
Circunscripciones pequeñas y gases conocidos.
15 de octubre.
Cuando regresamos del monasterio y llegamos al cruce donde están estacionados todos los jeeps y por donde pasan todos los vehículos que cruzan el pueblo, encontramos uno que va a salir para Legship. Les decimos que vamos al hotel a buscar el equipaje al hotel y a pesar de que su contestación ha sido “no problem” y de que hemos ido y vuelto muy rápido, cuando llegamos ya se han ido. Son las 10 y media de la mañana y nos sentamos a esperar el transporte. La última vez que estuvimos en este cruce la espera fue terrible y al final nos unimos un grupo para contratar un jeep, así que las perspectivas no son muy halagüeñas. El tiempo pasa y las informaciones que recibimos son contradictorias: ahora regresarán los que se fueron por la mañana y habrá varios jeeps o bien que ya no habrá ninguno.
Llegan una pareja de franceses de nuestra edad que encontramos en Ravangla. Aquí en Sikim es fácil ver a algún extranjero y volver a encontrártelo al cabo de los días o en el mismo hotel o transporte. A estos les damos alguna información sobre los hoteles, van y vienen y se van a visitar el templo.
Allí seguimos en la “T-junction” esperando el deseado transporte sin haber desayunado y sin comer pues nos tememos que si nos vamos a uno de los dos pequeños restaurantes nos quedemos sin vehículo. Y cada vez que pasa un coche, camión o furgoneta les pregunto si van a Legship. Van y vienen jeeps con cierta frecuencia pero cuando les pregunto todos me contestan que “local”. Y es que van a los pueblecitos de la zona.
En el banco de madera del que nos hemos casi apropiado se va sentando y levantando el personal. Uno intenta hablar conmigo e imagino que por su aspecto lo hace en nepalí. Por supuesto no entiendo nada pero es tan amable que le pregunto si es hindú. Me dice contento que “yes”. Y cuando le pregunto si es chhatri me responde tan agradecido que sí, que estoy seguro que si le hubiese dejado su mujer nos lleva a comer su casa.
En la espera y continua persecución y preguntas a los conductores de los jeeps aparcados descubro el significado de una palabra que había oído muchas veces, y no entendido: “riser”. Pues en este viaje preguntando a alguien si ese coche iba a donde yo quería ir, a veces me respondía que “riser”. Y yo pensaba que era el nombre de algún pueblo. Y hoy he descubierto que es la forma de pronunciar “reserved” y que quiere decir que ese vehículo está contratado entero o que solo se contrata así. Vaya, lo contrario a un “shared jeep”.
En una pared hay un letrero de las elecciones como los que vi en Ravangla. Aquí es un candidato independiente y su lema es “Vote for gas cylinder”, junto con una botella de butano.
Casi son las 2 de la tarde y llevamos allí 3 horas y media y entonces el joven y chulesco conductor de un jeep –y seguidor del Real Madrid- nos dice que ya no vendrá ningún coche hasta mañana. Que eso ha sido lo peor: la incertidumbre. Porque te dicen con total seguridad que el último es el que has perdido y te vas al hotel y descansas y paseas y… pero eso de estar esperando sin saber que ocurrirá…Y sin comer. Ni desayunar. Y casi sin cenar ayer.
Y en ese momento de decidir regresar al hotel (limpio, austero y sin cuarto de baño) aparece el dueño de ese hotel a decirnos que ahora viene un transporte que va Legship. Tan contento estaba que lo hubiese abrazado y más por el detalle. Imagino que la gente que pasaba por su tiendecita, que es su medio de vida, le decía: “Saraj, ahí en la “T-junction” tienes a tus dos huéspedes esperando y desesperando”. Fue un bonito gesto por su parte. Si regreso algún día a Tashiding volveré a su hotel.
Al fin apareció el “Savary” con el que vinimos, pero esta vez con dos parejas solamente. Y el viaje fue menos terrible que a la venida e incluso daba menos miedo.
