
Decapitaciones de Durga.
24 de octubre. Se acabó Calcuta así que vamos a aprovechar para visitar algunos de los pandals por los que ayer pasamos con el tranvía. La primera sorpresa es que hoy no estábamos solos en el desayuno como hasta ahora. Una docena de indios con pinta de venir del norte o del noroeste nos hacían compañía.
Salimos a la calle e intentamos coger un tranvía para ir por Rabindra Sarani para hacer el mismo recorrido que ayer pero los del tranvía nos dicen que mejor que cojamos un autobús. Y éstos, según en qué momento del día, no son el mejor medio de transporte pues van muy, muy llenos, pero ahora van medio vacíos, como las calles y además estoy harto de los taxistas. Anteayer mismo tuve que coger uno: le digo la dirección y me dice que 150, le contesto que no, que con taxímetro (dices simplemente “miter”) y está de acuerdo. Al llegar al destino marca 25. Conozco el cálculo que hay que hacer (multiplicarlo por dos y añadirle dos más) y me salen 52. Le pregunto el importe y me dice que 100. Es que son la leche.
Así que cogemos el autobús: 4 rupias cada uno. Con él llegamos al punto más lejano que queremos visitar y desde allí regresaremos andando hasta nuestro lugar de partida.

El primer pandal es espectacular. Está el gran altar con la representación clásica de Durga pero todo incluido en un gran montaje de listones y papel imitando estructuras de piedra. Parece que es un sitio importante por el gran número de fotógrafos indios con máquinas que aquí serían consideradas “profesionales”. Hay una larga fila de señoras con unas bandejitas qué imagino llevan alguna ofrenda. Marisa se queda cerca del altar para hacer las fotografías y yo espero un poco separado del gentío. Veo aparecer a una señora con la cara manchada a trozos de rojo, que si no hubiese sido por el ambiente festivo habría pensado que la habían acuchillado. Luego vienen más de la misma manera. Aparece Marisa, va a hacerles una fotografía a alguna de esas señoras y le ponen la frente, la nariz y la máquina también de rojo. Imagino que es un símbolo de amistad pero a ella no le hecho ninguna gracia.

Seguimos viendo pandals y los que vemos al final de la mañana ya los están desmontando. En uno de ellos un señor desmontador -pero jefe- me explica las diez representaciones de Durga que está retirando de la pared. Si además yo hubiese sabido bengalí habría sido muy instructivo, pero el señor ha sido muy amable.

Hay bastante gente pero nada que ver con lo de ayer por la noche.

Cogemos un renqueante tranvía –tampoco nada que ver con el de ayer- y regresamos al centro.
Hay bastantes policías en furgonetas como esperando algo, quizás el follón que se puede organizar esta tarde, cuando tiren las estatuas al río. Vemos a dos de ellos andando en busca de su vehículo y llevan puesta la bayoneta en la punta de su fusil. Está envainada pero me parece un gran disparate que para mantener el orden público se pueda llevar una bayoneta. ¿Es que los mandos policiales no saben actualizar las ordenanzas que deben ser del siglo XIX?
Última comida (picante), regresamos al hotel a coger el equipaje, un taxi y a la estación de Sealdah. Esta estación es más “humana” que la de Howrah pero sigue siendo enorme. Marisa se queda con todo el equipaje, que ahora ya ha aumentado con una bolsa adicional y yo me voy en busca de la sala de espera, la “waiting room upper class”. Le pregunto a un policía y me manda al primer piso. Menos mal que acostumbro a confirmar lo que me dicen. En un punto de información para mujeres (?) me dicen que está al lado mismo. Si subimos al primer piso con todo el equipaje, nos dedicamos a buscarla y luego resulta que estaba al lado…
Y la sala de espera, que está en buen estado de conservación y limpia, aunque con duros asientos de madera, es un epítome de Calcuta: hay más culos que asientos. No he visto una sala de espera con más gente en mi vida, pero a diferencia de la de NJP, quizás por ser más elegantes o porque iban a esperar menos rato o porque no había un palmo libre donde hacerlo, aquí no había nadie largo o sentado en el suelo.
Anuncian nuestro tren y vamos para allá. Se pasa por un anillo detector de metales: ¡qué risa con todas las maletas y equipajes! Quizás si uno lleva un fusil ametrallador suene diferente pero aquello sonaba siempre. Al lado una docena de policías fuertemente armados. Luego ya en el tren subirá una pareja con un perro olfateador.
Estamos a punto de dejar Calcuta; vinimos aquí en esta segunda ocasión para rellenar los días que nos dejó libres la imposibilidad de ir a Arunachal y de visitar el norte de Sikim y además Marisa no estaba muy convencida después de la primera vez y ha resultado ser una etapa inesperada pero muy interesante. En un principio huyo de los acontecimientos que atraen multitudes, así aunque me tienta no iré a un Kumbh Mela, pues pienso en los problemas de transporte o de hotel y me echan para atrás, pero aquí ha sido diferente. Por supuesto que ha habido mucha gente, sobre todo por las tardes, pero gracias a los dos viajes, el del autobús de la WBTC y el del tranvía de la CTC, hemos podido ver el ambiente, como vive la gente el festival, las ceremonias, la maravilla de algunos pandals, el interior de algunos palacios,….

Vaya, que lo volvería a hacer.
Etiquetas: Calcuta, Durga Puja
18/03/2013 a las 00:23
Kumb Mela, me da miedo sólo pensarlo.
22/03/2013 a las 18:14
Pero seguro que te gustaría ir.
Un abrazo
25/03/2013 a las 14:06
Si claro que me gustaría, pero me da que todo tiene que estar más insalubre que nunca.