50. 2012 India. Delhi. Llegada. Día 1.

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   25 de octubre.
Hoy en el tren nos han despertado, como en el hotel de Calcuta, con el  “morning tea”. Bueno aquí son más respetuosos los mozos del tren y solo te lo ofrecen cuando  ven que estás despierto. Una costumbre estupenda.

Aprendo una nueva palabra: “sarcha”. A base de oírla y relacionarla con la acción puedo descifrar su significado:  “Sir tea”. “Tea”: “chai” en hindi.

Se despiertan nuestros compañeros de viaje e intento saber a qué se dedica el mayor: trabaja para el gobierno. Es la primera vez que encuentro a alguien con aspecto de estar bien situado y que no me haya descrito con profusión su situación laboral. Si hasta me ha pasado en encuentros casuales de segundos  en los que me han explicado  dónde trabajaban y qué  puesto ocupaban. Pues este nada. Y mira que lo he intentado. Así que me reconfirmo en mi pensamiento de ayer: es un agente secreto, pero de categoría pues hasta me citó a John Locke.   Así que esta mañana le he dicho: “¿eres profesor?” Porque aquí  eso es importante y así alagaba su ego. Pero nada: solo un escueto “trabajo para el gobierno”. Claro que lo he observado y tenía tantos tics nerviosos que no podía ser agente secreto. O por lo menos de los operativos. En ese mundo peligroso dirían: “¿Has visto al que acaban de enviar de Delhi?”. “¡Ah, sí! El de los tics”. Y se quedaría al descubierto en cinco minutos.  Por lo tanto quizás sea uno que va a comprobar si las notas de los gastos corresponden con lo que dicen los espías y si realmente París, que le gustaba mucho, es una ciudad tan cara que los agentes allí infiltrados tienen que cobrar un dieta más alta que los de Madrid, por ejemplo.

Al final el agente secreto se ha hurgado tanto la nariz que temía que quisiera darme la mano    al despedirnos. Afortunadamente me ha dicho simplemente que “nice to meet you”.

Y así a las 18 horas de salir de Calcuta hemos llegado a la estación de Nueva Delhi. Solo nos quedaba el último tramo malo (con equipaje): desde la estación al cercano hotel de Paharganj.

Este año vamos a probar otro hotel. A pesar de las veces que he visitado esta ciudad todavía no tengo un hotel de referencia.  Veremos si puede  serlo éste.

Sigo una recomendación del editor de este blog de que me pase al lado hedonista de la vida y nos vamos a comer a uno de nuestros  restaurantes favoritos, uno que tiene un buffet libre de ensaladas. Compruebo que cada año hay menos clientes    y menos ensaladas para elegir pero hoy tenía una gracia adicional: si pagabas con tarjeta de crédito uno de los dos menús te salía gratis. Muy bien.  Luego con la penalización que supone pagar con tarjeta fuera del territorio euro me cobran tanto de la comisión como del menú. Ya escribí sobre este problema en un post en el viaje a Turquía en 2011 con algunos “consejos financieros”.

A pesar de ser un sitio elegante no tienen terminales de pago con tarjeta inalámbricos y como la mía tenía chip me han hecho atravesar toda la planta incluida la cocina hasta llegar a un rincón donde estaba el lector de tarjetas.  La India sigue siendo increíble.

Para llegar al centro de la plaza Connaught Place (CP, “sipi” para los delhiítas) debes atravesar cada uno de los anillos que la forman. Que yo sepa solo había un semáforo  en el círculo exterior que es el que tiene más y más rápida circulación. Pues ahora lo han quitado pues están haciendo obras por muchos sitios y debes atravesarlo jugándote el cuello.    Esto también forma parte de la “Incredible India!”. Para compensar una gran mejora en el cruce de Chelmsford Rd con el anillo exterior de CP,  llamado Indira Chowk, aunque la gente lo conoce más como Connaught Circus y por donde nosotros cruzamos todos los días:  había dos tapias  con la mayor cantidad de meadas de toda la India. Seguro. Ahora han puesto unos urinarios y parece que el personal ya no se alivia en la calle. Error. Unos 100 metros más al norte en la misma calle Chelmsford Rd, a pesar de tener un nuevo urinario el personal sigue prefiriendo la tapia. Desde luego es más natural. Creo que a los ecologistas les gustaría pues no hay que echar lejías ni desinfectantes. Si no llueve se seca y si llueve el agua se lleva todo hasta alguno de los ríos sagrados.

Cruzo la calle donde un tullido vende té rodeado siempre de un montón de parroquianos; le llamo “el impedido de Carmen” y me saluda con la mano y una gran sonrisa. No le he comprado nunca nada pero siempre me ha saludado.

Y Delhi, para nosotros, significa volver ver a nuestra amiga Smriti y compras y compras, así que pasamos la tarde en nuestros lugares favoritos para hacerlo. Algún día haré una guía de todos esos sitios.

Internet, cambio de euros para gastárnoslos en chucherías y otras frivolidades , y prontito a dormir que hemos pasado la noche en el tren.