9. Rangún. Día 2.

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Andamios de bambú, fuertes y flexiblesHoy tomo mi segundo desayuno birmano de la lista del hotel: onnoth khawk hswe. Ni idea de cómo se pronuncia. Es una sopa de fideos con una salsa espesa de leche de coco. Muy bueno.

Hoy hemos ido a ver el icono de esta ciudad y del país: la pagoda de Shwedagon. Ya lo hicimos el año pasado pero es una visita imprescindible. Creo que es lo único seguro que visitamos todos los extranjeros.

Pagoda de Shwedagon

El año pasado nos llovió bastante y también hoy. La diferencia es que el año pasado vimos a algunos occidentales y este año no había ninguno excepto nosotros. Realmente las inundaciones y la devastación que siguió han debido echar atrás a algunos pues tampoco hemos visto por la ciudad. Como muestra hoy nos hemos encontrado dos veces a la misma pareja mayor que está en nuestro hotel. Y a ninguno más. Eso te da una idea de su escasez.

La pagoda tan impresionante como siempre.  Es algo fuera de serie y además sigue siendo un lugar de visita religiosa. Así los birmanos van allí para ver su esplendor pero también a rezar. Y como siempre a hacer ofrendas, que en este caso suelen ser ramos de flores y algunas escarapelas de papel.

Muchas de las torres las estaban pintando de amarillo canario. Imagino que luego le darán otra mano más oscura para que parezca dorado. Para que los pintores accedan a todos los sitios montan unos andamios de bambú muy espectaculares y livianos. Por supuesto trabajan como en muchas obras de España; sin arneses ni ningún tipo de seguridad.

Nada más acceder al patio central se nos ha acercado un simpático monje: era de Mandalay y su primera pregunta ha sido la que es la principal pregunta en este país: ¿de dónde eres? Después nos ha explicado que había venido a Rangún a visitar esta pagoda y que ahora no tenía dinero para volver a su ciudad. Total, que era un jeta mendicante. Me ha recordado a aquellos que creo que ya describí una vez y que hace muchos años te los encontrabas en la estación de Atocha o en la de Francia en Barcelona pidiendo dinero porque acababan de salir de la cárcel y querían volver a su pueblo que siempre era un nudo ferroviario de los que sonaban entonces como importantes tales como Mora la Nueva en el caso de Barcelona y Miranda de Ebro en el de Madrid. Imagino que era porque todo el mundo los conocía y así no tenían que dar más explicaciones. Así ha hecho este monje. Porque si se acerca a dos extranjeros y les dice que es de Putao casi seguro que no saben donde está ese pueblo. Pero nasty de plasty.

Después se nos acerca otro simpático. Que qué día de la semana había nacido. Porque en este templo hay altares para cada día de la semana y los fieles rezan y ofrendan delante del suyo.

Altarcito en la Pagoda de Shwedagon.

He intentado explicarle que ni lo sabía ni me importaba. A pesar de eso nos ha seguido un rato. A lo largo de la mañana se nos ha acercado otro “semanero”. Le he dicho que era alemán. Y me ha contestado que “montag”.  Pero no se sabía más días en alemán porque luego me ha dicho que “mercoledi”. Solo me faltaría a estas alturas de mi vida creer que el día de la semana de mi nacimiento ha influido en mi vida. O peor que va a influir. Y que si hubiese nacido en “mercoledi” en lugar de “lunedi” sería diferente.

Otro ha intentado la aproximación con lo de que donde estábamos refugiados de la lluvia era una capilla donde había enterrado un pelo de Buda. Si cada sitio donde dicen los fieles que hay un pelo de Buda lo hubiese de verdad habría sido un personaje  más peludo que Vilfredo el Belloso (según estatua delante del Palacio Real), ahora Guifré el Pilós.

