Uno de los problemas de no publicar las crónicas del viaje en el momento en que las escribes es que dentro de un mes, cuando se publiquen, algunos de mis pensamientos de esta noche parecerán prehistoria.
En estos momentos tengo el corazón “partío”. Hoy he visitado templos zen, jardines maravillosos de una sencillez increíble, lugares que parecían de la edad media pero sin su barbarie y hace un ratito he recibido una nota de mi mujer: “que ha vuelto a hablar de la niña”. Imagino que es una broma suya. Por primera vez desde que estoy aquí leo en internet un periódico de España. Es verdad. Que ha vuelto a recordar a la niña. ¿Pero qué consejeros tiene Don Mariano? Pues seguramente los que tienen todos los poderosos: los que les dicen lo que quieren oír. Claro, hablo del famoso debate, segunda parte. Lo que pasa es que en este caso parece que estén trabajando para el enemigo. Sea donde sea que se sitúe éste. Con este ánimo quiero ponerme algo de música y estoy dudando entre Doña Concha Piquer o música japonesa. Al final me decido por lo seguro: lo último que he oído de Savall. Se podría llamar “la familia que interpreta unida permanece unida”, pues tocan 3 y cantan 3. Para los que no los conozcáis no son 6, son una pareja, su hijo y su hija. ¡Qué envidia! Nosotros también somos así en cuanto a estructura pero, al margen de la falta de cualidades musicales, es que nunca hubiésemos podido tocar juntos la misma partitura.
Estoy escribiendo en la habitación del hotel. Este a diferencia del de Tokio, tiene “habitaciones japonesas”. En algunos te dejan elegir entre éstas y las de “estilo occidental”. ¡Esta gente es muy inteligente! La cantidad de cosas que se ahorran. Lo primero las sillas. Luego las mesas. O por lo menos las patas de las mesas. Porque hay una mesa pero de unos 30 centímetros de altura. Así sirve también de mesilla. Y no hace falta cama. Un colchón doblado, que además cuando ves la habitación parece mucho más grande. Y el cuarto de baño mejor diseñado que he visto en mi vida. Si quitasen un centímetro en cualquier sitio sería pequeño, pero así es como si lo hubiesen construido estando yo dentro. Lo único que es más grande de la cuenta es el ancho del papel higiénico. En un viaje por algún país del sudeste asiático hice el comentario que el ancho del rollo era menor que en España y que así se ahorraban un montón de papel al año y por habitante. Imagínate toda la nación. Pues en España ya lo venden también más estrecho. Y al mismo precio que antes. Pues en Japón al revés: dos o tres centímetros más ancho. En una información de un hotel como éste decían que la ventaja de estos muebles es que no te podías caer de la cama. También podrían decir que se duerme como en un camping con un aislante por colchón. Pero estoy encantado y si se puede elegir lo volveré a probar.
Hoy he ido a visitar lo que se llama los templos de Higashima. En este distrito es donde están concentrados la mayor parte de lugares para ver en Kioto. Hoy visito la parte sur y mañana la norte.
El día nublado, nublado y frío, frío.
Como en este hotel no dan de desayunar pero sí hay un termo y té, me he tomado uno y me he lanzado al recorrido.
En Kioto el billete de bus cuesta 220¥ y hay un pase para todo el día por 500.
Vivo al sur de la estación de ferrocarril y todo el transporte está concentrado en ella: el tren, los autobuses y el metro. Cruzar la estación por los pasos subterráneos y saber por la puerta que debes salir es un problema. Por lo menos las primeras veces. Pregunto a un señor con uniforme. Me dice en un inglés perfecto: “todo recto”. Y a continuación sigue en un perfecto japonés y me explica durante cinco minutos que vaya hacia un lado, que gire, que siga, que gire,…Vaya eso entendía por los gestos de sus manos. Cada vez que pregunto me pasa lo mismo: la gente es super amable; me indica y me lo explica. Pero todo en japonés. Cojo el autobús que va llenísimo. Les pregunto a unas chicas para que me digan cual es mi parada. Pero no sé si me han entendido. Luego me doy cuenta que en el letrero luminoso del autobús pone la próxima parada. Lo que pasa es que sale 5 segundos en caracteres latinos y cinco minutos en japonés. Lo mismo por la megafonía. Todo es cuestión de acostumbrarse.
El recorrido por los templos es una procesión de gente. Algún occidental de vez en cuando y muchos turistas japoneses. Sobre todo jóvenes y escolares de secundaria. Estos van de uniforme y en grupos de 4 ó 5 pero separados los chicos de las chicas. Quizás es que los colegios no son mixtos y son de diferentes centros. Y cada grupito lleva un señor mayor, de unos 50 ó más que les va explicando todo y como deben hacer en algunas circunstancias. Por ejemplo, en algunos sitios sale agua de un caño y hay unos pocillos atados a una caña.

