30. 1. Argentina 2023. 25 de abril, martes. Vigésimo octavo. Buenos Aires. Día 3. Primera parte.

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25 de abril de 1974: Revolución de los Claveles.

¡Qué jóvenes éramos entonces!

Ayer por la tarde fue un día de exaltación patriótica, pero no argentina, que es lo habitual, que fue española.

Ya veis, ahora no nos quieren algunos países hispanoamericanos -véase López Obrador y eso que se llama a López-, pero nos han querido.  Incluso encontré una información en el periódico Clarín donde decía que este país envió 600 voluntarios de las brigadas internacionales en la guerra civil.

Pero eso fue ayer y hoy vamos a empezar nuestra vida de turista, que ya se acaba, visitando el famoso cementerio de La Recoleta.

Según Google podemos ir andando hasta allí en solo 30 minutos, que es lo que calcula que tardaremos en recorrer dos kilómetros y medio y así hacemos.

Y el comienzo no puede ser más deprimente (problemas de ir a pie y no en un taxi o en una alfombra voladora): pasa una joven paseaperros con dos magníficos ejemplares de galgos con un aspecto estupendo y cerca un par de jóvenes rebuscando en las basuras.

Cerca del primer alojamiento que tuvimos cuando llegamos la primera vez a esta ciudad, un barrio elegante, varios hombres durmiendo en la calle y para compensar pasamos por delante de una peluquería canina donde un habilidoso joven le está cortando el pelo a un perrito delante del gran escaparate de la calle.

Luego hemos visto a un joven recogebasuras reprender a un abuelito que había cogido una caja de cartón que el primero ya había sacado del contenedor, porque eso es lo que hacen: con un gancho sacan las bolsas de basura de los contenedores, las abren y sacan lo que les interesa, por ejemplo, esa caja de cartón, y vacían el contenido dentro del contenedor y se quedan con la caja. (Luego llega el abuelito e intenta hacerse con ella).

Luego hemos visto a algún joven, este casi contorsionista, metiendo todo el cuerpo, menos las piernas, dentro del contenedor, que debe ser un escalón más bajo, porque ni siquiera tiene gancho.

Luego el producto de la recogida lo van metiendo en grandes bolsas, como las de los escombros, y los ves empujando esos grandes carros por cualquier calle de Buenos Aires.

Pero los perritos y su delicado pelo son lo primero.

Ya sé que es un poco de demagogia, pues lo mismo podrían decir de mí: en lugar de irte a Argentina a gastarte la pasta, se la podrías dar a un monasterio.

Pues sí, tienes razón.   

En una calle del recorrido, una larga cola: resulta que es el consulado español, e imagino que son peticionarios de la nacionalidad por la famosa “ley de nietos”.

Llegamos al cementerio y como estuvimos en la puerta cuando vinimos, la forma de pago ya no es una sorpresa: los extranjeros debemos pagar con tarjeta de crédito o débito.

Al pagar además comprobaré si luego me aplican el cambio del llamado “dólar turista”.

La guía dice que es quizás la mayor atracción de esta ciudad. Puedes deambular durante horas en esta increíble ciudad de los muertos, donde las calles están alineadas con impresionantes estatuas y mausoleos de mármol.

También dice que eches una ojeada dentro de las criptas y te fijes en los polvorientos ataúdes para descifrar la historia de sus habitantes.

Un poco exageradas me parecen sus recomendaciones. 

Con la entrada te proporcionan un mapa (tirando a malo, vaya, muy malo) con lo que los funerarios consideran que son las tumbas más importantes, pero me percato que su noción de “importancia” es diferente de la mía.

Para ellos no se trata de “las tumbas más importantes”, sino de “las tumbas de los más importantes”.

Primera impresión: abundan los militares, sobre todo nada más entrar y, por supuesto, los de alta graduación, como esta tan preciosa del “Brigadier General Miguel Estanislao Soler”.

2023. Argentina. Buenos Aires.

¿Un cabo puede ser un héroe? Pues sí, pero para estar enterrado aquí mejor ser de coronel para arriba.

Segunda, que puedes aprender geografía.

En el mercado de Salta pregunté por una dirección y me dijeron que la calle era la siguiente a la Ituzaingó, que además de no entender la respuesta pensé que sería un animal tipo armadillo o quizás una artesanía andina.

Pues no, veo en una placa de una tumba espuenda que “el pueblo argentino” se la ha dedicado “a Brandsen y sus compañeros de gloria caídos en Ituzaingó”. 

O sea que fue una batalla algo así como la de Bailén, que de niños cuando la estudiábamos no sabíamos dónde estaba, pero sí que nos fue favorable frente a los franceses.  (De las “favorables” a ellos no sabíamos nada. Debíamos pensar que eran unos maletas inútiles esos soldados franceses que no ganaban ni una. Cosas del “nacional patriotismo”).

Aquí lo raro es el nombre del héroe, “Brandsen”, que no parece muy “ituzaingonés”. Además, el relieve muestra a un señor a caballo con un sable en la mano al que parece que le han dado una pedrada en la cabeza. Debía ser el pobre Brandsen. Lo tendré que investigar. 

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