Pocos birmanos llevan máquinas fotográficas. En muchos lugares del tercer mundo el personal ha pasado de no tener nada fotográfico a tener un teléfono celular con cámara incorporada y se han saltado la fotografía analógica y la cámara digital de un solo paso. Aquí como apenas hay telefonía celular tampoco lo han dado. Así lo que hay son fotógrafos ambulantes que llevan, ellos sí, cámaras digitales. Todos Fuji. A los clientes les hacen siempre una toma que debe ser un clásico: les cogen desde muy abajo con el gran chedi dorado al fondo. Para eso se ponen con la cabeza tocando el suelo. Solo de verlo ya me dan calambres. Si yo fuese capaz de ponerme así trabajaría en un circo de contorsionista.

Regresamos al hotel a comer y descansar un rato para evitar el calor del mediodía aunque aquí la temperatura es más suave que en Bangkok.

Después vamos dando un paseo hacia el centro de la ciudad. Tenemos una amiga de flickr a la que le encanta la fotografía de la arqueología industrial, la no tan arqueológica y sobre todo la pintura expresionista  que muestran algunas fachadas, puertas y tuberías.

Viendo las paredes de estos edificios hemos pensado que si viniese aquí no pasaría de la primera calle, tal es su abundancia.

Empieza a llover y nos refugiamos en una cafetería “moderna” especializada en donuts. Todo gente joven de ambos sexos. Cuando acaba la lluvia otro paseo entre los mercados callejeros y acabamos en un lugar negocio de internet. (¿Por qué llamarlos “cibercafés” si no sirven café? Igual se les podría llamar cibermejilloneros).

Y el mismo problema que el año pasado. El acceso a los servidores de correo es rechazado y los empleados de esos sitios tienen que utilizar trucos que todavía hacen más lento el tráfico. Como siempre el triunfo de la lentitud se lo lleva mi servidor (de pago) de internet.  Le saca 10 puntos de diferencia a Gmail y 5 a Terra. O sea que es 10 y 5 veces más lento. ¿Cómo es posible que incluso el acceso a flickr que son solo fotografías sea más rápido? Así parece que los censores de internet birmanos tienen un aliado en España.

Regresamos al hotel y de nuevo tenemos que utilizar la linterna como ayer en algunos tramos de calles para evitar los agujeros de las alcantarillas en algunos sitios y las trampas de arenas negras movedizas. O casi.

Llegamos indemnes al hotel pero con los pies tan negros que parece que llevemos calcetines de ejecutivo debajo de las chanclas.

Gentilicio.

Me preguntaba como sería el gentilicio de Rangún. Quizás rangunoides o rangunazos. He descubierto el de Yangón: yangonitas.  Aunque ninguno de ellos aparece en el DRAE.

Cambio blando.

Aunque los militares cambiaron el nombre de la capital de Rangún a Yangón hoy he visto una gran puerta de hierro con un estupendo escudo que decía “Rangoon” y también tapas de hierro colado en el suelo que decía “Burma telecom”. Y es que una cosa son los cambios sobre papel y otra sobre el hierro.

En mi antigua empresa había unos estrategas que se dedicaban a cambiar el nombre de departamentos, estrategias y tendencias. Solo el nombre. Su trabajo consistía en una simple comunicación que a ellos no les costaba ningún trabajo. Como a los militares birmanos. Si hubiesen tenido que cambiar ellos todas las tapas de alcantarillas de Rangún por otras de Yangón seguro que se lo hubiesen pensado mejor: los jerarcas birmanos  y los estrategas cambia-nombres de las empresas.

2 respuestas to “9. Rangún. Día 2.”

  1. Avatar de Luigi Luigi Says:

    pues en mi empresa hacen los mismo con el nombre de los departamentos/funciones persona y es que se ha establecido una nueva «ola» de directores, jefes, sub-jefes y adjuntos que tenemos mas responsables que «curritos»…, en fin estructuras obsoletas para los nuevos tiempos que corren!

  2. Avatar de Angel de Birmania Angel de Birmania Says:

    ¡Cuidado con lo que escribes no vaya a leerte alguno de tus «directores, jefes, sub-jefes y adjuntos»!

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