Es cierto que hace mucho que somos inmortales, estamos en el polvo de todos los caminos, en los charcos que infectan las remotas bacterias, en las ropas que cubren los pasos emigrantes, en las largas melenas de cometas de hielo, en los perros, idólatras dignos de mejor suerte, y no hay nada que pueda separarnos de todo, en lo que hace mucho que somos inmortales.