59. Final.

by

Fotos.
Como en otros viajes una selección de fotos de este viaje está en Flickr. Las he escogido, como siempre, en función de los sitios de los que he escrito y pretendiendo que sean más complementos de las crónicas que fotos bonitas por sí mismas. Estarán organizadas en carpetas según las ciudades que he visitado. Para acceder a ellas pulsar aquí.

De esta manera se va directamente a las carpetas. Una vez allí se selecciona la carpeta que se quiere ver y lo más cómodo es pinchar en “view as slideshow”. Cada foto tiene su descripción que se ve al poner el puntero del ratón encima de ellas.
También se puede acceder tecleando http://www.flickr.com/photos/elangel/
De esta manera salen las carpetas pero también todas las fotos. Al pinchar en “sets”, salen todas las fotos desde el 2005 agrupadas por lugares o temas. Espero que os gusten.

Sobre la –cronía.

Así como las crónicas no han sido sincrónicas, al no coincidir el tiempo de lo que ha ocurrido con el tiempo de la publicación, tampoco han sido ucrónicas, haciendo yo una reconstrucción de lo que habría podido suceder. Así, si no han sido sincrónicas, ucrónicas, ni anacrónicas, ¿qué han sido? Ni idea.

De la crónica de Nara y de cómo acabar con los tabúes.

“…los tabúes sintoístas –las religiones son todas igual de científicas y racionales- creían que cada vez que un emperador moría debía cambiarse la capital de lugar”.

He pensado que este tabú habría tenido una solución fácil: el gran sacerdote dice que una vez muerto el jefe hay que cambiar de sitio y construir una nueva ciudad. Pues que el que dicta la norma que empiece el tajo. Si dices eso y tienes que empezar a picar los cimientos para un palacio de 200 habitaciones y un foso de 4 kilómetros alrededor y para comer te dan un puñado de arroz hervido pues a lo mejor piensas que donde estabas antes se vivía cojonudamente y no había que cambiar.

Pagoda de cinco pisos de Kofuku.
Creo que esto se podría aplicar igual al ayuno cuaresmal católico

-sí, ya sé que ahora no lo hace nadie, pero es que antes te podías ir al infierno para toda la eternidad si lo rompías- o al ayuno musulmán. El clérigo que lo dicta que vaya a trabajar todo el día en el campo o en una forja.

¿Se te ocurre algún otro? Seguro que sí.

Más sobre los cinco cereales.

Los japoneses son muy poéticos en sus descripciones. En un libro sobre la historia del país dice: “En los tiempos del quincuagésimo segundo emperador humano, el séptimo mes del noveno año de Konin, la sequía era muy severa y el color de los cinco cereales palidecía. Entonces la corte imperial envió mensajeros y presentó ofrendas, incluido un caballo negro, y se celebraron los ritos de oración por la lluvia”. Que también es mala suerte que la sequía afecte a los cinco cereales al mismo tiempo. Además en aquellas épocas no solamente tenían problemas con la sequía y ofrecían un caballo negro, sino que a veces tenían problemas con las lluvias y entonces ofrecían un caballo blanco. Y es que estaban en un sinvivir.

Coraje.

Antes de irme de viaje un líder político dijo de un amigo suyo que tenía “mucho más coraje” que otro oponente político.

La primera definición del diccionario de la RAE dice de coraje: Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor. Y eso es jodidamente difícil de medir. Y además no tengo claro que eso convenga para un ministro de economía. La segunda definición, irritación, ira, sí se puede comparar entre dos individuos pero lo mismo que la primera no parece que sea una virtud ministerial. “Mira te voy a hacer ministro porque siempre estás cabreado”. Pues eso, que hay que medir las palabras o saber qué significan.

Acojone.

Frente a lo anterior una frase de una sentencia de Mehmed IV, sultán otomano del siglo XVII: “Que mi ilustre decreto se cumpla; tenga cuidado el que se oponga”. Eso sí que daba miedo.

Verdadero coraje.

