El prepago es lo que tiene.

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El ruido comenzó a las 7. Estaba levantado por lo que la rabia no nació por lo repentino del despertar ni por perder un minuto de sueño de manera innecesaria. Me puse unos bermudas y una camiseta, me guardé las llaves, un rotulador de punta gruesa y el teléfono móvil en el bolsillo y salí a la calle. Antes había buscado en la guía telefónica el nombre del concejal de urbanismo del que me acordaba de las últimas elecciones y de una revista de autobombo municipal. Apunté su número en un papelito. No vivía muy lejos. Cuando llegué cerca de su casa le llamé. Pregunté por él, «soy yo, ¿quien es usted?». Antes de que pudiera sorprenderse le dije las burradas que me vinieron a la cabeza y colgué. Le llamé varias veces más hasta que dejo de responder. En el contestador le deje el mensaje más áspero que se me ocurrió.

Antes de volver a casa escribí en mayúsculas grandes en su puerta: INTEMPESTIVO.