Presidentes.

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Hablar de los presidentes del Madrid puede parecer prensa rosa, pero no lo es si tenemos en cuenta que es opinión general que los presidentes del Barcelona y del Madrid son más importantes que los Ministros del Gobierno. Y hay un detalle que parece confirmarlo de manera objetiva: los presidentes invitan a los ministros a sus palcos y los ministros no pueden devolverles la invitación. Los dos últimos presidentes del Madrid han aparecido en sociedad con un par de rasgos similares. Han sido nombrados con el apoyo de la casualidad y tienen un aspecto contradictorio compartido. Hombres hechos a sí mismos, y tienen panegiristas que enseguida dijeron que muy bien hechos, dicen en público que se van a encargar de «hacer buenos» a los demás. Expliquémonos, quienes se hacen a sí mismos se hacen de dentro a afuera. Son personas que tienen una motivación interior, un afán de sacar el mejor partido de sus características, de jugar la mejor mano posible incluso con las malas cartas que muchas veces les han repartido, una ambición imparable. Pero estos presis han llegado diciendo, o dando a entender con su elección de entrenador, que la solución es disciplina, criterios marcados de firmeza, en resumen soluciones de uso tópico restregadas por una mano amistosa y dorada, pero dura. Y se equivocan. Nos quieren hacer creer que a una plantilla de hombres jóvenes, que por una ráfaga insignificante de mala suerte (una mala rotura de tendón por ejemplo) podrían estar jugando como aficionados, pero a los que su suerte y su calidad como jugadores les hace ganar un mínimo de 600.000 euros año (el ingreso de casi toda una vida laboral del español medio) no le basta con una motivación interior, ni con el aliciente de jugar en un gran club sino que necesita el látigo. ¡Pues no haberlos fichado! ¡Vamos hombre, no hay que confundir jugar al fútbol con vender camisetas! Para vender camisetas sí se necesita disciplina. Los juegos no necesitan disciplina sino autodisciplina. Y además eso es insultar a los jugadores y equipos que funcionan mejor que uno, que parece que les sueltan los grilletes para salir a la cancha. El fútbol es un juego sencillo, pero no necesita de simplezas.