Los pacifistas queremos que nos defiendan eficaces soldados profesionales, que sepan también hacer puentes para cruzar rios mesopotámicos, repartir comida liofilizada con más garbo que los camareros de Ferrán y dar ropa de abrigo con más diligencia que las vendedoras de Zara. Si queremos ser justos tendremos además que empezar a tomarles cariño.
Ya sé que los pacifistas no apreciamos el monopolio de la violencia, pero es que donde no hay monopolio, se da la violencia en régimen de repulsivo y libre autoservicio.