
Darjeeling Himalayan Railway.
Recuerdos de un viaje en tren.
El viaje en una máquina de vapor y alimentada por carbón fue como volver a mi infancia y adolescencia. Mi padre fue ferroviario y el ferrocarril forma parte importante de mi vida. Ya dije que cuando mi padre hablaba de su trabajo nunca decía “el tren” sino “el ferrocarril”. Imagino porque este segundo término englobaba muchas más cosas; como cuando un maestro habla de la escuela y no de la clase.
Y además mi padre hasta el final de su vida laboral fue mecánico de esa clase de locomotoras. Es curioso porque era gente ruda, fuerte y resistente: así el capazo metálico donde tenía sus herramientas pesaba 32 kilos. Y además estaban muy orgullosos de su situación. Un maquinista, un fogonero, un mozo de vaguada, un mecánico, estaban indefectiblemente unidos a esa máquina de vapor.
Un “escribiente”, como llamaban a los administrativos, podrían haber estado en cualquier otra oficina. Y mientras los primeros pasaban calor, frío y era un trabajo duro, los segundos estaban tranquilamente sentados en sus despachos aunque a veces no fuese más que un cuchitril. Luego estaba el personal de “circulación” que ocupaban en esta escala de dureza y aprecio un lugar intermedio: tenían una vida más apacible que el personal de “tracción” pero ellos sí estaban más próximos al ferrocarril. Incluso muchos de ellos se pasaban la vida viajando, caso de los revisores (mi padre siempre decía “el factor”) o vivían en una estación, como los jefes de éstas.
En ese viaje volví a recordar los olores, vi al fogonero cargando el carbón en el ténder antes de salir, vi como limpiaban la carbonilla a mitad del recorrido y como cargaban el agua.
Esa necesidad de agua hacía que hubiese depósitos en algunas estaciones aunque fuesen poco importantes pero que estaban en lugares estratégicos y con disponibilidad de agua cercana, como la azud que la RENFE había construido en algún pequeño río. A todo este complejo le llamaban una “vaguada” y allí había un mozo que se encargaba de que todo aquello funcionase, especialmente una máquina que era como una pequeña locomotora que tomaba el agua, la descalcificaba con sal y la subía hasta el depósito desde donde se cargaba en la máquina.
Yo era un niño y algunas veces acompañaba a mi padre en verano cuando iba a arreglar esa máquina. En este viaje recordé el olor especial de aquel recinto con una montaña de sal, el olor de los pinos del bosque que lo rodeaban, el típico aroma del Mediterráneo en verano y el canto de las cigarras.
Así que sí mereció la pena hacer ese viaje en un tren con tracción a vapor y carbón aunque para hacer esos 30 kilómetros tardásemos 4 horas.

Solo me ha faltado tener una historia como la del comentario de mi amiga Marisa con ese formidable final de » le tiraba besos al maquinista y éste, en agradecimiento, le tiraba carbón».

Gandhi y el tren.
En la recepción del hotel de Darjeeling encontré una información enmarcada de un periódico antiguo sobre la única vez que Gandhi estuvo en esa ciudad. Dice: “ El “tren de juguete”, dijo el Mahatma, fue “la materialización de la dominación británica del inocente pueblo de la India y esa fue la razón por la que no hice el viaje en él” …el paisaje le cautivó de tal manera que el Mahatma declaró que el mejor medio para viajar a través de tan maravilloso país era hacerlo a pie”.
Hasta los más preclaros hombres de la humanidad dicen alguna vez tonterías.
Multas en el tren.
En la India los billetes de tren, por lo menos los que he sacado yo, son nominales; así he leído una publicidad de “Northern Railway” en la cual te avisan de que tienes que llevar una identificación personal. En el mismo anuncio te advierten que no compres los billetes a los “reventas” y que está castigado por ser una “punishable offence”, que así en inglés parece más grave. Lo más curioso es la pena que te puede caer: 3 meses de prisión o una multa de 500 rupias, o sea un poco más de 7€. Te sale a unos dos euros y medio por mes. De locos.
08/04/2013 a las 18:20
¿Está tu padre en el grupo mecánico de Alcañiz?
No es una tontería la dignidad de Ghandi frente al ferrocarril ni la romántica idea de viajar a píe.
Es problemático tomar una postura frente a la colonización que va siempre acompañada de progreso, injusticias y expolio. Eso da también para una larga conversación
08/04/2013 a las 19:14
Querida Carmen:
pues sí, está allí aunque solo se le ve la cabeza.
Gandhi fue un personaje admirable y desde luego la «idea romántica de viajar a pie» es respetable pero si te propones ver la India recorriendola a pie necesitarás varias vidas. Y sí es problemático el tema de la colonización pero como dices además de expolio, mucho, injusticias, más todavía, también hubo progreso, como tú misma dices y rechazar éste por lo otro… Aunque el tren no fuese construido con otro fin que el de más expolio o más injusticia, no creo que fuese un instrumento malvado en sí mismo.
Y algunos planteamientos pueden hacer llegar a conclusiones perversas.
Conversaremos sobre todo ello y Gandhi.
Un beso