Ciclistas y peatones

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Un ciclista talludo responde molesto a un peatón, que le ha increpado por ir con la bici por la acera y verse obligado a apartarse: “¿Qué quieres, que vaya por la calzada y me atropellen a mí?” Es una versión muy personal de la tan apreciada asertividad: dejar muy, pero que muy, clarito que no vamos a hacer dejación de nuestros derechos y posiblemente tampoco de los ajenos.
Un corresponsal nos dice que se han visto escenas que podrían aparecer en los típicos telefilmes de playa en los que rápidos policías patrullan por las aceras californianas persiguiendo delincuentes. Podrían aparecer salvo por los detalles menores de que no eran policías, llevaban menos ropa, iban sin camisa, y corrían como gacelas sin gracia por la acera de una Gran Vía madrileña con bastantes viandantes, junto al portal de la SER, a las seis de la tarde del 1 de agosto.
Hay que tener cuidado porque de aquí a reivindicar los derechos históricos de los ciclistas no hay más que dos semanas de entrenamiento y porque los peatones, ni mucho menos en peligro de extinción, podrían, agobiados por la calor, sentirse tentados de aplicar la mala ley de Lynch en caso de continuar la tolerancia municipal. Lejos de hacer carriles para bicis, se prefiere que las bicis pasen a ser cerriles. El buen ciclismo es más caro.