33. De Agártala a Shillong.

by

Sigo impresionado por el pescador de unicelulares y bacterias y pienso en la máxima de Mao, aunque no sé si es realmente suya o es apócrifa: “No le des pescado a un hambriento sino enséñale a pescar”. Yo añadiría: “Y dile donde hacerlo”.

Primera sorpresa del día: en el hotel se equivocan con la cuenta. No es mala intención porque es la factura oficial del hotel, pero es a su favor. Me cobran una cena dos veces.

Como el autobús no sale hasta las once y media me voy a visitar un mercado que además tiene monumentos funerarios al lado.

Aquí la gente no madruga pues a pesar de que son casi las 9 casi todas las tiendas y restaurantes están cerrados.

En una calle veo algo por lo que he estado suspirando todos estos días: una maquina que machaca ladrillos macizos. (¿Se llamará “machacadora”?). Al fin está ante mis ojos y liberará de la opresión de una tarea dura a los trabajadores indios. Pues no. Elimina algo de trabajo pero sigue siendo horrible.Machacadora de ladrillo en calle de Agártala.

Hay uno con aspecto de dueño del negocio, bien arreglado, que mira. El resto son gente enclenque, peor vestidos y con pinta de ganar una miseria. Cuento ocho trabajando. Van echando ladrillos a la boca de la máquina y con lo que sale del machaque forman un montón grande y dos pequeños. Casi todos van descalzos con lo que supone ir pisando ladrillos recién cortados. El colmo de la ineficacia es el transporte: al final de la cadena un muchacho pequeño se pone un capazo cargado de lo que sale sobre su cabeza. De la suya va a la de otro, que está a su lado pero que es un poco más alto. Y éste lo vacía sobre un montón. De la salida de la máquina al montón final hay dos metros. Allí llega un obrero más mayor y llena dos capazos que con la ayuda de una pértiga de bambú se lo lleva por un callejón cercano.

En los cruces importantes hay un guardia de tráfico con un letrerito en su mano que dice “stop” y así va parando a unos y otros. Puede parecer muy elemental pero a pesar de que en todas las ciudades hay muchos policías en ninguna hasta ahora he visto que se preocupasen de la circulación aunque estuviesen dedicados a ello. Vamos, que no hacían ni caso. Además aquí son todo chicas de blanco, con boina negra y sin armas.

Mausoleos reales.Llego al mercado. Primero me acerco a ver los mausoleos reales que están al lado. Con un poco de cuidado sería un parque monumental. Así es una zona abandonada con unas grandes construcciones que se van desmoronando. Una pena.

El mercado de Botala o Batala sí que merece la pena. Veo un matarife de pollos, en cuclillas, que trabaja en plan de cadena industrial. Coge un pollo vivo y le corta el cuello y luego lo sujeta con un pie. Coge otro y la misma operación. Mientras con un pie sujeta a los dos que se van desangrando y que siguen moviéndose (los del CSI lo llamarían estertores post-mortem), coge otros pollos que ya habían pasado por este trance y los empieza a desplumar.Pollero matarife en Botala.

El mercado de pescado es, como casi siempre, el que más me gusta. Pescado de río muy fresco. Los pescateros sujetan una cuchilla curva con un pie y así descaman y cortan el pescado. Haciendo chapatis.Veo a un niño vendiendo pescaditos y me vuelvo a acordar del pobre. Entro a desayunar en un figón del mercado. Me encantan esos sitios. Una tortilla con dos chapatis. Me sirven los panes y unos vegetales en una bandeja metálica y la tortilla encima de un trozo de periódico. Estaba todo buenísimo.

En algunos puestos venden bisaltos, que tanto comí en Birmania, pero que aquí no he logrado ver en ningún restaurante.

En un puesto de jabones y cosméticos venden aceite de oliva español: una latita de 150 gramos por 100 rupias de aceite de Tárrega. Otro que va en una botellita y que se llama “Figaro”, pero sin procedencia ni nombre de fabricante, se vende a 90 rupias el cuarto de kilo. O sea a unos 12 € el kilo. ¿Sabéis que antes cuando ibas a comprar aceite al molino te lo vendían a peso? Pues aquí también. El precio es alto pero es que aquí se utiliza como producto de cosmética.

