
Al finalizar la excursión a la isla Victoria regresamos al hotel y tras un breve descanso nos vamos a ”tomar el té”.
Resulta que en esta ciudad hay una gran tradición de “tomar el té” y el lugar más famoso, e imagino el más caro, es el hotel Llao Llao donde hay que reservar previamente (si no, no te dejan ni entrar), pero que en estos días está todo completo hasta el lunes.

Virginia, la responsable de nuestro alojamiento, nos ha proporcionado una lista de lugares donde hacerlo, pero casi todos son hoteles al borde del lago y lejos del centro y solo hay uno que no es hotel y que está dentro de la ciudad, así que tras comprobar que está abierto y que no se reserva nos vamos hacia allí.
Lo que no sabíamos es que “Meiling Casa de Té” estaba al final de una gran, pero gran, gran cuesta arriba en un barrio residencial donde cuando nos perdimos nadie era de allí, pero mereció la pena.
Es un pequeño negocio llevado por una abuelita encantadora en una casita que sobrevuela la ciudad, lo que quiere decir que tienes unas vistas maravillosas sobre el lago (en el caso en que decidas sentarte en el exterior) y con una carta muy sencilla: “Menú simple para una persona” y “Degustación completa para dos personas” (y también para tres o cuatro).
Nosotros y el resto de los clientes (porque estaba lleno) nos decidimos por el “menú completo”.
¡Increíble!
Solo tienes que seleccionar la bebida entre fría o caliente y en este caso, café o el tipo de té entre 8 clases de los que té son 6, por la maldita manía de incluir el roibos entre el té. ¿Imaginas que en una carta de vinos incluyesen la coca cola?
Aparece la señora Meiling (nombre supuesto, dado que es el de sus dueños originales de la casa, pero la de ahora es descendiente de españoles) con un sistema de teteras que no había visto en mi vida y te llena tu gran taza con el té elegido. Luego te trae dos “scons” recién hechos con crema de queso (“filadelfia” para los mortales no gourmets) y mermelada de frutos rojos. Al rato, bastante rato, aparece con una bandeja de 2 pisos: en el inferior con 4 bocadillitos salados y el superior con 7 pastelitos.
Y voy a emplear una expresión actual que no me gusta nada: “No estaba todo muy bueno, estaba lo siguiente”. O como dirían los mapuches “estaba cojonudo cojonudo”.
Comprobamos que todos los clientes que se van lo hacen con un paquetito, primorosamente atado, y es que no te lo puedes acabar y eso que la señora al pedir te advierte que ya no tienes que cenar.
Ya se ha hecho casi de noche y solo quedamos 2 ó 3 mesas cuando nos ponemos a charlar con Mari Elena sobre el mundo del té.
Es una conversación que habitualmente es difícil de tener, pues sin ser una bebida exótica, o no más que el café, no tiene tantos adeptos.

Regresamos al centro y un supermercado me sorprende con el cambio que aplica: 1 dólar: 344,83 pesos, un euro 222,22 y el mercado blue está a 388 y 420 respectivamente. Eso significa que no quieren los euros.
Y el centro de Bariloche está a rebosar con largas colas en las grandes tiendas de chocolates y con ofertas de 3×2, pues imagino que los huevos de pascua tendrán una difícil salida a partir de mañana.
Regresamos al hotel pasando al lado del campamento de los policías en huelga, que en ese momento están tranquilos.
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