Llegamos a Legship y allí nos confirman que a esa hora para ir a Pelling, nuestro destino, hay que ir primero a Geyzing. Y allí hay un “shared jeep” pero todavía sin pasajeros. Dejamos las mochilas y nos vamos a buscar un restaurante para comer. Los restaurantes indios de las ciudades suelen tener una carta muy grande, algunos incluso enorme, y en los pueblos algo menos y en éstos en la comida quizás tengan solo unas cuantas opciones de esa carta pero luego queda lo que queda. Y así nos pasó a nosotros, pero por fin pudimos comer algo. Cuando acabamos ya estaba el jeep casi lleno pero esta vez salimos sin estar totalmente “full”. Quizás es que era el último y el chófer quería ir a su casa.
A mi lado una blanquita occidental y lo típico: “Where do you come from?”. “From Spain”. Y así conocimos a Celia que también iba a Pelling. Llegamos a Geyzing, cambio a un jeep pringoso y enseguida salimos.
Habíamos empezado la espera a las 10 y media y llegamos a destino casi a las 6 de la tarde. Y aquí que por tiempo, parecían unas distancias enormes habíamos hecho 40 y tantos kilómetros y viajado en tres vehículos diferentes.

Vamos al hotel de siempre y encuentro a mi antiguo conocido Cornelius, «né Krishna». Y la habitación más nueva de todo el viaje. Si no la estrenamos nosotros, casi. Enorme, pero enorme, enorme y con un gran ventanal desde donde se ven todas las montañas. O se verán porque ya es de noche. Un té en el hotel de Celia con ella intercambiando información. Ella tiene más de la India que nosotros y nosotros más de Sikim. Luego cenamos en nuestro hotel en una mesa con tres jóvenes de Bombay. Al final les pregunto que porqué todos –no ellos- nos preguntan por la tomatina: que ha aparecido en una peli india este verano, ha sido un gran éxito y a la gente les parece un despilfarro pecaminoso. Lo de “pecaminoso” es mío pero así lo deben sentir. Les digo que a mí además de despilfarro me parece una estupidez. Y para compensar, y aunque a una escala mucho menor, les comento que también me parece un despilfarro el arroz que dejan en los altares de los monasterios budistas, o las figuras de mantequilla, o los cocos que rompen los hindúes. Y como contraatacan con el tema “toros” les digo lo mismo, que me parece una crueldad horrible. Ellos saben que en algunos sitios de España se han prohibido pero explicarles que sí que han prohibido las corridas pero que en otros sitios quieren declararlas “Bien de Interés Cultural” o que en los mismos sitios donde las han prohibido sí permiten, e incluso impulsan, la tortura de los “correbous” … pues era muy complicado. Así que les hablé de las decapitaciones de las cabras en el templo de Kalighat de Calcuta, que desconocían y que les pareció horrible, o de los combates de búfalos de Bhopal, que tampoco conocían. Les vi tan apenados que ya no les conté lo de las peleas de gallos que presencié en el estado de Chhattisgarh,pero sí que de todas las maneras las corridas morirán de muerte natural. Y quedamos tan amigos.
Y un día más sin internet y a dormir más tarde de lo habitual aunque mañana hay que madrugar que una de las razones de venir a Pelling es ver el amanecer sobre el Kanchenjunga.
¡Y qué bien se encuentra uno en una buena habitación con una buena ducha!
PD
En la espera de Tashiding pensé en algo que me preguntan muchos amigos: “¿Por qué no vas a China?”. Y me imaginaba en un Tashiding chino esperando en un cruce así con la diferencia que aquí todos los letreros estaban en caracteres latinos y casi todo el mundo hablaba algo de inglés, pero ¿y en China? Me veo varios días para salir de Tashiding.
Final del día. Espero que la larga espera de Tashiding y el posterior largo viaje haya merecido la pena y Marisa haya conseguido la mejor fotografía de todo el recorrido. Una vez en un viaje a la India me encontré durante la espera de un aeropuerto a un español que venía también a la India que en una ocasión había tardado una semana para poder hacer una fotografía de un tigre.