46. Nagasaki, día 2. Primera parte.

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Estoy escribiendo el borrador en mi habitación del hotel. Es de noche y éste es el último piso, el 11, y desde la ventana tengo frente a mí una gran parte de la ciudad pues no hay ningún edificio delante. A mi izquierda el puerto y a lo lejos un puente iluminado que cruza la bahía. Y el cielo muy estrellado. Una gozada.

Hoy voy a hacer una visita de templos y de la parte de la ciudad que fue europea. Salgo del hotel dispuesto a andar todo el día. Así ha resultado al final una paliza.

El otro día dije que en este país no se veía un policía. Pues esta mañana había siete con dos coches y un ciudadano que debía ser el propietario de otro que estaba estacionado en un carril. De los siete había unos que llevaban una porra pequeña, otros porra y arma y otros nada. De ellos dos chicas. No se veían signos de colisión y menos de heridos pero algo grave debía haber hecho aquel abatido conductor. Le preguntaban, medían el suelo con precisión y apuntaban en un formulario. Me hubiese encantado saber de qué le acusaban. Desde luego si la multa es proporcional a la dedicación prestada y a los medios empleados a aquel ciudadano lo crujirán.

Veo en algunas calles tal cantidad de cables colgando que me recuerdan a otros países asiáticos aunque aquí no se perciban problemas de seguridad ni peligrosidad.

El cielo está azul brillante, la temperatura es agradable y yo me encuentro feliz.

Templo de Sofuku
El primer templo que visito es el de Sofuku. A no confundir con el de Shofuku al que fui ayer. Por eso al preguntar por uno es fácil que te envíen al otro aunque están separados más de un kilómetro. Y es un templo que merece la pena visitar. Tiene una gran entrada pintada de rojo que parece que indica que es de origen chino. Así una de las puertas de madera fue diseñada y cortada en Ningpo, China, y traída aquí en barco en el siglo XVII. Que también son ganas. Dicen que es un ejemplar único en Japón. Otra de las cosas famosas de este templo es un caldero muy grande. Pero mucho. Fue fabricado por orden de un sacerdote chino, Qiandai, para hervir “porridge” para las masas hambrientas de Nagasaki. Parece que en 1680 hubo una mala cosecha de arroz y al año siguiente la población las pasó canutas. Entonces Qiandai recogió donativos para dar de comer de tres a cinco mil personas diarias con “porridge” hervido. Yo tuve mi primer encuentro –y espero que el último– con ese alimento en mi viaje a Sikim y escribí sobre ello. Desde luego jodida tenía que estar la cosa en Nagasaki en 1681 como para hacer cola para comer “porridge” hervido.

Los templos de este conjunto de Sofuku están muy bien. La guía dice que hay una estatua de Maso, diosa del mar, pero mis conocimientos de la mitología y del japonés no me han permitido saber cual era. Además en estos templos los visitantes son turistas japoneses, no fieles, y tampoco están muy enterados cuando les preguntas.

Hay una estatua muy importante de la que dice un letrero que tiene “cinco órganos de plata y seis de algodón”. Las religiones cada día me dejan más perplejo.

La sala principal de Sofuku es el edificio más antiguo de Nagasaki (gracias a los dirigentes americanos de 1945, que los de ahora no tienen la culpa de aquello) y lo levantaron comerciantes chinos en 1646.

Todo el conjunto es de la secta zen Obaku fundada por residentes chinos en Nagasaki.

Esta ciudad es la más fácil de visitar de las que he visto. Hay muchos letreros indicando la dirección y la distancia de las cosas importantes a ver. Y además no eres el único que se pierde o busca algo pues es muy frecuente ver a parejas de japoneses por la calle mirando un mapa.

Paso por el templo de Daiko y luego por el de Hosshin Aquí dice que vayas por ver una campana de 1438 también forjada en China pero el templo es pequeñito y está cerrado. La campana debe ser de adorno pues ni tiene un madero perpendicular a ella como en otros templos, ni tiene badajo.

¡Qué palabra “badajo”! Yo creo que está en peligro de extinción como la marsopa caballuna del río Pitarque. Puede que haya que hacer con algunas palabras como hacían con los libros en “Fahrenheit 451”. (Lo siento amigos lectores, me refiero al film de Truffaut; no he leído la novela de Bradbury). Los fanáticos de las palabras nos aprendemos 10 cada uno y las intercalamos en las conversaciones siempre que podamos. Además podría ser una lista “viva” pues cuando una palabra saliese del peligro se podría quitar y poner otra. Así además se evitaría que el personal se cansase de ti de tanto repetir las mismas y dijeran que “¡joder, ya está aquí otra vez el pesado del badajo”. Voy a hacer mi lista y la pondré en el último artículo. Desde luego estará badajo pero solo en la primera acepción del diccionario, la relacionada con la campana.

Después visito Daion. Fundado en 1641 fue uno de los más grandes, destruido por el fuego en 1959. La guía remarca una tumba y un árbol. Este es un kuroganemochi, Ilex rotunda, de la familia de las aquifoliáceas, como el acebo. Es un árbol espléndido de 15 metros de alto y dos y medio de circunferencia, con una corteza casi blanca muy bonita. Este tiene unas bayas rojas brillantes y muy abundantes. Y digo “éste” pero siendo un árbol hembra, ¿tendría que decir “ésta”? Si el lendakari además de serlo de los vascos y de las vascas, lo fuese también de los árboles, ¿diría “estos y estas árboles”? Lo que no sé es donde está su pareja pues cuando lo remarcan tanto es que es singular. Y los “singulares” de sexo poco. O nada.

