27. Nueva Zelanda 2017. 2 de octubre, lunes. Décimo cuarto día de viaje. Christchurch. Tercer día. Primera parte.

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Mientras España está convulsa seguimos en esta apacible y tranquila ciudad, donde además hoy ha amanecido con sol, creo que el primer día desde que estamos en Nueva Zelanda: el presagio de un día primaveral.


La primera tarea es resolver el transporte matutino que utilizaremos mañana pues nos vamos de aquí en tren a las 8 y cuarto de la mañana y hay una furgoneta, o algo así, que nos llevará desde el cercano (a unos 50 metros) YMCA hasta la estación de ferrocarril.
En el camino casitas de madera preciosas que a Marisa le recuerdan los recortables de nuestra infancia. Mira, otros oficios que han desaparecido: los diseñadores, dibujantes e impresores de esos preciosos juegos que tanto estimulaban la imaginación de los niños y sus habilidades manuales. Ahora con saber teclear en un teléfono con la misma mano con la que se lo sostiene ya es suficiente.

Hoy último día de estancia en esta ciudad y además de la manera que ha amanecido es obligatorio acabar nuestra visita al jardín botánico, pero tenemos también pendiente la visita a la “Christchurch Art Gallery”, por cuyo exterior hemos pasado todos los días.
La guía además de dedicarle una estrella, la única en esta ciudad junto al botánico, dice de ella que es “una galería de arte fantástica que ha reabierto más brillante y más imaginativa” tras el terremoto que parece que la dañó bastante.

Realmente es un edificio precioso en el que hubiésemos pasado toda la mañana visitando sus interesantes exposiciones si no hubiese sido por la premura del tiempo. Marisa me tiene prohibido hablar de “tanquetas” (y fotografiarlas) pero hoy en esta galería no he podido evitar soltar un ”¡vaya marsopa!”. Y es que no hemos visto gente más gorda que en este país. Y además repetida, pues hemos vuelto a ver a la joven gorda y excéntrica del restaurante de ayer.

NB
Sobre las marsopas.
¿Qué sabes de este cetáceo? Seguro que bastante, pero te doy un detalle muy especial: los machos de marsopa tienen unos testículos muy desarrollados que llegan hasta un 6% de su peso. Es como si un varón de 80 kg los tuviese de casi 5 kg. Una exageración. Así que en adelante en lugar de utilizar este animal como elemento comparativo de las tanquetas lo usaré como de los “cojonazos”: “los tienes como una marsopa”.

Como no puedo fotografiar “tanquetas” y menos exponerlas te dejo esta muestra de arte: un vigilante de cartón piedra. Realmente te dan ganas de preguntarle las dudas que tienes sobre la obra que “vigila”, que realmente son muchas.

La exposición que más nos ha gustado ha sido una de Len Lye que no sabría clasificar. La información sobre él qué que hay en una pared dice que “fue un artista que encontró su sujeto (artístico, imagino) pronto en la vida: el movimiento”. Así que será “arte cinético”.
Ese “fue” delante del nombre del artista me hace sospechar que ya está muerto.

De toda su obra expuesta lo más interesante para nosotros han sido las obras que tenían la denominación común de “Fountains”.


Del resto del museo no puedo decir demasiado pues lo hemos visto como si fuésemos en una excursión organizada: “Tienen 20 minutos para ver la Galería Uffizi”.

Una obra notable y que da un poco de miedo es la que hay colgando del techo encima de la escalera que da acceso al primer piso: mesas y sillas colgando, con tubos fluorescentes entre ellas. Vaya, da miedo porque pienso que alguna se puede caer en cualquier momento por muy bien sujetas que esté, pues hay muchas y se te caerían encima de la cabeza. Que hasta el Apolo falló.

En el exterior varias esculturas, o algo así. Una muy graciosa de un toro (parece un toro bravo) encima de un piano de cola. Un letrero advierte que te puedes subir al césped que rodea la obra, pero no al piano. Ni al toro. No me imagino esa escultura (sin vigilancia armada) en España o en Italia.

Pero la que más me ha gustado ha sido una titulada “You are here” de Matt Akehurst, que consiste en un mástil que tiene colocados en la parte superior indicaciones de lugares con las distancias y en la dirección en que están situados. La gracia en este caso es que los “lugares “ son obras artísticas con su autor debajo y la distancia a la que estaban. Obviamente la más lejana es la “nuestra”: el Guernica de Picasso a 19550 km. Me da un poco de vergüenza, vaya, mucha, que enfrente esté “Campbell’s Soup Cans” de Warhol a 14565 km.

Es lo malo que tiene la modernidad del arte.
Dejamos este centro artístico (y a la marsopa) y nos vamos de nuevo al Jardín Botánico. En el camino entre ambos volvemos a encontrarnos con el precioso tranvía de esta ciudad.

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