Jardín zen
Un monje japonés del siglo XV antes de morir a los 88 años (que en ese siglo sería como hacerlo ahora con 200 años) se despidió de sus discípulos con las siguientes palabras: “A veces sostuve el cielo; a veces, la tierra. A veces me convertí en dragón; a veces, en serpiente. He recorrido a voluntad los ciclos de la vida y de la muerte. He tenido en la boca a todos los padres de nuestra fe. Doy lo que quiero y cojo lo que quiero. Ataco al leopardo a dentelladas; mi espíritu pulveriza montañas”.

Manuel Vicent.

Templo Higashi Hongan.

De una columna suya en El País:

“En todas las universidades de Occidente, alumnos y profesores juntos, desde mitad del siglo XVIII, suelen cantar el himno Gaudeamos igitur para coronar un acto académico solemne. Se trata de un cántico que incita a los estudiantes a gozar de los placeres efímeros de este mundo antes de que sea tarde. Si la visita de Ratzinger a la Universidad La Sapienza de Roma no le hubiera sido negada, la conferencia del Papa acerca de la fe habría sido rematada por este himno epicúreo y nihilista… (al final) el Papa con la bendición habría hecho brillar una piedra preciosa sobre todas las cabezas y los estudiantes de la universidad hubieran empezado a entonar su himno: “Alegrémonos, pues, mientras somos jóvenes, puesto que después de la alegre juventud y de la incómoda vejez nos recibirá el seno de la tierra. ¿Dónde están los que antes de nosotros pasaron por este mundo? Nuestra vida es corta, en breve se acaba, viene la muerte velozmente y no respeta a nadie. Vivan todas las vírgenes fáciles y hermosas, vivan las mujeres tiernas, amables, buenas y laboriosas”.

Pues lo dice el Vicent pero no me creo que el Papa, que sabe latín, en los dos sentidos, en el de la lengua y en su astucia, lo hubiese cantado.

Sobre la uve en las poses fotográficas.

He escrito que es un estándar. Creo que más que eso es una representación convencional, que es así como se llama en el mundo artístico. Como la posición frontal de las caras en el mundo románico. Que por cierto tampoco sé por qué lo hacían así.

Le he preguntado a mi amigo Hiro y cree que la uve significa paz y que es una copia de esa señal en el mundo americano de los años 60. No sé.

Helvética.

Es, entre otras cosas, un tipo de fuente en tipografía. Si el procesador de textos de este blog lo hubiese permitido me hubiese gustado escribir esta entrada en ese tipo de letra.

Estuve en una exposición en Madrid sobre los tipos en tipografía y de éste decían que había ganado un premio de diseño. Las razones: calidad, audacia, ubicuidad, personalidad, precisión, legibilidad, regularidad, claridad modernidad y calidez. Menos un par de ellas el resto parecen salidas del discurso de un conocido líder político del centro. Y a mí, excepto el de la ubicuidad, que no lo entiendo en ese contexto, también me hubiese gustado conseguir todas esas cualidades en estos escritos: calidad, audacia, personalidad, precisión, legibilidad, regularidad, claridad modernidad y calidez. Espero haberlo conseguido con alguna al menos.

Ubicuidad.

A propósito de la entrada anterior.

Como no podía ser menos el diccionario de la RAE la define como “Cualidad de ubicuo”.

Y de ubicuo da dos definiciones:

La primera es la que me enseñaron los padres escolapios y a la que nunca aspiré por razones obvias: “Dicho principalmente de Dios: Que está presente a un mismo tiempo en todas partes”. Pero la segunda, que acabo de conocer, sí que me gustaría que se me pudiese aplicar: “Dicho de una persona: Que todo lo quiere presenciar y vive en continuo movimiento”.

Yasunari Kawabata.

Escribe en “Lo bello y lo triste”:

“Primero vio uno de sus pezones. Era un botón rosáceo casi transparente. Algunas mujeres japonesas tienen la piel muy clara y radiante de feminidad, una piel quizá más bella y tersa que la piel con un leve tono rosa de las jóvenes de occidente. Y los pezones de algunas muchachas japonesas tienen un matiz de rosa incomparablemente delicado. El cutis de Keiko no era tan claro, pero sus pezones parecían recién lavados y húmedos. Eran como un pimpollo sobre su pecho de marfil. No se advertían pequeños pliegues ni textura granulada y sus dimensiones invitaban a posar tiernamente los labios sobre ellos”.

