
Aeropuerto de Delhi. Ishana
29 de octubre, lunes. Día trigésimo tercero del viaje.
A propósito del ordinal de arriba: ¿Sabías que los papas se nombran con números ordinales solo hasta el décimo y que a partir del undécimo se leen como cardinales?
La larga espera en el aeropuerto da para todo pero además dado lo nuevo y cuidado que lo tienen se está muy a gusto.
Como queremos “invertir” las 30 rupias que nos han regalado dos turistas españolas (ver crónica anterior) voy a la farmacia y le digo al dependiente algo así como “dame lo que quieras por 30 rupias”. En España el mancebo de la botica te contestaría: “Buenos días”; pero aquí te puedes llevar un montón de cosas. Bueno un montoncito. Y de esta manera me quedo a cero rupias a excepción de lo que me guardo para poder coger el taxi en el aeropuerto en mi próximo viaje.
También descubro una tienda que es la más bonita que he visto en este país: Ishana. Tiene unas cosas maravillosas y los precios a consonancia, pero si pasas por este aeropuerto no dejes de visitarla.

En otra tienda de cosas típicas de la India veo un té con una presentación preciosa: 25 gr a 1500 rupias. Piensas que es un bonito regalo por 21€, pero si calculas el precio del kilo sale a 60 mil: unos 900 €. Y es que el mundo del té tiene consumidores muy caprichosos. Y muy ricos.

Embarcamos y al poco nos dan una especie de bocadillo caliente y picante, picante. Lo de ese tipo de bocadillo debe ser una norma de las compañías que vuelan a estas horas pues no tienen que preparar casi nada y lo recogen todavía más rápido. Para compensar, por la mañana nos dan un buen desayuno. De los de verdad. Casi como los de los hoteles de los viajes del Inserso.
Y en unas 8 horas llegamos a Frankfurt donde parece que hace un frío importante. Y andamos y andamos hasta que llegamos al control de equipajes y personas. Los alemanes son muy metódicos y además hay muchos pasajeros así que tardamos mucho rato y el tiempo para coger el vuelo a Madrid se nos echa encima. Hoy se añade una nueva particularidad: después de pasar por los rayos mi equipaje de mano me dice el “registrador” que debo acompañarle. En la inspección de Delhi me dijeron que habían visto en la pantalla una caja de cerillas. Les dije que eso era imposible porque no fumaba y con eso se sintieron conformes pero ahora lo que quieren ver es la cámara fotográfica, que aunque es de Marisa la llevo yo en mi equipaje. Hace años había problemas con las cámaras fotográficas cuando regresabas a España y debías mostrar la factura de compra. Si la habías comprado en Andorra, por ejemplo, entonces tenías que hacerte con una factura falsa. Pero eso sucedía en la prehistoria. Ni idea de la causa de hoy. Me llevan muy intrigado a una habitación donde otro “registrador” me hace abrir la funda de la cámara, creo que mete un cartoncito que luego lleva a un aparato y me dice que vale, que me vaya. Tenía muchas ganas de preguntarle que qué es lo que buscaban (por favor, si lees este post y lo sabes por un comentario con la explicación) pero íbamos tan justos de tiempo que he salido pitando. Y hemos empezado una carrera, pero carrera, carrera, hasta nuestra sala de embarque que estaba en la otra punta del aeropuerto y mira que el de Frankfurt es grande.
El avión salía a las 9:10 y se había retrasado a las 9:30. Cuando llegamos la habían cambiado a otra sala. Más carrera. Al llegar descubrimos que algunos relojes del aeropuerto están todavía con la hora antigua –que la habían cambiado la noche del sábado al domingo- y que nosotros hemos llegado con una hora de antelación.
Todavía se demora más el embarque y así puedo comprobar que aquellos lavabos están más sucios que los de Delhi. Vaya, los de allí estaban especialmente limpios pero es que los de aquí están especialmente sucios.
