
No se suele afirmar que las conductas que parecen derivadas de ideas políticas o religiosas tienen causas o concausas objetivas, pero a veces parece ser así. Los conflictos armados, que suelen creerse provocados por ideas e intereses muy dispares, necesitan como condición necesaria aunque no suficiente una situación demográfica que los favorezca.
La relación entre demografía y guerra no es de ahora porque ya Marvin Harris hizo observaciones al respecto en sus libros. La novedad es que en los últimos años hay analistas que parecen avalar esa relación con estudios estadísticos poco refutables. Quien tenga interés puede encontrar varios mediante su buscador favorito.
Siempre se ha sabido que la guerra tiene influencias duraderas sobre la demografía, en el caso extremo llegando al aniquilamiento. El giro es que, a la inversa, la demografía tiene una influencia clara sobre la guerra o conflictos armados. Hay demógrafos que dicen que, aunque las razones para conflictos potenciales existen siempre, los conflictos devienen acciones agresivas y llegan a tener una mayor gravedad, en parte por causas demográficas y en concreto por la «abundancia» relativa de varones jóvenes. Las poblaciones relativamente envejecidas serían poblaciones más pacíficas. Contemplando las pirámides de población de la Comunidad Autónoma de Euskadi de los años 1986 y 1996 que pueden verse en el instituto vasco de estadística Eustat (por ejemplo aqui), claramente uno de los mejores productores de estadística en España, quizá hay que convenir que puede ser verdad. Con los datos del 2001, aunque el gráfico del 2001 no está disponible en Eustat, la tendencia empeora ligeramente, todavía más que en el conjunto de España que también tiene una pirámide muy envejecida, y llega a un límite de difícil empeoramiento. El endurecimiento arterial es malo para la lucha armada.
Notas:
El estudio esencial que afirma esta idea es «Mesquida & Wiener (1999) : Male Age Composition and Severity of Conflicts.» del que casi no aparecen referencias en español en Google. En el abstract se afirma «The ratio of the number of men ages 15 to 29 years of age versus men 30 and older in a population appears to be associated with the occurrence and severity of conflicts as measured by the number of war casualties.» o sea que la proporción entre el número de varones entre 15 y 29 años y los mayores de 30 parece estar asociada a la ocurrencia y gravedad de los conflictos con víctimas. Con proporciones (ratios) mayores, que denotan más juventud en la población, más conflictos y más víctimas en esos conflictos.
La relación estadística en el gran número de conflictos estudiados es significativa. La afirmación del estudio pone en cuestión algunas ideas establecidas, tales como el miedo a las poblaciones envejecidas (aunque parecen ser otras las razones) , la habitual obsesión natalista de los Gobiernos , la relación entre natalistas y pacifistas …
A simple vista parece ser una idea muy intuitiva no sólo por la evidente fuerza de los varones jóvenes, que puede ser peligrosa canalizada hacia el conflicto, sino porque muchas imágenes cotidianas parecen darle la razón. El aspecto cada vez más fondón y canoso de los líderes nacionalistas del entorno de Batasuna es una excelente confirmación.
Las pirámides de población tradicionales eran las más de las veces triángulos casi perfectos. La pirámide de España del censo de 1930 era un triángulo perfecto como puede verse en una ilustrativa página del INE sobre los censos del último siglo
Las pirámides de población de países con población más envejecida tienen como dice el INE «forma de pera, siendo la base cada vez mas estrecha (menos nacimientos) y la cúspide mas ancha (mayor esperanza de vida).» Tienen una clara forma de pera las actuales pirámides de población de España (en total) y aún más las de Euskadi. Si nos convence el estudio de Mesquida y Wiener habrá que convenir en ¡Viva la pera!