Pues entonces les explican como cogerla, como echársela por las manos y como beberla. A mí me lo había explicado Hiro en un templo que visitamos en Tokio. Lo que no sé qué serán esos señores pues me parece un lujo que cada 4 chavales tenga un guía. Quizás son de familias adineradas. O mejor de algún colegio concertado y lo que se ahorran en enseñanza (los padres) se lo gastan en actividades. (¿De qué me suena eso?). Al comienzo pensé que quizás eran como educadores tipo “clases prácticas de Educación para la Cuidadanía”, pues iban también de uniforme, pero luego he visto a una señora extranjera con uno de ellos. Y es sorprendente porque si hay un país donde no necesitas un guía es en éste. Todo está perfectamente marcado e indicado. No te puedes equivocar de camino aunque quieras. Por donde no se puede pasar te ponen una barra. Por donde sí, una flecha que indica el camino. Claro que sólo el letrero de entrada está en inglés y sin guía no sabrás esas informaciones tan precisas e importantes, que de todas maneras habrás olvidado antes de llegar al hotel.
El acceso al primer templo es una calle llena de tiendecitas y pequeños restaurantes. Los jóvenes japoneses no paran de entrar y comprarse cosas. Como nuestros abuelos del Inserso. Solo que aquí no hay abuelos. ¿No viajarán los viejecitos japoneses?
Los templos son preciosos. Todos están cuidados como lo está este país. Los cerezos están a punto de florecer pero parece que este jodido frío no les deja. Si ahora es bonito, con los cerezos en flor debe ser impresionante. En casi todos los templos hay que pagar para entrar. El precio de la comida ha resultado más barato de lo esperado y presupuestado pero con los templos no he acertado. Pero merecen la pena.
En uno de ellos hay un jardín hecho con grava que es una maravilla. Hay un gran templo de madera soportado por columnas también de madera que forman un conjunto impresionante.

Un espectáculo muy interesante para mí es la gente. O mejor los jóvenes japoneses. Hay algunas parejas pero la mayoría son grupitos de chicos y chicas separados. Y a diferencia de la mayoría del país que suele vestir muy formal y muy oscuro he visto a algunos muy excéntricos. Y he visto también a dos sin dientes. Peor, con un solo diente
No recuerdo haber visto ninguno así en España. Y las chicas más estrafalarias que he visto en mi vida. Algunas minifaldas increíbles. ¡Con el frío que hace!
Y todos haciéndose la foto con los dedos índice y medio en forma de “V”.

No tengo ni idea de lo que quieren decir. Y de vez en cuando una pareja de chicas vestidas de geishas. Incluso alguna con la cara maquillada totalmente de blanco.

No sé si es que alquilan el vestido para hacer esta vuelta a los templos o que les paga el turismo local para dar colorido. Cuando veo gente disfrazada de “típicas” siempre lo relaciono con lo de las flores del 12 de octubre en Zaragoza, o sea cosa folclórica, aunque en Tokio he visto a alguna señora mayor vestida con el traje tradicional.
Al acabar el recorrido me voy al centro de la ciudad. Tiene una zona comercial muy moderna y animada. Entre las grandes firmas veo Zara. Está al lado de las tiendas de lujo. Muy bien. Al coger el autobús pregunto a una señora que esta delante de mí. Resulta que es rumana y habla francés porque está casada con uno. En una galería comercial una pareja está intentando pescar en un juego estúpido un corazón horroroso. ¡Menos mal que fallan continuamente y no lo consiguen! Lo que hace el amor…
Regreso al hotel y ceno por allí cerca en un restaurante indio.
Luego internet, la niña de Don Mariano, la escritura y a dormir.
PS.
Las piernas. Tendré que escribir una crónica dedicada a las piernas de las japonesas y sus prendas asociadas. No he visto nada más extravagante en mi vida.

En un templo hay unos amuletos para quedarse embarazada y otros para tener un buen parto. Lo curioso son los precios: el primero 1000 y el segundo 500 yenes. No sé de donde viene esa diferencia.