7. De Bangkok a Rangún.

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Caligraf�a birmanaEl avión sale a las 12 pero con lo lejos que está este aeropuerto no podemos hacer otra cosa que desayunar tranquilos e ir hacia allí. Al llegar recibimos el primer sobresalto importante del viaje: no tenemos visado para ir a Birmania y por tanto no podemos embarcar. Le explico al azafato que el año pasado teníamos el mismo papel que le enseño a él y que las líneas tailandesas no nos pusieron ningún reparo. Claro que lo que le enseño es una impresión de ordenador de un documento que han escaneado y que me han enviado por correo electrónico. Se ve bastante mal una fotografía mía, el número del vuelo y todo lo demás en birmano. Os recuerdo que el alfabeto birmano es diferente del tailandés. Me dice que no sabe leer birmano. Y tiene toda la razón. Me pregunta que si no tengo algún otro documento. Tenía que haber llevado algo que lo dijese en inglés. Quizás la correspondencia que he mantenido con la señorita Mie Mie (se pronuncia “Mimí”), aunque desde un punto de vista oficial no tenga ningún valor. Me lo podía haber mandado mi prima: “Querido Angel: tienes el visado aquí esperándote para cuando llegues a Rangún”. Aunque lo hubiese hecho yo mismo.  Y venga a insistir. Al final decide ir a ver a su supervisor. Menos mal que estos tienen un supervisor. Si me pasa con mi compañía suministradora de internet seguro que me tienen toda la mañana y al final me dicen que me vuelva a casa.

Por fin regresa con un papel que debemos firmar en el que dicen que si no me dejan entrar en el país el problema es mío y que las reclamaciones al maestro armero (gunsmith master).

Así estuvimos unos 30 minutos en la facturación y encima con la incertidumbre de si realmente habrá cambiado algo y ahora no nos dejan entrar en el país aunque me lo haya asegurado la señorita Mie Mie. Al final nos da la tarjeta de embarque y grapada la declaración jurada. Pasamos el control de emigración y yo como un gilipollas  con el papel. Total que nos separan del resto ¿Qué les importaría a la policía tailandesa? Pues nada pero te vuelve a intranquilizar. Lo leen concienzudamente, lo quitan del billete y me lo dan. Y es que yo era el único que sabía que había firmado aquello. Si te ocurre lo mismo le quitas la grapa y te lo metes en el bolsillo que si no lo único que consigues es mosquear a la policía.

Por lo menos el azafato de facturación nos dio ventanilla sin ala, aunque le avión iba medio vacío, cosa que intranquilizó a Marisa. Menos mal que iban cuatro occidentales más.

Al llegar a Rangún grandes extensiones inundadas pero que no sabes si lo están por la naturaleza o es que son campos de arroz.

Campos de soledad

Y al desembarcar seguimos sin saber que nos pasará. El año pasado había un joven con un letrero con nuestro nombre en la cola de inmigración. Este año había otro pero que era del hotel y estaba al otro lado. De nuevo la incertidumbre. En Birmania es el único país que al entrar la cola de los extranjeros es cortita y va rápida y la de los nacionales larga y va lentísima.

Como sólo éramos seis enseguida estaba yo delante del funcionario de inmigración con mi papel de ordenador y la mejor de mis sonrisas. Por lo menos aquí sabrían leer el papel y que éste dijera que me iban a dar el visado al entrar. Así fue. Llamaron a uno de uniforme blanco y éste a un jovencito que en unos minutos nos solucionó el problema. Como castigo a tanta felicidad nuestras mochilas fueron los últimos equipajes en aparecer.

Una cochambrosa furgoneta nos llevó al hotel, que en esta ocasión, es diferente al del año pasado.

En la furgoneta íbamos con siete birmanos más, no sé si empleados del hotel o amigos.

Un par de ellos intentaban hablar español. Uno de ellos llevaba a grupos de españoles de una agencia de Barcelona, pero comenzaban la temporada en otoño.

El hotel con una habitación sencilla, limpia y un buen cuarto de baño cumplía todas nuestras expectativas.  Lo único un poco negativo es que está un poco más lejos del centro que el del año pasado. Nos dijeron que a unos 20 minutos de la pagoda Sule que es el centro de la ciudad y el punto de referencia en Rangún.

