9. 1. Argentina 2023. 4 de abril, martes. Séptimo día de viaje. Puerto Madryn. Día 3. Primera parte.

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Hoy de nuevo una excursión y de nuevo madrugón: desayuno a las 6:50.

Alguno pensará que esto no son vacaciones, pero así de dura es la vida del turista: desayunar de noche.

Aprovecho para fotografiar nuestra solitaria calle desde el balcón (pagamos más para tenerlo y luego no lo aprovechamos para nada).

Delante tenemos un gran solar vacío y la calle entre ambos es muy ancha, pero sin asfaltar, lo que aquí llaman “ripio”.

Y también enfrente un gran “autobús caravana”. Los del hotel desconocen de quién es y creen que solo pasan temporadas allí. Está muy bien pintado, pero es cutre, cutre.

Nos pasan a recoger en un microbús con chófer y guía. Somos los segundos de la recogida y eso nos permite sentarnos en la primera fila.

Pasamos por diferentes hoteles y hostales recogiendo hasta 8 viajeros más.

Se presenta el guía, Mauricio, y el chófer, Gerardo.

El primero es alto, delgaducho, con aspecto de avestruz, o, para ser patagónico, de ñandú, de unos 48 años.

El chófer me recuerda a un piloto de un viaje que hicimos en un vuelo interior en Egipto, donde toda a la tripulación era egipcia, menos el piloto y copiloto, quienes parecían sacados de las películas de la guerra de Vietnam. Pues Gerardo igual: un tipo corpulento, de unos 60, con melena descuidada (o cuidada con aspecto de “descuidada”) y gafas oscuras de sol.

Ambos muy simpáticos y dada mi colocación al lado del uno y detrás del otro, aproveché para acribillarlos a preguntas de las dudas que tenía, que tengo todavía, sobre el país, pero teniendo cuidado de no herir su susceptibilidad, como ayer me pasó con el guía y conductor Facundo con el tema de los cambios monetarios.

Esta vez Mauricio explicó todo muy bien y le entendí casi todo. Especialmente dio mucha información sobre los pingüinos magallánicos, pues este era el principal y casi único objetivo del viaje: Punta Tombo y su pingüinera.

Al recorrer esta mañana Puerto Madryn buscando al resto de los pasajeros vi a la única guardia de tráfico que hacía detener a los coches en un paso cebra y es que estaba al lado de un colegio.

También vi letreros de tiendas que me sorprendieron, pues son copias (o eso creo) de la formación de las palabras de los anglófonos: ”regalería” y “pinturería”. Pues nosotros decimos “tienda de regalos” y “tienda de pinturas” y ellos lo resuelven de forma más fácil.

Otra observación semántica:   he comprobado que los cientos en los años los sustituyen por la unidad: así dicen “mil ocho sesenta y cinco” en lugar de “mil ochocientos sesenta y cinco”. Pero Gerardo sí usa los cientos. ¿Será por la edad?

Salimos de Puerto Madryn y todo es terreno estepario, con algún trozo que me recuerda a las “badlands” granadinas de la zona cercana a Guadix.

2016. Purullena.

Todo muy árido con una pluviosidad de 300 litros anuales, frente a los 700 de la parte chilena de la misma latitud. Afortunadamente, a esta provincia, Chubut, la atraviesa el río del mismo nombre.

NB

Este río Chubut recorre casi toda la Patagonia de oeste a este con sus 810 km de recorrido, aproximadamente lo mismo que el Tajo en su tramo español.

Mauricio nos dice que en el caso de Puerto Madryn obliga a llevar el agua del río desde 70 km de distancia, pero que hay poblaciones en esta provincia que están a 250 km del agua del río. Pero de esta manera Puerto Madryn tiene agua potable de calidad y no de desalinizadora. Durante el viaje el guía no cesa de beber mate: rellena la cazoleta de hierba y va echando agua de un termo continuamente mientras sorbe de la “bombilla” y pasándosela de vez en cuando al chófer.

(En la escritura del borrador de esta crónica acabo el primer bolígrafo. Marisa dice que soy la única persona que conoce que acaba los bolígrafos).  

Así llegamos a Trelew (se pronuncia “treleu”) y a Playa Unión, pues ofrecen la posibilidad de coger una lancha para ir a ver delfines, que tienen la particularidad de que son los más pequeños de su especie, pero que tienen el aspecto de orcas.

Es una sorpresa de la que no nos habían informado en nuestra agencia, parece que siempre hay algún pequeño truco.

La mitad embarca y el resto nos quedamos en tierra, lo que aprovechamos nosotros para dar un paseo hasta la playa.

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