Confusión.

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Los criminales bajaron las escaleras del metro casi a saltos. Se confundieron entre la multitud. Al final tuvieron que preguntar. La multitud, que no sabía de su crimen, les contestó con una amabilidad esquiva. Sin embargo cuando salieron en la estación final de la línea, no acertaron a explicarse porqué se habían encaminado hacia allí.