Le echo una ojeada al “International Herald Tribune” y no hay ni una mención sobre España. (¿Habrá dejado de ser noticia en el mundo los deseos independentistas del Sr. Mas y la falta de decisión del Sr. Rajoy?). Sí hay una noticia sobre la India en la primera página sobre las violaciones de chicas: “Shattering India’s silence on rape”. El artículo comienza con una tragedia ocurrida en un pueblo de la India rural: a una chica de 15 años la violan un grupo de jóvenes. Ella es de la casta inferior, los “dalit”, los que antes se llamaban “intocables”. Ellos de un grupo llamado “jat” que pertenecen a un estrato superior. La chica, violada por todos durante varias horas no dice nada pues si la noticia se conociese en su pueblo sería una deshonra para ella y su familia y además podría ser peligroso pues los chicos la amenazan con matarla. Lo que ocurre es que los violadores además de ser unos desalmados hijos de puta son unos gilipollas y graban con sus teléfonos la violación y además la van enseñando -¡gran hazaña!- a otros hombres del pueblo. Y de esta manera el padre de la chica se entera y avergonzado se suicida. De esta manera se hace público todo el asunto y por la protesta de los dalit la policía debe intervenir.
Lo peor de todo esto además del crimen en sí es que parece ser algo normal: las violaciones han aumentado bastante (algunos expertos creen que sobre todo han aumentado las denuncias) y la actuación de la policía sigue siendo igual de ineficaz. Además en estos entornos rurales el poder lo ostenta una especie de consejo comarcal llamado “panchayat” y sus miembros suelen ser casi siempre de las castas superiores, precisamente de esas castas que violan en grupo. Y aunque estas situaciones tienen un carácter medieval ocurren hoy, hoy mismo, pues en algunos de estos “panchayat” sus líderes han pedido que se prohíba a las chicas que lleven teléfonos celulares y vaqueros. Uno ha llegado a echar la culpa a la “comida basura” porque tiene tantas hormonas que hace que sus chicos anden salidos de madre. O simplemente salidos. Y el más listo de esos jefes comarcales ha encontrado la solución: las mujeres deben casarse a los 16 años y así tendrían marido para sus necesidades sexuales y no necesitarán buscar fuera de casa. Ya veis que no solo algún juez español o algún clérigo musulmán tienen ideas peregrinas sobre el sexo y las mujeres, que también algunos pacíficos hindúes tienen ideas peligrosas.
Y todo lo descrito ocurre en el año 2012.
Al final nos llaman para embarcar y dejo las miserias de la India para entrar en el mundo de Lufthansa: un cómodo avión, unos amables y grandes azafatos (no hay azafatas) y un segundo desayuno en el día de hoy. Y buenísimo.
Llegamos a Madrid y como siempre nos espera nuestro hijo y regresamos a la vida tranquila y sin sobresaltos.
Acabaré las crónicas como siempre con algún post “Final”.
27/03/2013 a las 16:57
Querido Ángel lamento mucho que mi caos vital no me haya permitido seguir tu viaje, intentaré recuperar el tiempo.
Una duda, ¿qué gaitas has comprado en una farmacia por 30 rupias? Se trata de comprar por compar…
31/03/2013 a las 19:32
Querida Carmen: pues no recuerdo o exactamente la compra pero pudo ser pastillas de vitamina C. Y no es comprar por comprar pues dicha vitamina es muy saludable y eficaz. Recuerda a los navegantes en pretéritos tiempos que padecían escorbuto por ese déficit.
Un beso
01/04/2013 a las 12:40
Me temo que lo que buscaban en tu cámara eran drogas.
02/04/2013 a las 08:54
Querida Marisa: ¿es una suposición o es que sabes algo sobre esa búsqueda en cámaras? No conozco el precio de esas sustancias pero en una cámara cabe muy poco, me parece. Ya me contarás.
Un beso