28. Nueva Zelanda 2017. 2 de octubre, lunes. Décimo cuarto día de viaje. Christchurch. Tercer día. Segunda parte.

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Llegamos al jardín botánico y aquello está lleno de chinos. Generalmente son familias de 4 ó 6 miembros y todos se hacen muchas fotos. Lo de hacerse fotos es algo que tiene que ver con la idiosincrasia nacional, pues hemos pasado de la fiebre del palo autorretratador y de las magníficas cámaras réflex de los japoneses, a los trípodes de los coreanos y a estos neozelandeses que no fotografían nada. Ni se fotografían. Porque hoy, además de los chinos y otros grupos exóticos, también había bastantes nacionales, sobre todo parejas jóvenes con niños. No sé si es que hay fiestas escolares.

NB

La foto anterior no es de este pais sino de Tokio durante la sakura.

Marisa frente algunos maravillosos árboles floridos me dice: “En Japón estaría lleno de gente fotografiando las flores”. Aquí ni uno, excepto algún chino.

A cambio hemos visto a más gente leyendo un libro (de papel) esta mañana, que en Corea en todo el mes.

Pero aquí la estrella, al menos para nosotros, son los ejemplares magníficos de árboles de este parque. Son enormes, cuidados, respetados, preciosos.
A poco de entrar te encuentras un “Falso ciprés de Nootka”, aquí clasificado como Chamaecyparis nootkanensis, y cuyas ramas llegan hasta el suelo y que dentro de ellas cabría un pueblo entero.
Lo de este árbol es una pena, porque tú te aprendes su difícil nombre, Chamaecyparis nootkanensis, y van luego y deciden que no es ese, que se debe llamarse Callitropsis nootkatensis. Complicado, ¿no? Pues todavía es peor: ahora quieren que sea el Xanthocyparis nootkatensis. Y encima su nombre vulgar es “falso ciprés”. Que eso es una putada.

De otro ejemplar enorme y precioso, una sequoia, una placa informa que fue plantado el 24 de abril de 1869 por el duque de Edimburgo.

Pero claro, también te percatas que este país no ha tenido ninguna invasión, ni siquiera una guerra civil que haya llevado hordas de incendiarios y de iconoclastas que hayan destrozado tu patrimonio artístico y natural. Claro que lo que no respetaban era el tuyo, que el suyo si lo cuidaron.

Y así sin guerras ni invasiones ya se pueden tener bonitos árboles. Claro que algunos jóvenes de mi pueblo tampoco han padecido esas guerras y no pueden ver un joven árbol sin troncharlo o por lo menos intentarlo. Y aquí no puedo decir, como he hecho en otros países que sea obra de Confucio, que estos son cristianos como nosotros.
Total, que aquí unos árboles magníficos y en mi pueblo “esgallaos”.

E igual que con los árboles me sucede con el riachuelo que atraviesa el jardín, el río Avon, que tiene unas aguas transparentes; que me da rabia que aquí esté todo limpio e inmaculado. ¿Por qué no hay basura en todo el parque si además no hay casi ninguna papelera y estos no son orientales?

Por ese río, el Avon, pasean familias con niños en canoas: aquí todo es felicidad. Seguro que habrá mugre y pobreza y desamor y violencia, pero no se ve. Por lo menos hoy y aquí. Claro que las 6 de la tarde tampoco ves a nadie por la calle y eso que el sol se pone a la 7 y media, o sea que todavía es de día.
Seguimos en el parque y llegamos a otra de sus entradas. Un letrero advierte que ni perros ni ciclistas. Así se entiende que el personal pueda echarse por la hierba sin peligro de recoger una catalina o que un desaforado ciclista le pase por encima.

Hay bancos por doquier y generalmente situados en sitios agradables, en los lugares donde te gustaría sentarte.

En uno de ellos hay un libro. Marisa cree que es de esos que dejan adrede para que otros los lean. Pues sí y no. Este sí lo han dejado a propósito, pero con motivo proselitista: es la “Holy Bible”. Por si acaso ni lo he tocado, pues me ha dado miedo que algún fanático estuviese al acecho y cayese sobre mí al ver mi interés.

Encuentro una planta de nombre “Kaka King”. Vaya, que el nombre se lo puso un enemigo, signifique aquí “King”, “rey” o “grande”. Porque puedes ser la flor más bella del jardín, la que mejor huele, la que tienes las hojas más preciosas, el porte más distinguido, pero te bautizan “Kaka King” y te han jodido.

Luego otra con las hojas como espinas, pero todas colocadas de una manera que no podrías coger ni un ramito. Ni tocarlas. Porque sus hojas tienen forma de ancla, así se llama “anchor plant”.
Y como en otras partes del país aquí algunos bancos tienen “sponsor” con dedicatorias tan bonitas como esta: “Disfruta y aprecia las flores, la naturaleza y la vida”. 

Y azaleas y rododendros mil. Pero muchos, muchas.
Casi al final damos con la “estufa fría”. No es nada impresionante, sobre todo comparándola con el conjunto del parque, pero no está mal.

Aunque quizás lo más especial del recorrido de hoy ha sido observar el comportamiento de una pareja de patos, de los que supe ayer en el museo que son una pareja, aunque parecen dos especies distintas: el “paradise shelduck”, pūtangitangi en Nueva Zelanda y “Tadorna variegata” para el resto de la humanidad.

La diferencia importante es que las hembras tienen la cabeza blanca y el cuerpo color castaño, mientras que el macho y los ejemplares jóvenes tiene el plumaje oscuro.
La verdad es que no recordaba la lección de ayer y aquella pareja estaba paseándose por una pequeña charca y haciéndose alguna carantoña cuando de repente el pato oscuro sube encima del pato de la cabeza blanca:  ¡La cópula anátida!

Ha sido rápida y no sé si con éxito o no, pero si he aprendido que en lugar de fumarse un cigarrillo después, se dedican a limpiarse cuidadosamente las plumas. Quizás para que cuando lleguen a casa sus papás no sospechan de sus actividades amatorias. Y de pronto el macho se remoja bruscamente y la pata hace lo mismo inmediatamente. Pero nunca antes que él.

O sea que si te encuentras con una pareja de pūtangitangis que se están limpiando compulsivamente, es que acaban de fornicar. Muy interesante.

En el mismo estanque hay un letrero que informa que allí hay “rat-tail maggot”. Lo de “rat” y lo de “tail” lo conozco, pero lo de “maggot” no y además hay un dibujo algo borroso pero bastante inquietante. Vaya que si te metes allí y te encuentras a ese bicho sales echando leches.
Eso es lo que tiene la falta de idiomas, porque luego en el hotel busco “maggot” en el diccionario y resulta ser “larva”, o sea que es una larva que tiene forma de cola de rata. Nada que temer.

Una de las cosas especiales de este jardín son los recorridos en canoa por el tramo en el que el río Avon pasa por el parque. Además de en canoas llevándolas tú, también se puede ir en una gran barca con un remero que la empuja con una vara dada la poca profundidad del cauce.

El negocio está en una caseta llamada “Antigua Boat Sheds”, donde he aprendido un nuevo verbo inglés: “punt”, remar, navegar o pasear en una chalana.

PS

Una nota prosáica entre tanta belleza: “bloom” también significa “proliferación de algas”. Si lo traduces así en la dedicatoria del banco del parque es horrible.

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