16. Lago Inle. Día 2.

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Fontanería rápidaMarisa había leído en el libro de testimonios del hotel de lo que habían escrito otros huéspedes que el único defecto era el ruido. Es que está situado al lado del canal que sale (o entra) del lago. La galería donde estoy sentado escribiendo el borrador está a unos cinco metros del agua. Y a las cuatro y pico de la mañana ha pasado una barca a motor. Luego a partir de las cinco y media ya ha sido continuo. La dueña del hotel, que se las sabe todas, nos ha dicho, sin preguntarle, que hoy había muchas barcas porque era día de mercado aquí.

Pero estamos tan a gusto en este hotel y nos tratan tan bien que no solo estamos dispuestos a pasar por alto esas cosas sino a permanecer más días de los previstos.

El desayuno lo tomamos en el comedor abierto que tienen con un montón de orquídeas alrededor.

Como hoy es día de mercado dentro de un grupo de pueblos de los cinco días hemos decidido quedarnos a verlo. Es un mercado especialmente de vegetales, con un buen grupo de puestos de pescado, unos pocos de pollos y solo hemos visto un par de vendedores de carne.  No sé ni de qué mamífero se trataba. Una cosa especial de este mercado es que en una de sus entradas había muchas vendedoras de flores frescas. Preciosas.

Vendedora de flores.

Casi todos los puestos están atendidos por mujeres. Y casi todos los ociosos que vemos por el pueblo son hombres, ya sea sentados en los “bares” o jugándose el dinero sentados en cualquier sitio o viéndolas venir. Incluso hemos visto a una vendedora que estaba despiezando un pollo mientras daba de tetar a su bebé.

Hay puestos de pescado seco salado. En uno de ellos hemos visto a un par de jovencitas que, especialmente una, eran las más guapas del mercado. Pero a diferencia del resto no han querido que les hiciésemos ninguna foto. Les he preguntado si eran musulmanas. Pues sí. Pero eran simpáticas y hablaban algo de inglés. Nos han explicado que el pescado en salmuera venía de Rangún y era de mar. El fresco de este mercado es del lago y la mayoría están vivos.

Muchas de las vendedoras son del grupo pa-o. Me temo que si el turismo sigue en aumento y la voracidad fotográfica también acabarán pidiendo dinero por dejarse fotografiar.  Nosotros estuvimos en Vietnam hace unos años y recomendé a un amigo que iba allí que visitase Sapa. Cuando volvió me dijo que les pedían dinero por cualquier cosa continuamente. Ya lo he escrito alguna vez: admito que no se dejen fotografiar pero no pago dinero por la pose. Tampoco fotografiamos miserables, basuras (si no es un sistema especial de recogida, como documento) ni dolores.

Muchas de las cosas que ves en estos mercados las ves en cualquier otro de este país o en otros del sudeste asiático, pero siempre surge algo nuevo. Hoy, por ejemplo, ha sido una señora que con una hoja de afeitar, y una paciencia franciscana, estaba quitando cualquier resto de pelo de una pata de ternera, vaya, de ternera o de cualquier otro ungulado. ¿Habías visto rasurar una pata alguna vez? Francamente curioso.

Afeitado de pata

Para esta mañana habíamos contratado un paseo en barca de remos con el barquero de ayer por los canales que parten del principal. Era una barca de madera de una pieza de fondo plano que conducía con gran pericia la mujer del barquero. Primero hemos ido a su casa. Una casita hecha toda de bambú: la estructura, las paredes, el suelo y el techo. Está construida sobre pilotes y tiene dos habitaciones y una pequeña cocina. Allí viven la pareja, una niña de 10 años y un niño de tres y el hermano de ella. En una pocilga, también construida sobre pilotes, crían tres cerdos negros. Los alimentan a base de tomates y de restos de la comida de ellos.  Nos han enseñado fotos como su gran tesoro. También un par de cartas enviadas por americanos que habían estado en su casa. Para nosotros ese ambiente era muy especial pero imagino que para un americano debe ser como Marte. Eso de llevarte a su casa debe ser un clásico pues he leído en internet un viaje a Birmania donde hicieron lo mismo y se quedaron a comer allí.

De ese pueblecito intha, Nanthe, hemos salido por canalillos a ver primero el templo de Kyaukhpyugyi con un gran Buda que parecía recién hecho pero que la guía dice que tiene más de 700 años. Luego otro monasterio cercano donde solo vivían tres monjes y dos novicios. Allí sentados delante del altar principal nos han invitado a té y nuestra remera ha rezado un poquito.

Hemos seguido el recorrido por canales cada vez más estrechos pasando al lado de casitas donde la vida parece haberse detenido aunque de repente se rompa el encanto de ese silencio con la música a toda pastilla que debe poner algún adolescente en su casa. Y entonces te das cuenta que gran parte de toda esa maravilla es porque no hay barcas a motor, ni coches. Esas barcas no solamente rompen el silencio sino que machacan las orillas con las olas que producen e imagino que aumentan la erosión.

Pero es el progreso.

Al regresar al hotel le preguntamos a la dueña una recomendación para ir a comer pues allí solo tenemos contratada la cena. Llama a un empleado y le dice que nos acompañe. Será el guía de una posible excursión que haremos mañana si al final nos decidimos.  Nos lleva a un restaurantillo donde hay dos señoras. Resulta que ese empleado es a su vez el dueño de ese restaurante. Hemos comido de maravilla pero como no está en ninguna guía no había nadie más y es fácil que eso le pase muchos días.

Berenjenas.
De vuelta al hotel pasamos por varios templos y monasterios. ¿Cómo puede haber tantos monasterios en un pueblo tan pequeño?  El más interesante ha sido el de Yadana Man Aung que tiene una gran estupa. Por los altavoces se oía una melopea. En su interior un precioso Buda dorado y una prohibición: las mujeres no podían acercarse. Otro hijo de membrillero.

En un altarcito está sentado en el suelo uno que lee un libro y canta. Lo curioso es que va vestido de blanco y con un turbante también blanco pero como de pirata sobre una cabeza que no lleva afeitada como los monjes. Se acerca otro vestido igual y le sustituye. El primero se quita el hábito y se queda como un birmano normal. Un señor en la calle me ha dicho, más o menos, que leían en pali. Los textos budistas están escritos en ese idioma e imagino que serían expertos en leerlo.  Tendré que investigarlo.

Regresamos al hotel donde se acerca el atardecer. Hoy no ha llovido nada y la temperatura ahora es de unos 25º. Lo dicho, un paraíso.

Y acabamos con una cena exquisita.

Lección de decoración.

¿Necesitas poner un lavabo en tu casa y no tienes sitio o no quieres hacer obras?

Pues aquí tienes la solución: con unas escuadras colocas en la parte exterior de una ventana un lavabo. Solo tienes que poner un tubo que salga de allí y baje por la fachada. Y no necesitas permisos municipales.   Por lo menos en Nyaungshwe.

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