25. 1. Argentina 2023. 20 de abril, jueves. Vigésimo tercero. Córdoba.  Día 2. Primera parte.

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La Cumbrecita.

Hoy día de excursión, pero empezando a una hora prudente: “les recogerán de 9 a 9:40”.

Pequeño susto al levantarnos, pues nuestra calle está ocupada por un mercadillo de frutas, por lo que no podrán acceder hasta aquí y además parece que les dieron la dirección equivocada, pero al final, gracias al teléfono, nos encontraron y después de recoger a todos salimos a las 10:40. La guía lo achaca a los problemas circulatorios de esta ciudad.

Vamos en un microbús de unas 14 plazas con una guía joven e inexperta.

Y una sorpresa: un ciego en esta excursión, así que aumento la cantidad que he visto en este inhóspito territorio para estas personas: dos en Buenos Aires, uno en Bariloche y este de hoy, 4 en total y muchos me parecen dada la calidad de las aceras en este país.

El entorno alrededor de esta ciudad son campos cultivados, mucho de ellos de maíz.

Luego conforme nos acercamos a La Cumbrecita se transforma en montañas con bosques de coníferas.

La guía como buena argentina nos explica con tono patriótico la historia de Córdoba, de su fundación y aunque habla de los españoles, no dice nada malo de nosotros.  Vaya, de los antepasados de los que están sentados a nuestro lado.

Pasmos por delante de un monumento dedicado a un avión que se estrelló y que le dedicó su desconsolado viudo a su esposa, la aviadora, aunque dicen que fue por culpa de él, por los celos del copiloto que iba con su mujer.

Los intérpretes de esta historia de amor, celos y muerte se llamaban Myriam Stefford y Raúl Barón Biza.

Te dejo el enlace al periódico Clarín por si quiere leer tan apasionante romance. Te advierto que hay más amores y más muertes.

En un semáforo en la autovía, un malabarista aprovecha la corta parada. Y es que estos artistas callejeros argentinos son la leche: en Bariloche había uno que “trabajaba” con una sola mano, pues llevaba la otra vendada y otro en el breve tiempo del semáforo cortaba la calle con un cable y hacía los malabares subido en él. Y más, en el autobús de Salta a Córdoba subió como pasajera una alta malabarista que en su enorme mochila llevaba atadas las birlas de su profesión, además de un monociclo.

¡Y yo me quejo de mi equipaje!

Pasamos de largo por Alta Gracia y la guía dice que es muy interesante y que tiene un museo dedicado al Che y otro a Falla.

¡Vaya pareja más dispar!

Pero, ¿por qué ambos museos?

Pues porque el Che vivió parte de su vida en esta ciudad y Falla vivió los últimos años y murió aquí.

Pasamos por un gran lago que es el resultado de un dique para formar esa presa, el Dique de los Molinos.

Es un paisaje muy bonito y a pesar de que hay varios miradores en el sentido de nuestra circulación, no paramos en ninguno, sin embargo, lo haremos a la vuelta cuando estemos en el “lado malo” y debamos cruzar la carretera en un sitio peligroso a la salida de una cerrada curva.

Y llegamos a La Cumbrecita. 

Mi guía dice de ella que está a 1300 metros de altitud, que tiene 1000 habitantes, situada en un bosque en el Valle de Calamuchita   y que su lento ritmo de vida es debido a que es una ciudad solo peatonal, que es un lugar muy interesante para relajarse durante unos pocos días y pasear por sus bosques, bañarse en sus pozas y cascadas. Ya ves, todo muy idílico.

Nos dan dos horas de tiempo libre, incluido el necesario para comer, lo que hacemos donde nos recomienda la guía, pues nos dice que tenemos el sitio reservado y que nos servirán rápido. Nunca sabes si es un truco de “guía” o realmente puedes tener problemas con la hora si intentas ir a otro restaurante.

El lugar tiene unas vistas estupendas y yo doy cuenta de un plato de trucha y Marisa de uno “alemán”, las dos especialidades de este pueblo. 

Porque ese es el “encanto” de aquí: fundado por unos alemanes y con aspecto alpino y con un río que imagino truchero, aunque las que comemos serán de vivero.

NB

¿Por qué a un río con truchas se le llama “truchero” y a uno con barbos no se le llama “barbero”?

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