19. Himeji. Segunda parte.

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Himeji.

La guía la define como una ciudad pequeña. Y luego dice que tiene 536 mil habitantes. También que es la sede del castillo más impresionante de Japón: Himeji-jo. Ya te puedes imaginar que “jo” significa “castillo”. Estos de la guía a veces se pasan de listos. Es algo así como: ¿Cómo se llama el castillo de Alcañiz? Pues “el castillo de Alcañiz”.

Como ayer en Nara me encuentro una oficina de turismo en la estación. También una viejecita pero ésta sin conversación de por medio me ha largado un mapa. Camino del castillo he pasado por otra. Aquí también aquí hay una señora pero ésta me ha explicado algo más. Y al salir de la oficina de repente te encuentras con el famoso castillo. No sé si será el más impresionante de este país pero sí de los que más he visto en mi vida.

Himeji-jo.
Es del siglo XVI. Lo más notable es la torre del homenaje de cinco pisos, aunque hay otras muchas fortificaciones. Tiene un gran foso y grandes murallas. Y como no podía ser de otra manera se visita de forma muy ordenada, para que no te pierdas nada pero tampoco se produzcan aglomeraciones.

A la entrada de la torre tienes que descalzarte y ponerlos en una bolsa de plástico –cosa común en muchas visitas- y colocarte unas sandalias.

Cambio de calzado en castillo.
Esta torre tiene toda la estructura de madera así como los techos y suelos. Bastantes explicaciones en inglés. Una de sus curiosidades son unas troneras especiales para echar piedras o agua o aceite hirviendo a los que intentaban asaltarla.

En la entrada del castillo me encuentro con dos parejas de españoles de mediana edad. Llevo los días de Kioto sin hablar con nadie, excepto unos minutos con el alemán Tobías cuando llegué, y charlo un poco con ellos. Curiosamente conocen a una chica que estudió conmigo cuando yo tenía 15 años. Es que eran una pareja de hermanos que tenían los nombres cambiados: él tenía un nombre que habitualmente es femenino y ella al revés. Debía ser cosas de los santos locales. Y esos nombres no se te olvidan.

Los españoles me han dicho que hacía años que no hacía tanto frío en Kioto.

Alrededor del castillo y también visitándolo montones de escolares de párvulos. Como van más o menos uniformados y con la gorra del mismo color los del mismo grupo forman unos conjuntos muy graciosos.

Escolares
Hoy tenía la esperanza de que hiciese sol pero ha habido de todo: un poco de sol, mucho tiempo nublado y unas pocas gotas.

Voy a comer a un restaurante que recomendaba la guía. Como ayer me encuentro que no está el nombre con caracteres latinos y pregunto a un japonés que tampoco conoce el lugar pero es capaz de leer los letreros. La especialidad de hoy son fideos hechos en el mismo local. Y además plato único. Afortunadamente tienen una carta en inglés donde explica cada una de las 10 ó 12 maneras de cocinar y servir los fideos. Elijo una que dicen que es única de este establecimiento.

Inciso culinario.

Dentro de los consejos que dan para venir a Japón no he leído ninguno que diga que tienes que saber comer con palillos. Pero no en el plan gracioso de cogerlos cinco minutos cuando vas a un chino. Y al consejo yo añadiría que hay que saber hacerlo pero con los de punta redonda y estrecha. En algún país del sudeste asiático te dan la opción de la cuchara pero aquí no. Sólo palillos.

Sigo con el restaurante. El plato consistía en un gran bol con los fideos hervidos y servidos con el agua de la cocción, y un bol más pequeño con una salsa o sopa concentrada. Y en un platito cuatro o cinco cosas para que te las echases en el bol pequeño. Porque lo he preguntado porque sino igual me las como como las aceitunas de un aperitivo. Y un huevo crudo de codorniz para que lo cascases y lo echases también en el bol del caldo. La mecánica era: cogías un fideo del bol grande, con los palillos, y lo echabas en el pequeño, y de allí te lo comías. Lo que pasaba es que no había nadie para tomar ejemplo excepto una pareja que estaba comiendo otra cosa. Estos días he comido fideos en cuencos varias veces pero no era problema, pues una vez te has metido un trozo en la boca ya puedes ir comiéndotelo. Y ellos más que comer lo aspiran: schurrpll…Pero aquí tenía que coger con palillos de punta redonda fina un fideo de unos 60 centímetros de largo y pasarlos al otro bol. Y cuando estaba a mitad se me resbalaba y vuelta a comenzar. Desde el bol pequeño no era problema pues de allí iba a la boca. Además tenía que ser de uno en uno pues como eran fideos caseros, cada uno además de los 60 centímetros de largo medían medio de ancho. Pero estaba buenísimo. Cuando he acabado ha entrado un cliente habitual, ha pedido lo mismo que yo, me he quedado para espiarlo y he aprendido a hacerlo para mi próxima visita a Himeji.

Esperando que mejorase el tiempo he ido a visitar unos jardines que hay al lado del castillo. Son una maravilla aunque todas las flores están a punto de salir. Había una colección de bonsáis gigantes que era una preciosidad. Bueno, a lo mejor es una tontería como decir “enano muy grande” y no eran bonsáis de verdad. Y de nuevo “¡lastima de tiempo!”, porque era tan desapacible que a pesar de lo bonito del entorno no apetecía quedarte allí sentado un rato.

Jardines de Koko-en.
Vuelvo a la estación y pido adelantar la vuelta. Los empleados de la RENFE japonesa tienen unas pantallas táctiles y en cinco segundos, sin teclear nada, te dan el nuevo billete. Además me lo han cambiado por un tren mejor, como el que vine de Tokio y así la venida me ha costado 90 minutos y el regreso sólo 56. Ambos trenes eran muy buenos. La diferencia es que en el “lento” hay una pantalla donde ves lo que está viendo el maquinista y en el rápido no. Imagino que sería un mareo o como en las películas de ciencia ficción cuando pasan de una dimensión a otra. Pero así durante una hora.

Llego a Kioto y descubro un trozo de estación que todavía no conocía. Es la de los trenes rápidos. Llegué a esta ciudad por ella pero con el atontamiento no me había enterado que era otro edificio dentro de la estación.

Me voy al hotel y luego me da una pereza enorme salir a cenar pero me fuerzo a hacerlo. Voy a los bajos de unos grandes almacenes donde hay varios restaurantes. En uno ofrecen unas tortillas francesas enormes que llevo varios días viéndolas y que me apetecían mucho. Pido una y he debido pedir la de tamaño gigante pues la carta está con fotografías pero solo en japonés. Si fuese todo huevo sería de 15 por lo menos. Ha resultado ser una tortilla francesa rellena de arroz. No era horrible pero ha sido la peor comida desde que estoy en este país. Y la más cara.

Y sigue el frío en la calle.

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2 comentarios to “19. Himeji. Segunda parte.”

  1. Luigi Says:

    ya vemos que para ir a Japón hace falta preveer el uso de palillos además de como se utilizan dependiendo de la comida que pides, madre mía que dificultad!

  2. Angel de Japón Says:

    La ventaja es que el tamaño es estándar en todo el país, 20 cm, y la comida es tan buena…

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