Y ya solo me quedaba buscar la tumba de Matsudaira Yashuside. Vivió de 1769 a 1809 y fue el magistrado octogésimo primero de Nagasaki, recibiendo un salario de 2000 koku. Ni idea si estaba bien pagado o lo hacía por el prestigio y con 2000 koku no había ni para el “porridge” matutino. Porque te dan la información pero sin ninguna explicación. Por ejemplo: “era un salario estupendo” o “era una puta mierda”. O “la chica de servicio ganaba más que él”. Lo dicen como si todos los que leemos esa información fuésemos unos estudiosos de la economía japonesa del siglo XVIII. Vaya, a algunos puede que les parezca un dato importante pero a mí me parece una gilipollez. Como cuando los guías te dicen “esta sala tienen 17.453 azulejos y hay siete que están rotos”. ¿Para qué ese saber enciclopédico? Sigo con el octogésimo primer magistrado. También fue conocido como Yashusira y en la guía lo llaman Zushonokami. Si es difícil buscar a alguien con un apellido imagínate con tres. Sigo. En aquellos años los holandeses, que como recordaréis de ayer, estaban establecidos en Nagasaki ocupando el lugar de españoles y portugueses, eran enemigos de los británicos en las guerras napoleónicas. El 15 de agosto de 1809 el buque británico Phaeton entró ilícitamente en el puerto de Nagasaki y cogieron como rehenes a dos comerciantes holandeses. A cambio pidieron combustible, agua y provisiones. Matsudaira pidió tropas de refuerzo pues estaba falto de personal pero los que tenían que enviarlas no lo hicieron y se debió claudicar a sus peticiones. El Phaeton se fue el 17 de agosto. Y es que los japoneses siempre han sido muy educados. “¿Qué tenéis a dos holandeses? ¿Qué os lo vais a comer vivos? Espera que te envío a cuatro más con la receta del sashimi. Por nosotros que les den”. Y esos británicos siempre tan prepotentes y taimados. Que entraron en el puerto con bandera holandesa para engañar. Pero el bueno de Yashuside se sintió responsable del incidente; escribió una descripción detallada de lo que había ocurrido y se suicidó. Tenía 41 años. El pueblo lo sintió mucho y le construyó un santuario que se llamó como él. Lo enterraron como si fuese un dios.

Esta es la historia. La guía remarca su tumba y dice que para llegar a ella “en la entrada sigue el camino que lleva a la tumba de Matsudaira”. Lo que no te dice es que detrás de Daion-ji está el cementerio más grande que he visto en Japón. Está en las faldas de una colina encima del templo y las tumbas forman como unos corralicos, de manera que el resultado final es como un laberinto donde siempre acabas en una tumba sin salida. Había bastante gente arreglándolas y poniendo flores. ¡Qué cuidado y qué limpieza! ¿Y cómo preguntar por la tumba del prócer que además tienen tres nombres diferentes y largos? Pero he visto a unos empleados, quizás enterradores, que iban cargados con unos trozos de mármol. Resulta que uno hablaba tres o cuatro palabras de inglés y además no tenía ganas de trabajar, o ya había acabado y estaba aburrido o era el enterrador más servicial que he conocido.

Imaginaos que lleva boina, que no la llevaba, se la echa un poco para atrás y se rasca la frente justo en el sitio que empieza el pelo. Cierra los ojos y dice: “Matsudaira, Matsudaira…el caso es que me suena mucho”. Pues algo así. Y ladera arriba, ladera abajo, muy empinada. Cada vez que encontrábamos a una familia en un corralico cuidando una tumba les preguntaba. Y yo intentando decir cada vez que además de Matsudaira, se llamaba también Yashuside o Yashusira o Zushonokami. Imagínatelo con mi inglés, la falta de inglés de ellos y mi falta total de japonés. Así más de media hora pues yo le decía al enterrador que muchas gracias pero que me marchaba y él que no, que estaba por allí, que le sonaba. Al final hemos ido a otro templo que había al otro lado del cementerio. Estaba todo cerrado pero ha entrado en un edificio y ha salido con un mapa con algo marcado a bolígrafo. Y me ha llevado a una tumba que me juego la mano izquierda que no era la del bueno de Matsudaira, porque ni era diferente a las demás ni parecía que fuese del siglo XIX. Le he dado las gracias mil veces y él se ha empeñado en que me quedase con el mapa del cementerio. Estoy convencido que hay una inscripción al lado del templo de Daion que dice “aquí yace Matsudaira”. Pero no la he visto. Y no la veré pero ha sido un interesante paseo entre los muertos.

El templo donde ha conseguido el plano el enterrador era el de Kota-ji, del que la guía dice que es el único de Nagasaki con un seminario en activo de monjes. Eso entiendo por “monks-in-training”, porque lo de “monjes en prácticas”…También dice que este lugar es el favorito de los artistas. Pero allí no había nadie. A lo mejor es que era la hora de comer. O la de la siesta.

A propósito del dimorfismo sexual del kuroganemochi y los políticos.

No solo el señor Ibarreche emplea continuamente lo de “ellos” y “ellas”. Donde vivo no han querido ser menos y alguien descubrió que los semáforos tenían un muñequito que era “él” porque llevaba pantalones. Y otro alguien decidió que las mujeres no estaban representadas en ese muñequito así que había que cambiar algunos semáforos y poner muñequitos con falda. Maravilloso. ¿Pero qué mujeres llevan faldas en España? Pues las norteafricanas y las testigas de Jehová.

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Una respuesta to “46. Nagasaki, día 2. Primera parte.”

  1. luigi Says:

    aquí son minifaldas lo que llevan las chicas no?

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