
Niños con sus profesoras en India Gate.
28 de octubre. Domingo.
Hoy es el día tonto del viaje en el que lo único que tenemos que hacer es esperar a que llegue la noche y cojamos el taxi para ir al aeropuerto. Y además es domingo después de dos días de fiesta. Me doy cuenta que muchos de mis viajes a las India acaban en domingo. Tendré que comprobarlo pero quizás sea porque ese día las compañías aéreas venden los billetes más baratos.
Hoy hacemos una investigación con el desayuno. Igual que con el hotel, siempre buscamos un sitio para desayunar al que volvamos siempre. Estos días lo hemos hecho en el restaurante donde acostumbrábamos a cenar otros años pero lo han cambiado y funciona bastante mal ahora. Según el recepcionista de nuestro hotel, que está enfrente, es porque a la gente que trabaja bien hay que pagarle y el del restaurante paga poco y se le ha ido el personal. En ese establecimiento llegó a haber un camarero que cuando volvía al cabo de un año me servía mi plato favorito sin necesidad de pedírselo. También cambió de aires.
En el barrio donde me alojo hay un restaurante que era mi favorito por las mañanas, especialmente los domingos pues mientras desayunaba leía los “Matrimonials” del “Sunday Times”. Además antes de que se modernizase el barrio era el único lugar con cruasanes y alguna pasta parecida. Pues también han cambiado el establecimiento, pero demasiado, y encima han doblado los precios. Y en la India me permito hacer algo que en España no hago, (ni la mayoría de españoles) que es ver la carta y si no me gusta o la encuentro cara o no me gusta el ambiente me marcho. En definitiva es algo que haces cuando compras una mercancía, pero por alguna razón que no me explico no somos capaces de hacerlo con un restaurante. ¿Te imaginas que cuando buscas un coche te comprases el primero que vieras?
Total que seguimos sin “restaurante para desayunos de referencia”.
Del hotel de esta vez ya me lo pensaré.
Y una de las tareas más importantes de hoy es preparar el equipaje y conseguir que te quepa todo después de los tres días de compras. Al final lo hemos conseguido.
Vamos a ver la “India Gate” una vez más. Ahora el metro deja relativamente cerca y además es un agradable paseo desde la parada hasta allí. O debería serlo pues desde “Central Secretariat”, donde bajamos, apenas se ve el monumento por la niebla que hay. Vaya, digo “niebla” por no decir “mierda” porque parece que todo es polución.

En los campos de césped algunos jóvenes jugando al cricket, pero muy jóvenes y muy pocos en comparación con otros años y familias echadas por la hierba a la sombra de los árboles. Y bastante gente caminando hacia la “India Gate”.

Una de las cosas más graciosas de este lugar son las fotografías que se hace el personal. Recuerda a las de la torre de Pisa en donde la gente hace contorsiones para simular que sujetan la torre. Aquí los que hacen contorsiones son los fotógrafos callejeros que se tiran por el suelo, pues en la India todavía los hay y aquí bastantes.

Y luego ya al lado del arco las familias. Hoy hemos visto (y fotografiado) a una que o eran hermanos o madre e hijos pues se parecían mucho y en conjunto eran de los más feos de la India; a menudo pensamos que los indios son guapos, y es verdad que en general lo son, pero a veces falla la regla. También hemos comprobado el problema de peso de los occidentales o es que hoy los gordos y las gordas tenían algún congreso por allí.
Y como siempre los indios queriéndose hacer fotos con las occidentales. Y no digo que les metan mano pero sí que intentan cogerlas por la cintura. Celia nos dijo que es porque cuando regresan a sus pueblos dicen que tienen una novia occidental y esa es la prueba pues aquí para cogerle de esta manera a una chica imagino que debe ser por lo menos su mujer.
A nosotros también nos han pedido hacerse unas foto con nosotros pero era con toda la familia. Eran de Nagpur, en Maharastra. Y eso que no somos nada exóticos ni extravagantes.
Vemos a los vendedores de algodón de azúcar. Lo llevan en bolsas de plástico y se distribuyen la mercancía sentados en la hierba.

Una pareja musulmana con niño se coloca delante del monumento para hacerse la fotografía de rigor pero aquí la diferencia es que ella va con niqab y seguramente el marido piensa que no merece la pena que salga en la foto y así se la hacen a él y al niño solamente y la señora se queda al margen.
Ya lo he escrito en alguna ocasión pero es que el niqab me produce un rechazo terrible. Por supuesto que peor todavía es el burka pero éste solo lo he visto en un par de ocasiones. Nunca podré entender una religión y una sociedad que obliga a taparse de esa manera a un ser humano.

NB
India Gate a pesar de ser un lugar festivo y familiar realmente es un memorial de 42 metros de alto dedicado a los 90 mil soldados indios que murieron en la Primera Guerra Mundial, y los más de 13 mil en la que se llamó algo así como la guerra de los territorios del noroeste (Northwest Frontier operation) y la guerra Anglo-Afagana de 1919.
Fue construido en 1931 según diseño del famoso arquitecto Edwin Lutyens, que años más tarde a petición del Duque de Alba dirigió la reconstrucción del Palacio de Liria en Madrid muy dañado en la Guerra Civil española. Ahora además es el lugar de la tumba del soldado desconocido por lo que hay una “llama eterna” bajo el arco y una dotación permanente de soldados custodíandola.