Precioso.

Torii

La muerte.

Casi todo lo que he leído de literatura japonesa tiene que ver con al muerte. O escriben mucho sobre ella o los que seleccionan los libros para publicarlos tienen una especial predilección por ella. Y además, es que los escritores se suicidan mucho, o por lo menos los que conocemos. Así Kawabata, al que acabo de citar, o su discípulo Mishima. He leído un libro de Siruela (¡qué libros tan bonitos edita!) que son cuentos japoneses casi todos relacionados con la muerte, los muertos y los seres que viven más allá de la vida. Pero siempre con una relación natural con ella. Nada dramático. Y siempre ineluctable.

Y he encontrado una de las más bellas definiciones de la muerte:

”Contemplo ahora este preciso instante

En que Buda ha enmudecido de asombro.

Todo gira rítmicamente

Me poso en la llanura de la nada.”

Dilo en voz alta: “Me poso en la llanura de la nada.” ¿Has oído una forma más bonito para describir la muerte? Tu muerte. Mi muerte.

Tu muerte.

Eso lo te lo dejo para ti.

Mi muerte.

Tengo que ir pensando más en ella. Y tengo que dejar escrito que quiero que hagan conmigo en esos momentos. Por ejemplo, me gustaría que estuviese cerca un buen Doctor Montes y lejos los de la CEE y el señor Lamela. No creo que el dolor sirva para nadie. Cuando era un niño los buenos padres escolapios, y antes las monjitas de Santa Ana, nos decían que cuando te pasaba algo malo o tenías algún gran dolor lo ofrecías para la salvación de los chinitos. Creo que en la transmisión del deseo se cambió “salvación” por “procreación”. De todas maneras ahora ya están “salvados”.

A veces oigo alguna música que me gustaría que se utilice para recordarme en ese final. Siempre algo de cámara. Generalmente algo de Beethoven o Schubert. La última fue el tercer movimiento del cuarteto número 2 de Tchaikovsky. Tampoco estaría mal “L’Introduzione” de “Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz” de Haydn (que se puede escuchar pulsando aquí) . Así mis amigos y seres queridos oyendo esa música y brindando con una copa de cava elaborado con pinot noir.

Siempre el inglés. O “English forever”.

Cuando buscaba lo de los “love hotels” de Tokio, intenté encontrar la palabra inglesa para “picadero”. Pues “picadero” es “riding school y es que este idioma siempre nos lleva tres pasos por delante. Porque, claro, a tu enamorada o enamorado no puedes decirle que vaya a pasar la tarde contigo a un “picadero” e incluso si eres una hija de una familia tradicional, de la que habla el Sr. Rajoy, pues no le puedes decir a tus progenitores que vas con Borjamari un par de horas a un picadero, pero si dices a una “riding school”…

Por si os pasaba algo semejante a mi chasco del templo de Ryozen he buscado como se dice en inglés “alfajor” y “almojábana”. Fracaso total. Tengo una amiga madrileña-escocesa a la que acudo cuando no tengo resultados con el diccionario. No me he atrevido, a hacerle esa pregunta pues no estoy seguro de si conoce las palabras castellanas, sobre todo cuando he buscado “alfajor” en el diccionario de la RAE y da como definición “alajú”.

Sí he tenido éxito cuando he buscado “pebetero”. A las fotografías que pongo en Flickr les suelo poner una descripción en castellano y a veces en inglés. En el templo de Ishite había un pebetero que fotografié y puse en flickr con esa descripción. El problema fue cuando intenté ponerlo en inglés. Gracias a mis conocimientos eclesiales y angelicales recordé que a los ángeles que inciensan se les llama “turiferarios”. También a los secuaces de algunos políticos y poderosos. Yo he conocido a varios en mi vida profesional. Pues a través de esa palabra llegué a la traducción inglesa de pebetero: “thurible”. Y “thurifer” por turiferario. Por si quieres insultar a alguien. Todo un éxito en la búsqueda.