Tras el reposo adecuado nos vamos paseando hasta el centro. El entorno del hotel es muy popular con muchos talleres mecánicos donde desmontan piezas metálicas y muchas ferreterías.

Encontramos Rangún como el año pasado. El chico de la furgoneta nos dijo que el famoso huracán no había provocado víctimas pero sí había derribado árboles. Realmente no se notaba nada. Pero esta ciudad sigue teniendo un centro de lo más cochambroso y animado. Las gentes se sientan en unas terracitas en las aceras a comer algo o tomar té. Aunque la mayoría son hombres también hay mujeres y chicas jóvenes excepto cuando son grupos de musulmanes. Y esto no es un prejuicio religioso sino una observación antropológica. Vaya, que solo tienes que darte una vuelta para verlo. Aunque puede que algunos cristianos españoles también lo digan: “pues como debe ser; los hombres en la taberna y las mujeres preparando la cena”. Y si no lo dicen lo piensan.

Cena en un restaurante tailandés y regreso al hotel.

Rangún es una ciudad con una distribución urbana geométrica muy sencilla. Como el ensanche barcelonés pero con muchas calles con números, aunque muchas veces los números están escritos en birmano.   Y esa distribución tan uniforme y parecida hace que te puedas equivocar y pegarte una gran vuelta. Y eso me pasó: lo que de día está claro, de noche no lo está nada. Además era nuestra primera noche en el hotel. Pero llegamos aunque tuvimos que sacar la linterna para no meter el pie en una de esas ciénagas de barro negro que hay en algunas de estas calles. Que tampoco pasa nada, que llegas al hotel, te duchas y quedas purificado.

Soporte técnico telefónico.

A raíz de lo que me ha pasado en el aeropuerto de Bangkok he pensado en mi soporte técnico de internet. Cuando tienes un problema y llamas, después de hacer todas las pruebas que sabes, y algunas más, te enfrentas a un teléfono (de pago, aunque mi compañía también me suministre la línea telefónica y tenga tarifa plana) donde tienes que responder con el teclado a todas las preguntas. Tu problema siempre está en las últimas opciones. Entonces un robot te dice que digas cual es tu problema. Se supone –estás equivocado- que es para dirigir tu llamada a alguien que entiende del tema. Si tienes suerte, al final, te sale una señorita. Muchas veces haces algo no previsto y tienes que volver a empezar todo el proceso. La señorita te dice su nombre y entonces te das cuenta que vas a tener un problema. Vaya, otro además del de tu ordenador.  Porque no has entendido el nombre de la persona que te va a ayudar. Y es que ese “soporte técnico” está muy, muy lejos. Y hablan como Cantinflas pero por teléfono. Y Don Mario era un cómico muy gracioso pero es que lo veías actuar en el cine y aunque no entendieses lo que decía te reías por su actuación. Pero claro cuando no entiendes el nombre de la persona que te va ayudar empiezas a tener dudas. No se trata de que sean o no extranjeros, se trata de que la dicción debería ser clara. Y también sus conocimientos.  Total que te tratan como a un imbécil, no te ayudan y encima ni siquiera te puedes quejar a un supervisor porque no lo tienen. Es una empresa donde están los accionistas y debajo todos los telefonistos indocumentados. Seguramente hay algunas que no son así, pero es lo que a mi me ha tocado. Tanto es así que cuando me encuentro a alguien que entiendo y si además me resuelve el problema estoy tan agradecido que les debo parecer idiota. A los que no me los resuelven también se lo parezco.

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3 comentarios to “7. De Bangkok a Rangún.”

  1. jose luis Says:

    Ángel el estar agradecido a alguien que te ayuda no es de idiotas, es más, hoy en día debería considerarse como una virtud. De cualquier forma te entiendo porque he pasado alguna que otra experiencia similar a la tuya y he reaccionado igual, claro, con tanto sufrimiento es normal que se desborde la alegría por conseguir algo que parecía era imposible.

  2. jose luis Says:

    Por cierto la foto de entresijos y gallinejas no es como para pensar en lo buena que está la comida thailandesa.

  3. Angel de Birmania Says:

    Joséluis, que eso no es cocina tailandesa, que es birmana. Y yo solamente la he visto por las calles de Rangún, aunque quizás sea algo nacional. Y era realmente muy artística su presentación. Como no ingiero mamíferos no sé si estaba bueno además .

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