El concierto de Live8 de ayer ha tenido como uno de sus lemas “Justice, not Charity”, “Justicia, no Caridad” y no parece apropiado para conseguir sus fines. Si se pretende conmover hay que “tener” caridad; la justicia no conmueve, no logra adhesiones, se “hace” justicia, por cierto según derecho. Si nos queremos atener a las acepciones vulgares de ambas palabras, es cierto que caridad puede identificarse con una voluntad fofa, propia de señoras anticuadas que quieren quedar bien dentro de su cohorte social; justicia sería, en la mejor de sus acepciones, el noble quehacer de dar a cada uno lo que le pertenece; pero incluso en esas malas, parciales, definiciones están anidadas sus contrarias porque quedar bien es lo que hay que hacer, no quedar mal y el dar a cada uno lo que le pertenece es muy insuficiente en el caso de Africa, tenemos que dar lo que nos pertenece. Caridad es altruismo que también es indispensable. Es creer que a pesar de que nuestras aportaciones caigan en manos corruptas, que lleguen en una mínima parte a los necesitados, que las bandas de hombres armados las destinen a fines que nos repugnan, que algunos de los Gobiernos que las reciben afirmen que sus soluciones de mal curanderismo son superiores porque son africanas, que a pesar de nuestra impotencia, seguiremos insistiendo en que nuestro corazón canalice la mayor parte de la ayuda posible a quien la necesite. Así que proponemos “Charity and Justice”, caridad y justicia. No queramos que el G8 sustituya a nuestras conciencias, a la vez que votamos a quien propone aparentar rebajar a la mayoría las migajas de los impuestos.