Es siempre perturbador ver la diferencia entre lo que uno piensa de sí mismo y lo que piensan de él los demás. Umbral se consideró siempre un hombre de izquierdas y una vez dijo «todos mis amigos son de izquierdas», pero las izquierdas han estado mudas a la hora de su muerte. Desde el cruel artículo de Pérez-Reverte de hace dos años, con Umbral ya enfermo, parece que las izquierdas le han proscrito o como mínimo le han olvidado, aunque la falta de aprecio venía de lejos. Hay que suponer que es por escribir en El Mundo y por su «incomprensión» del PSOE por lo que le pagan con un silencio ingrato.
El rechazo de la izquierda se ha fraguado en los últimos doce años en los que el Umbral ha recibido los grandes premios de su vida, el Principe de Asturias en 1996, el Nacional de las Letras en 1997 y el Cervantes el 2000, todos durante las legislaturas del Presidente Aznar lo que quizá ha contribuido a identificarle. Claro que cabría preguntarse si no podría o debería haberlos recibido en años anteriores con mucho merecimiento o haber ingresado en la Academia, rechazo que él sintió mucho. Siempre hay algo de injusticia en toda selección, pero no creo que hubiera muchas protestas en aceptar a Umbral entre los 46 inmortales. Esto nos lleva a pensar en la conveniencia de que los premios importantes, en general, estén más desligados de los avatares políticos y sean más «profesionales».
Como lector siempre me ha parecido desconcertante la incapacidad de apreciar estilos diversos que muestran los pertenecientes al gremio de escritores y lo hiriente de las polémicas nacidas desde la base del estilo. Umbral no era ajeno a ellas, sino al contrario se enzarzaba con gusto, y de su negación de «estilo» a Pérez-Reverte nació la respuesta citada. Pero junto a otras razones bien fundadas, Pérez Reverte también le reprochaba no haber pasado por la Universidad y «picotear» en la obra de otros escritores, a Umbral, el columnista español más picoteado de la segunda mitad del S. XX.
No puedo aceptar como lector que no pueda apreciarse simultáneamente a Pérez-Reverte y a Umbral, a Melville y a Savater, a Marías y a Irving, con sus estilos. Tampoco entiendo las descalificaciones que pasan de la obra a la vida o de la vida a la obra, que de todo hay.
Cualquiera que haya leído, por ejemplo, «Mortal y rosa» incluso si no le ha gustado, no podrá dejar de reconocer la gran talla de Umbral como escritor y ese clamor debiera ser más fuerte que todos los silencios.
05/09/2007 a las 16:08
Muy bien descrita la situación. Supongo que las derechas tampoco valoran como escritores a aquellos que son de izquierdas. Realmente lamentable