
Alegría en la calle.
23 octubre.
Comemos y nos vamos al centro de control de la CTC. Nos tratan con mucha deferencia y nos dicen que esperemos a ver si falla alguno de los que ya han reservado el viaje. Al final dicen que no, que no ha faltado ninguno pero que hay un asiento libre y que si estoy de acuerdo me pondrán una silla para mí en el tranvía. Que sí. Cogen la silla donde estoy sentado, una típica silla de oficina con asiento y respaldo de escay, y nos vamos al convoy. Son dos vagones, uno totalmente lleno de turistas indios y nosotros dos y otro vagón vacío. Al final deciden que podemos viajar en el vagón vacío nosotros solos pero acompañados por un empleado. ¡Estas cosas solo suceden en este país!
El tranvía con las ventanas abiertas y una velocidad solo ligeramente superior al paso de una persona es un medio buenísimo para ver la ciudad y más la gente pues todo el recorrido es por una calle muy, muy larga pero bastante estrecha, la Rabindra Sarani , y vas pegado casi a la acera .

Vemos al pasar algunas estructuras que corresponden a grandes pandals pero no he logrado enterarme si vamos a bajar a verlas o no. Porque aunque el viajar solos en un vagón tiene ventajas además de no ir sentado en una silla en medio del pasillo aguantando el equilibrio en cada parada y arranque, también tiene inconvenientes. En otros viajes que hemos hecho con la organización del turismo local era muy interesante el ir con un grupo donde todos eran turistas indios menos nosotros y de esta manera veíamos su comportamiento durante el recorrido y aprendíamos a no meter la pata. Y hoy no los vemos. Además descubro otro inconveniente de ir solos: en un punto del recorrido veo que los pasajeros del otro vagón se bajan, hablo con “nuestro” empleado quien llama a otro del otro vagón que habla un poquito de inglés. Me dice que no se ha acabado el viaje y que vamos a…pues no lo entiendo. Como las calles están con mucho ambiente pienso que quizás han decidido quedarse por allí así que seguimos y acabamos los empleados del tranvía, Marisa y yo en una especie de estación final del recorrido en un lugar oscuro, solitario y cochambroso y ya de noche. Les pregunto y me contestan que dentro de 45 minutos regresaremos. Menos mal porque si nos dejan allí…¿Y qué hacer mientras tanto? Un empleado nos conduce hasta la puerta del recinto donde hay un puestecito de té.

Afortunadamente los otros pasajeros van llegando y los empleados con buen tino nos dicen que nos sentemos con todos, en el asiento libre y en la silla de oficina. Así el tranvía regresa por la misma calle, la Rabindra Sarani, y el empleado de la CTC hace parar el convoy en un lugar para explicarme que en aquella casa nació Tagore.
Las calles están tan llenas de gente que no he visto nada igual en mi vida. Todo aquel río se mueve de un pandal a otro y todos a través de los pasillos hechos con cañas de bambú. El tranvía llega a su punto de origen; son las 7 y cuarto de la tarde y me dicen que ahora empieza otra etapa que dura entre 4 y 5 horas así que abandonamos.
Ha sido una ocasión única para ver ese ambiente nocturno y festivo.

Nos vamos un ratito a internet y luego a cenar. Entramos en el único restaurante que hemos encontrado en Calcuta en el que hay algún plato sin picante. Y aunque me gusta ir probando otras posibilidades siempre acabamos aquí. Y como nosotros otros occidentales. En la mesa de al lado una española que es la misma que vimos desayunar cuando llegamos. El camarero, que habla algo de español, intenta entablar conversación o incluso ligar con ella. Nos cuenta que lleva una semana y que ha ido a ayudar en la organización de la madre Teresa. Estará mes y medio y todavía no ha comenzado a hacer nada. Cree que va a ayudar con niños que están en ese centro y con los de la calle. La veo tan angelical que no le digo lo que se piensa de ellas –casi todas son mujeres- en los ambientes de cooperación y servicios sociales.
Tú, con un corazón tan grande que no te cabe en el pecho, vienes a Calcuta a estar 4 ó 5 semanas. Por las mañanas ayudas en un centro de niños (¿hablas bengalí?) y cuando empiezas a enterarte te vuelves a España. Yo solo lo entiendo como un medio de unirte a esa organización, sobre todo financieramente, porque la labor en el campo deben hacerla profesionales y si son voluntarios deben serlo los del país preferentemente. Pero si ella se ha sentido bien…Nos dio un poco de pena porque además de buena persona nos dijo que no toleraba el picante. ¿Y donde comerá en Calcuta?
Hoy ha sido una lección de amabilidad por parte del policía matutino, del “guía aficionado” y de los empleados del CTC. Esta es la otra cara de la India: gente que te ayuda más allá de lo razonable y sin ninguna necesidad de hacerlo. Todo esto te reconcilia de nuevo con el país y con el paisanaje.
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