Regreso al hotel y paso por delante del Museo de Tripura. La guía dice que muestra “objetos interesantes“ recuperados en las excavaciones de este estado. Poco han excavado. Creo que no he visto nunca un museo más pequeño y con más vigilantes. Casi tocan a una pieza por cabeza. Una vez en este blog decía que uno de los mejores trabajos era el de vigilante de las exposiciones del Centro Cultural de la Villa en Madrid. Pues éste todavía es mejor. Como me hacen escribir mi nombre en un registro de entradas veo que ayer entraron 12 personas. Y encima solo cuesta 3 rupias la entrada. Es pequeño pero es el único museo de todo el estado. Y una docena de visitantes en un día. Hay una galería de retratos de marajás. Todos se llaman Manikya. Debe ser como Borbón pero en tripurano. Al salir veo una postal en la mesa de la recepcionista y le pregunto si tiene para vender. No solo tiene sino que son postales horribles pero de coleccionista. Las hicieron hacen más de 30 años, seguramente cuando se creó el estado y el museo y no las han vuelto a publicar. Son tan, tan baratas que estoy a punto de comprarlas todas y luego venderlas en el Rastro como objetos únicos en el mundo.

Acertijo: ¿cuántas rupias pueden costar 8 postales dentro de un sobre? Recuerda, una rupia algo menos de 3 pesetas.

Escribo alguna y me voy a ver a la viejecita de correos de ayer, que está enfrente del mueso: “que vengo a por mi bolígrafo” Se quedó de piedra. No entendía nada y encima se debió pensar que estaba grillado. “Que no, que quiero sellos para estas postales”. Pues ella que los vendía no tenía ni idea de cual debía ser el franqueo. Y empieza una ronda de preguntas con las compañeras. Y se forma una buena cola detrás de mí. Y al final interviene la jefa, que tenía cara de pocos amigos. Para saber el precio me piden las postales. Las miran. Parece que intentan leerlas. La cola detrás de mí seguía aumentando. Al final me dijeron un precio pero creo que fue a ojo.Agártala. Correos.

En la estación de autobuses una madre y una abuela despiden al hijo y nieto. Los primero que me sorprende es que ambas besan en la mejilla al que se va. Parece mentira pero no recuerdo haberlo visto hasta ahora. Lo segundo es el disgusto de la madre: llora y casi vomita. Lo que antes se llamaba una “malagana” pero que ahora ha desaparecido. No sé si la palabra o la situación. Otra madre también llora la partida de su hijo. Debe ser el autobús de la gente sensible.

A pesar de algún deterioro, es el mejor vehículo de todo el viaje. Y además con bastante espacio para las piernas. El único inconveniente es el aire acondicionado que proporciona un ambiente helador. Una de las salidas del aire no se puede cerrar así que la atasco con papel. La primera vez lo hago en plan chapuza y pasa el ayudante segundo del cobrador y lo quita. La tercera vez es tan perfecto que ya no lo hace. O me da por caso perdido.

Mi compañero es un joven amable que habla algo de inglés y que afortunadamente va también a Shillong. Digo afortunadamente porque este bus va hasta Guwahati y cuando no vas hasta el destino final no siempre está claro donde bajarte. A veces para en la estación de autobuses y a veces atraviesa la ciudad y va soltando pasajeros. O, peor aún, la bordea y debes bajarte en el punto más cercano a donde quieres ir y que además tenga otro transporte local para llevarte allí. Por eso es tan conveniente que haya un alma generosa que te diga donde bajarte. Y mejor aún si también lo hace él en ese punto.

Nos ponen un vídeo horrible en el que el protagonista es un tío grandote que cuando se cabrea tiene una fuerza descomunal. Cuando aparece con barba se parece a un amigo mío que siempre quiere venir a la India. Debe ser que aquí tiene más éxito. Ese tío, el indio, no mi amigo, parece una buena persona pero acaba matando a puñetazos a los malos. Y no le pasa nada. Al final hasta le pega un tiro a un policía corrupto, lo liquida y como si nada. Todo muy moralizante. Eso sí, en ninguna película hay ni un “tocamiento”, ni un beso siquiera. ¡Cuánto les hubiese gustado el cine indio a los escolapios de mi infancia!

Gracias a los dioses indios el segundo vídeo se estropea.

Recorremos la misma carretera que cuando vine a Agártala y por tanto en un convoy escoltado. Mi compañero me explica que siempre se viaja así. ¿Desde cuándo? Pues desde hace muchos años. ¿Cómo se puede saber si es peligroso o no si hace años que va así? Además de la escolta hay continuos puestos de la policía. Porque al final no es el ejército quien patrulla sino mis amigos del BRPF quienes controlan todo esto. Como consecuencia salimos a las 12 de Agártala y la primera parada seria es a las 8 de la tarde para cenar. Hemos parado muchas veces pero eran debidas a paradas del convoy y no estaban planificadas y por tanto no sabías si eran de un minuto o de diez. Creo que nunca había viajado por carretera sin parar en 8 horas.

Cuando se acaba la escolta empiezan las carreras y las imprudencias. Como dije hace unos días: deberían viajar siempre con escoltas y en fila. Pero en toda la India.

