6. Bangkok. Día 2.

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Paseo a lomos de elefante.Hoy hemos decidido visitar Ayuthaya. Es una de las posibles excursiones que se pueden hacer desde Bangkok en el día. Muchas agencias lo ofrecen dentro de un paquete con otros destinos cercanos. También se puede ir con tren y con autobús. La diferencia es que el tren cuesta menos de un tercio del billete del autobús pero sale cada hora y media o dos y el autobús cada 20 minutos. El tren te deja de un kilómetro a dos de lo que se visita y el bus muy cerca. Así que nos decidimos por el autobús, sobre todo por el horario.

Ayuthaya.

Está construida en la confluencia de tres ríos, uno de ellos el que luego pasa por Bangkok. Esta circunstancia hace que quede como una “ciudad-isla”.

Fue la sede del reino de Siam durante 400 años. En su apogeo controlaba gran parte de los estados actuales de Laos, Camboya y Birmania. Su nombre, en sánscrito, significa “inexpugnable”, y ya sabes qué pasa cuando tus papás te ponen un nombre pretencioso: estás condenado al fracaso. No se puede estar todo el día jodiendo a los vecinos y encima llamarte “imbatible”. Pues al final los birmanos la conquistaron y destruyeron en 1767; sus templos fueron arrasados y las figuras de Buda decapitadas. Hoy está declarado “Patrimonio de la Humanidad”.

Para su visita se distinguen los lugares que están “dentro de la isla” y los que están “fuera”. Los primeros se pueden visitar fácilmente a pie y los segundos en bicicleta. Así que nosotros nos limitaremos a los de “dentro”.

El autobús que nos lleva hasta allí es un buen vehículo, nada que ver con los que nos esperarán en Birmania. Todos los pasajeros tailandeses lo utilizan como un viaje normal y unos pocos turistas. No hay occidentales así que imagino que o van a otras horas o en grupo organizado porque éste es uno de los lugares más interesantes cercanos a Bangkok. O son los de Banglamphu y están todavía durmiendo o quizás es que todavía no han llegado a Bangkok el repuesto de los que se fueron ayer.

El autobús nos deja en el centro de la isla y hace un día espléndido. Como casi siempre un grupo de taxistas al acecho cuando bajamos. Y éste es uno de los problemas cuando eres la única presa: todos los buitres quieren que seas su desayuno. Nos dicen que las ruinas están muy lejos y que necesitamos contratar algún transporte para visitarlas. Sabemos que están dentro de una “walking distance” pero queremos saber en qué dirección tenemos que ir. Sacamos nuestro mapa pero no conseguimos obtener ninguna información de ellos.

Decidimos ir primero a visitar los templos más lejanos. Lo primero que nos encontramos es el “frangipanier”, nombre francés de nuestro árbol favorito, mucho más sugerente que el castellano ”súchil” que he encontrado como traducción.

En el camino pasamos por delante de varios recintos con templos en ruinas. Así encontramos el primer Buda decapitado. ¿Por qué ese furor contra las figuras? Aquí se ha ensañado contra las cabezas. En otros lugares son también las manos. Y siempre los pechos femeninos y si hay penes también ellos. No aquí, ¡por Dios!, que Buda siempre se presenta muy pudoroso.

Cerca de nuestro primer destino vemos dos parejas de turistas occidentales a lomos de elefantes. El animal elegantemente adornado conducido por un tailandés que parecía sacado de una película de época. Todo ese boato contrastaba con las chanclas –de marca- y los pantalones cortos del turista que iba encima. ¿Por qué subirá un occidental quince minutos a lomos de un animal así? Elimino de esa pregunta a los niños de cero a doce años.

Llegamos al Wat Phra Mongkhon Bophit, un templo de 1950 que tiene el Buda sentado más grande de Tailandia. Y que es objeto importante de culto local. El camino de acceso está lleno de banderas nacionales. Seguro que los españoles que son alérgicos a la bandera española, y son muchos, no se sorprenderán de esa abundancia en este lugar. Esa alergia es uno de los misterios irracionales que debería incluir en la lista de “cosas inexplicables de la vida” junto con lo de “morir por la bandera”, “la fiesta nacional” y todos los sinsentidos de todas las religiones y todos los nacionalismos. Pero si hasta cuando vas a comprar un mantel te dicen lo de “ese no, que tiene rojo y amarillo”.