Escribí en Fukuoka sobre los “love seats”. En aquel momento estaba convencido por su traducción directa de que eran una par de sillones para que las parejas estuviesen muy cerquita y muy cariñosos. Error: en el diccionario dice que un “loveseat”, así todo junto, es un sofá de dos plazas.

Y ahora el japonés.

¡Lástima que haya llegado tan tarde a este idioma! ¡Nunca podré ir más allá del “gracias”! Pero sí que he encontrado las dificultades de los homófonos. O casi. En japonés “kakemeguru” quiere decir “por los eriales”. Y yo voy mucho “por los eriales”. Pero “kakemeguri” quiere decir “por los burdeles”. Y así estaba yo cerrando mucho la boca, como una carpa, para decir el final “guru” y no me entendieran “guri”.

Más japonés.

Para el caso de que estés perdido.

He descubierto que sabía más japonés de lo que pensaba. Yo creía que solo sabía una palabra: “sayonara”, que aprendimos en la peli del mismo nombre con Marlon Brando y que incluso durante alguna temporada se decía en España para despedirse. Pues he descubierto que sabía otra palabra. O sea el doble. También conocía “caqui”, en japonés “kaki”, fruta que me encanta desde mi más tierna infancia.

Fahrenheit 451.

Del artículo 46 de Nagasaki.

Allí escribí que iba a hacer una lista de “mis” 10 palabras en peligro de extinción:

badajo

bellaco

almojábana

canjilón

taimado

percatar

pernocta (sustantivo. Un pernocta.)

ténder

ignaro

bodoque (en su acepción 5. m. coloq. Persona de cortos alcances.)

Terrible Japón.

O mejor, “terrible las historias de la historia de Japón”.

En el siglo XII Tadanori estaba al mando de una parte de un ejército de unos de los clanes que estaban en guerra. Durante una guerra con otro clan, Tadazumi, un guerrero enemigo, lo sorprendió durante una batalla. Galoparon caballo contra caballo y al final Tadanori se impuso. Cuando iba a cortarle la cabeza a su enemigo, uno del otro bando le atacó y le cortó un brazo con la espada. Tadanori se apartó de Tadazuni y le pidió que le dejase rezar su última oración. Los budistas japoneses (no sé los otros) creen que el paraíso está en occidente (como los emigrantes del siglo XXI), así que se dirigió al oeste y empezó a rezar su oración fúnebre. Tadazuni se acercó por la espalda y lo decapitó.

Los samurais llevaban un poema a la muerte entre sus prendas o sus armas. El de Tadanori decía:

“Sorprendido por la oscuridad

me refugiaré bajo

las ramas de un árbol.

Sólo las flores

me acogen esta noche.”

Ángel Samurai .

Si fuese yo un samurai, mi poema fúnebre de despedida de la vida, “jisey” en japonés, sería éste de Ángel González:

“Por eso mismo

porque es como os digo,

dejadme que os hable

de ayer, una vez más

de ayer: el día

incomparable que ya nadie nunca

volverá a ver jamás sobre la tierra.”

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3 comentarios to “59. Final.”

  1. Carmen Says:

    Aunque no he seguido con regularidad esta “Angelisea” japonesa, sé que el ubicuo Ángel nos permirirá soñar, pensar y, sobre todo, reír de nuevo en sus próximas crónicas.
    Una fan de los epílogos angélicos

  2. Mulliner Says:

    Magnífico. Me he reído lo mío y me he quedado encantado con tu curiosidad por el mundo que te rodea y la sabiduría que todo eso te aporta. Lo malo es que me he sentido más pedestre que nunca y es fatal, porque para sobrevivir y que los demás no te arrollen hay que pensar de uno mismo que es el mejor. Funciona, al menos para quienes son capaces de mirarse al espejo y verse así.

  3. Angel de Japón Says:

    No sé si los samurais se miraban mucho en el espejo.

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