.

Camión en el puente sobre el río Dokhtawady.

Al dejar la carretera y empezar el camino hay un santuario de nats. Creo que ya lo he explicado en alguna otra ocasión o quizás el año pasado: un “nat” es un espíritu al que se le reza en este país. A veces andas por un camino y te encuentras algún altarcito dedicado a los nats del lugar. Ayer, por ejemplo, cuando nos metimos por los caminos rurales vimos algunos. También en el lago Inle.

Visitamos la otra pagoda y nos encontramos con un monje muy amable y simpático y que debía estar aburrido como una ostra porque rápidamente me ha ofrecido asiento a su lado. Afortunadamente en una silla. Me dice que él es el jefe de ese monasterio, que tiene 71 años y que viven allí dos monjes. Unos tantos y otros tan poco.

Estando allí llegan una pareja, se postran delante de él y le entregan las siguientes ofrendas: varios miles de kyats, un par de rollos de papel higiénico, botellas de agua mineral, arroz, galletas, un pay-pay y una caja con un hábito. En aquella sala tiene también la cama, una cosa sencilla con un mosquitero.

Cama en el monasterio

Nos despedimos de él y nos sentamos un rato a contemplar el paisaje en la misma terraza de ayer mientras cae un chaparrón. Precioso.

Atardecer sobre Hsipaw desde el “Sunset Point Hill”.
Volvemos a Hsipaw, cena y al hotel.

Los camiones de Hsipaw.

Creo que no he visto en mi vida un conjunto de camiones más estrafalarios y más ingeniosamente aprovechados. A veces te encuentras en los viajes a alguno pero es que aquí hay muchos así. Lo más curioso es que a pesar de la vetustez de las partes mecánicas o de lo pringosas y estropeadas que estaban, las cajas eran nuevas e impecables.   Pero de madera.

Camión en Hsipaw,

Lamento que por problemas de espacio solo ponga este ejemplar pero los interesados en el tema podéis encontrar más medios de transporte birmanos en este enlace.

3 respuestas to “28. Hsipaw. Día 2. Segunda parte.”

  1. Avatar de Luigi Luigi Says:

    Qué relax transmite la foto de Marisita, será de los pocos momentos en que os tomáis un descanso.

  2. Avatar de Luigi Luigi Says:

    Qué rudimentario y a su vez que práctico y elegante el asiento del camión, ya podían aprender aquí de ellos, qué maravilla de artesanos!

  3. Avatar de Angel de Birmania Angel de Birmania Says:

    El problema será cuando tengan un accidente y se les claven las astillas por las costillas. Pero sí, son muy bonitos.

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