En su interior figuras de Buda, éstas enteras, que son posteriores al saqueo birmano.

Y de nuevo nos volvemos a encontrar con la costumbre de dorar las figuras a base de ir pegando trocitos de pan de oro. ¿Quién dijo que eso le agradaba a Buda?

A veces estas figuras tienen un encanto especial y a veces parece que tienen una enfermedad de la piel. A mí me gustan más las de mármol que están empezando a dorarse.

Delante del gran Buda jóvenes –siempre ellas- intentando conocer su futuro por el azar: se arrodillan delante de la figura, cogen un cilindro de unos 25 cm.  lleno de varitas de madera o quizás de bambú. Lo agitan formando un ángulo de 45º con el suelo y al final uno de los palitos se destaca del resto y cae. En ese palito está escrito tu futuro.

En este templo la ofrenda estándar es una flor, creo que un capullo cerrado de loto y tres varitas de incienso.

Después nos vamos a visitar el Wat Phra Si Sanphet. Fue construído en el siglo XIV  y tenía una figura de Buda de 16 metros que estaba recubierta de 250 kilos de oro. ¿La decapitaron los invasores birmanos? Pues no exactamente: fue fundida por los conquistadores. Sus chedi son el arquetipo del estilo tailandés. En una capillita encontramos el típico olor dulzón de los excrementos de murciélagos. A algunos les asquea; yo no pagaría por olerlos pero no me desagrada. Y donde están las cagadas también están los bichos. ¿Por qué tendrán tan mala prensa si son insectívoros?

Acabamos en el Wat Phra Mahabat donde se encuentra el icono fotográfico de Ayuthaya: una cabeza de Buda engullida por las raíces aéreas de un árbol, creo que un ficus. Sería como los templos de Angkor pero sólo una cabeza. La verdad es que da un poco de angustia.

Unión de Buda y la naturalezaAcabamos nuestro recorrido turístico en un restaurante que recomienda la guía. ¡Me encanta la comida tailandesa!

Final del día.

Escribiendo este borrador he descubierto una explicación por la que un adulto puede subir diez minutos a lomos de un elefante: hacerte una foto que luego puedes mostrar a tus nietos y ganar prestigio a sus ojos. De manera que cuando lleguen al colegio y un niño diga lo de “pues mi papá tiene una moto”, tu nieto pueda decir “pues mi abuelo tiene un elefante en Tailandia”. Insisto en que solo sirve para tus nietos –si no los tienes, ya los tendrás- porque ganar prestigio ante los ojos de tus hijos es imposible, hagas lo que hagas. A no ser que les digas que eres hijo adoptivo de Brad Pitt y Angelina Jolie.

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4 comentarios to “6. Bangkok. Día 2.”

  1. PILAR Says:

    Bueno Angel,hace mucho que no habia leido tus viajes y ahora que tengo un ratico me sumerjo en tu viaje a Birmania y me encuentro con que aún lo estás escribiendo,vaya…
    Empezaré a leer el 2007.
    Un beso para los dos y para Diego y Hugo si los veis antes que yo.

  2. PILAR Says:

    Perdón,a Mario en que estaría yo pensando.

  3. jose luis Says:

    A mí me pasa como a Luis con el plátano y los cacahuetes, es simplemente alérgia. Pero no soy antiespañol, aunque no sé si es más por el jamón y el vino tinto, o por la manera tan sana que tenemos de celebrar los triunfos de nuestra selección, o más bien por esa emblemática frase que hay en todos los cuarteles y que me hace sentirme tan orgulloso.

  4. luigi Says:

    La cabeza de la foto en Wat Phra Si Sanphet engullida por las raíces del ficus me produce el mismo sentimiento que los que despiertan en “algunos” ibéric@s el rojo y gualda!

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