
Salva a los árboles para salvarte.
11 de octubre, jueves. Día 15 de viaje,o sea la mitad más o menos.
Mientras escribo el borrador de este post estamos tomando un té en el restaurante del hotel al lado de un gran ventanal que nos permite ver el atardecer. Y es algo fantástico. A nuestra derecha la montaña donde está el “santo” y enfrente varios valles que se cubren de nubes y nieblas. Y la temperatura que es primaveral. Y hoy no ha llovido aunque hemos pasado de sol a nublado y con nieblas en algún momento de la mañana. Y encima hemos visto un ratito las cimas nevadas del Kanchenjunga por la mañana aunque pronto se ha cubierto de nubes.
Este hotel tiene una recepción-restaurante grande, luminosa y destartalada. Quizás sea lo que signifique “scruffy”. Pero tiene unas vistas maravillosas.
Todos los días desayuno tortilla francesa pero hoy quiero probar algo nuevo: “·french toasts”, escrito “franch”. Pregunto qué es y llego a la conclusión de que es una tortilla envolviendo a unas tostadas, como las que probé en Dehradun. ¡Sorpresa! Son torrijas. Así que ya sabes: “torrija” en tibetano-sikimés se dice “franch toast”. Pero estaban buenas.
Luego vamos a enfrentarnos a una de las situaciones que menos me gustan de estos viajes: la lucha por el precio del taxi. Queremos ir a Samdruptse y la guía dice que la ida y vuelta son 500 rupias aunque recomienda ir con taxi y regresar andando. En la oficina de turismo me dicen que un “drop” –que yo pensaba que eso era una “gota”- son 150 pero en el hotel 450. Me encuentro con la agradable sorpresa de que en la “taxi stand” de Namchi hay una garita de “taxi prepaid”. Así que sin lucha, sin sangre, cogemos un taxi por lo que está marcado y que nos deja muy cerca de la estatua de Padmasambhava. La breve subida a pie es una preciosidad: una carreterita rodeada de una vegetación exuberante con filas de banderolas de rezo budistas. Y solos. Cuando llegamos a la gran estatua, que ya has visto desde Namchi, te sorprende que a pesar de su tamaño está muy bien proporcionada y “cae” bien en el entorno. Y eso que tiene 45 metros de alta. Nota del editor. Sobre la figura de Padmasambhava puede leerse en wikipedia en español y en inglés. La española es una traducción regularcilla pero la inglesa es tan prolija que no se sabe cual elegir. Hay tal imaginación en su «biografía» que la inglesa dice «It is sometimes difficult to adequately disentangle fact from fiction.» Así que no sabemos si es hecho o ficción el que nuestro Padmasambhava se encarnase en un niño de ocho años que apareció flotando sobre una flor de loto en un lago, pero es lo que afirma la hagiografía budista. Para qué perder tiempo aprendiendo a hablar. Y al poco tiempo tantreando con Mandarava, la hija del rey local.

Una lápida de mármol te explica su historia: colocación de la primera piedra por el inevitable Dalai Lama. En la misma lápida dice que el monumento fue “conceptualized and visualized” por el Shri Pawan Chamling, Chief Minister Sikkim. Eso en España lo hacen los arquitectos y los aparejadores y algunos albañiles pero quizás el jefe de Sikim lo era también.
Un detalle curioso es que en la base del monumento hay bastantes mariposas muertas o moribundas.
Veo un escrito que dice que se alquilan cabañas para meditación por 500 rupias al día. Un poco caro me parece aunque quizás sea con pensión completa. Ahora bien si los budistas siguen a Buda (como los cristianos no siguen a Cristo), no comerán durante la meditación, así que será “500 rupias al día con ayuno incluido”. Pero sigue siendo caro.
Afortunadamente el joven de la oficina de turismo ya nos avisó que estaban repintando la estatua. En este momento la están limpiando de su antigua pintura. Un monje con el que he hablado me ha explicado que la cara y manos irán en dorado y el resto en cobre. Imagino que quedará preciosa. Ahora está cubierta por un ligero armazón de cañas de bambú por las que trepan los obreros y que harían las delicias de un inspector de seguridad e higiene en el trabajo.