En el restaurante mi compañero me ayuda a escoger la cena.

En el autobús viaja también un japonés gordito y joven. Hablo con él y me deja alucinado. Había estado en la India hace tiempo durante un mes pero ahora va a viajar durante seis meses visitando Nepal, Paquistán e Irán. Y ya ha estado en Bangladés después de llegar a Calcuta. Habla inglés pero una palabra después de otra. Todos hablamos así pero es que a él se le nota. O sea que habla muy poquito. Y encima luego me entero de que lleva como yo una mochila pequeña, una grande pero bastante más que la mía y un bolsón enorme. Sonríe mucho pero no se entera de nada. El cobrador le pregunta que a donde va. Como solo le sonríe el cobrador le dice que si a Guwahati. Y el otro sigue con la sonrisa. Y si no es por nosotros se va a Guwahati.

Seguimos el viaje.

Una luna llena enorme. Debe ser esa luna de no sé que mes en la que iba a haber grandes fiestas en Majuli.

Aprovecho que no funciona el vídeo para oír algo de música. Italiana de los años 60. No me extraña que los italianos tengan tanto éxito con las españolas: la manera en la que dicen “nuvole, mare, luna, dio como ti amo…”, y cosas así. Pues a triunfar. Pero lo borraré para el próximo viaje que tanto azúcar empalaga. Y además no soy española.

Me duermo de tal manera que hasta me da un poco de vergüenza hacerlo con tanta facilidad. Paramos alguna vez por la noche y tengo otra vez la sensación de que entro en un hospedaje de refugiados de un terremoto cuando lo hago en un restaurante de la carretera. Todos como de otro mundo y envueltos cada uno en una mantita que a veces es una toalla.

Y llega el amanecer y casi todos siguen durmiendo, pero yo no puedo después del montón de horas que lo he hecho.

Se sabe que hemos entrado en el estado de Meghalaya, mi próximo destino, porque siempre estamos a más de 1000 metros de altitud, generalmente entre 1300 y 1500 metros. Bosques de pinos, pueblos pequeños con una vegetación árida de montaña y gente abrigada. Alguna flor de pascua formando unos arbustos enormes, casi árboles como los que vi en Sikim el año pasado. Y atascos. Muchos atascos. Mi compañero que se despierta y duerme una y otra vez me dice que ocurren siempre. Pero son las 6 de la mañana. ¿Cómo puede haber atascos? Somos una larga fila de autobuses y camiones. De repente uno decide que no quiere seguir en la fila y empieza a adelantar sin nada de visibilidad. Se encuentra a otro de frente y ya tienes el atasco. O un camión aparca en la carretera, pero ocupando todo el carril. O… Y muchos camiones cargados de carbón que en las cuestas arriba casi no pueden y ralentizan más la marcha.

La gente que se ve ya no tiene aspecto de bengalí. Mi compañero me ha dicho que él es de Tripura pero tripuriano y que se casaría también con una chica tripuriana. Eso está bien, que no se mezclen los genes.

Pasamos por una iglesia católica. Y en medio de un campo una tumbas con cruces.

En algunos pueblecitos hay pequeños huertos con hortalizas en unas pendientes muy fuertes. Difíciles de trabajar e imposibles de regar.

En un pueblo en la carretera varias carnicerías con unas piezas de vacuno enormes. Son cristianos o musulmanes.

Y así llegamos a Shillong después de 20 horas de viaje.

Solución al acertijo.

(Me gustaría poder hacer como en la prensa escrita donde las soluciones las escriben cabeza abajo. Quizás el editor conozca alguna macro de word para hacerlo. Y así solo tendrías que darle la vuelta a la pantalla).

Un sobre de ocho postales en blanco y negro, que son más valiosas, de hace más de 30 años y de una calidad espectacularmente mala, cuestan dos rupias y media las ocho. O sea 2 rupias y 50 paisas, si encuentras la moneda. O sea unas siete pesetas y dos reales.

Anuncios

3 comentarios to “33. De Agártala a Shillong.”

  1. Pili Says:

    P.D.
    Como verás donde he puesto goma querìa decir coma
    mecachis que mal escribo

  2. Angel de la India Says:

    Pili, como verás en tu teclado la tecla de la “c” y la de la “g” están una al lado de la otra. De todas maneras ni me di cuenta. Debe ser que el cerebro hace como el “word” , que te corrige automáticamente. O mejor al revés: que el word hace como el cerebro.

  3. Chiqui Says:

    Si a ti te alucina el japones, a mi me alucinas tú…
    ¡¡que de experiencias e imágenes acumula tu cerebro!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s