
Acabamos con una última visita: el MAAM, que la guía recomienda y también cualquier salteño que conozcas.
MAAM son las siglas de “Museo de Arqueología de Alta Montaña”, está situado en un edificio neogótico del XIX en la Plaza 9 de Julio, vaya, “La Plaza” por antonomasia en Salta y fue inaugurado en 2004 y según la web del propio museo “la misión primordial del museo está orientada a crear un espacio para la conservación, investigación y difusión de los contextos culturales del mundo prehispánico de gran trascendencia histórica”.
Aunque realmente, también de la misma web: “Su colección principal presenta el patrimonio arqueológico descubierto en el año 1999 en la cima del volcán Llullaillaco, Salta, Argentina. En ese lugar sagrado, hace más de quinientos años, fueron entregados a los dioses en el contexto de la ceremonia incaica Capacocha, la vida de tres niños y un conjunto de ofrendas confeccionadas en miniatura que poseían un carácter simbólico”.
Y esto es lo que se viene a ver aquí, a estos tres niños sacrificados, que no “entregados”, a sus dioses.
Se les llama los “Niños del Llullaillaco” e individuamente la “Niña del Rayo”, el “Niño” y la “Doncella”.
Te llevas una sorpresa porque solo ves uno y deberías ver por lo menos dos. Pregunto a una empleada y me manda a un sitio donde no hay nada, ni nadie. Le vuelvo a preguntar y me manda al mismo sitio, hasta que descubro que hay un interruptor sin ningún tipo de información y me decido a pulsarlo. Y allí está a través de un cristal, la más pobre de las momias, que parece que es otra que no está en el trío famoso.
Pero me siguen faltando dos más: resulta que solo muestran una de las tres importantes y la cambian cada 8 meses.
De todas maneras, esos que reclaman la cultura incaica como propia, aunque se llamen Pérez, y que nos ponen a parir a los españoles por lo que hicimos, vaya, por lo que hicieron mis (o mejor «sus») antepasados en estas tierras, deberían recapacitar si el sacrificio ritual de niños era una práctica tan culta.
Y en ese museo un gran letrero que me llena de alegría: “Colección Teruel”. Bueno, solo es el apellido del donante de esa colección de piezas precolombinas, pero me gusta.
Más tarde pienso que también habría podido ser una colección de rapiñas de mi provincia, que se hubiesen llevado allí, no sé, un fémur de Diego de Marcilla (para los foráneos, véase “Los Amantes de Teruel”) o parte de las pinturas murales del castillo de mi pueblo…, y me parece que ya no me gustaría tanto, sobre todo por las pinturas.
Damos unas vueltas de despedida por el centro y en la plaza hay una pareja joven y hermosa vestidos de gauchos que hacen publicidad de una de las famosas “peñas” de Salta y posan amablemente para Marisa.
Compramos unos “sanguchos de pan de miga” para comer en el autobús y regresamos al hotel y con un taxi a la Terminal de Ómnibus.
Esta vez de nuevo en “cama”. Salimos a las 9 de la noche y deberíamos llegar a Córdoba a las 8 y media de la mañana, si no hay retrasos, que hasta ahora siempre los ha habido.
Estrenamos una nueva compañía de transportes, “Flecha Veloz” y por lo menos este vehículo está en peor estado que los otros que hemos tomado.
Cena en el bus y a dormir como un tronco.
PS
Te dejo el enlace a un artículo de National Geographic donde describe el posible desarrollo de la preparación de los sacrificios humanos a partir de los estudios científicos de los cabellos de los “Niños del Llullaillaco”.
Terrible.


01/04/2024 a las 18:31
«Pareja joven y hermosa» ¿? No voy a leer lo del sacrificio de los niños, que luego no duermo.
un abrazo