Al monje le pido que nos haga una fotografía a Marisa y a mí con nuestra cámara pero él entiende que me quiero fotografiar con él y posa satisfecho a mi lado.
En una pared del conjunto están escritos los “tres caminos del éxito en la vida: I-learning, II-earning, III-journing”. No puedo estar más de acuerdo.
Bajamos a pie los 7 kms que hay desde la estatua hasta Namchi. En el camino encontramos unas obras de un teleférico que unirá la ciudad con la estatua. Visto lo que han hecho, lo que queda por hacer y los medios que emplean quedan obras para rato. Luego pasamos al lado de un torrente que baja con fuerza de la montaña y vuelvo a ver una escena repetida: siempre que hay agua al lado de la carretera hay conductores lavando los vehículos.
Así se produce la paradoja de que hay campañas conservacionistas, por ejemplo contra el uso de bolsas de plástico (aunque todos caminos y carreteras están llenos de bolsitas vacías de chucherías o similares), pero luego contaminan el agua que baja limpia de las montañas. Incluso a veces coches o camiones dentro de riachuelos lavándolos a fondo.
La carretera tiene unas curvas tan cerradas que hay una señal especial. Por cierto es la que ayer recorrimos con el conductor que solo utilizaba una mano para conducir.

Cuando entramos en Namchi coincidimos con la salida de algún colegio y compruebo que las escolares de Sikim llevan todas minifaldas de uniforme. No es una mini-mini pero dada la pudibundez india es algo insólito.
Después de comer volvemos a los monasterios que ayer no pudimos visitar.
Primero el “Dechhen Chhyoling Gumpa” según reza un letrero en el arco de acceso. Tiene un camino espectacular lleno de banderolas budistas verticales. Al poco de llegar llaman a rezar y como ayer comprobamos que en éste solo hay jóvenes. Uno, muy guapo, de 15 años nos pide que le hagamos una fotografía. ¡Qué diferencia con los monasterios famosos, como el de Rumtek, donde todo lo prohíben! Encuentro un monje de unos veintitantos que me dice que hay 75 novicios –muchos me parecen- y 5 monjes. Y que van a construir otro edifico más grande.

Por una cancela que comunica ambos monasterios pasamos al que estuvimos ayer, el “Serdup Choling Monastery”. En aquel momento vuelven a llamar a toque de gong a los más jovencitos a rezar, cantar y tocar todos los instrumentos mientras que los que tienen de 15 a 20 (imagino la edad) están ensayando unos pasos de baile dirigidos por otro más mayor que toca palmas. Me parece algo muy difícil pero pienso que estos monjes repiten todo muchas veces hasta que les sale de memoria.
Volvemos a encontrar a las hijas del profesor que enseña tibetano a los novicios. La hermana mayor, 12 años, insiste en que vayamos a su casa a tomar té. Invento una excusa (mentira) para decirle que no podemos ir. Hubiese sido muy interesante pero hubiera tenido que saber que le parecería a la madre que las dos niñas se le presentasen con dos desconocidos invitados a merendar.
Regresamos al pueblo, té en el hotel, pequeño paseo por el centro donde vemos un acuario en medio de la plaza principal que entre otras especies tiene unas pirañas. Vaya excentricidad.
Internet y regreso a cenar al hotel.
A ver si por fin mañana podemos ver el Kanchenjunga.
NB Namchi es la ciudad que he visitado con mayor densidad de tiendas de licores. Sikim, como Goa o Diu, tiene un estatuto especial en cuanto a impuestos y venta de bebidas alcohólicas, pero este pueblo es algo increíble.
PD Namchi estaba fuera de nuestras previsiones de viaje y no solo ha resultado una etapa muy agradable sino que Marisa ha hecho unas fotos maravillosas.
Etiquetas: Namchi, Padmasambhava